Mucho que perder

Foto: Alexandre Meneghini/Reuters

Por: Frank García Hernández

Todo fue un malentendido. Que Frank Padrón proyectara el miércoles pasado el film Nada que perder: un armatroste propagandístico sobre la vida del pastor brasileño ultraconservador Edyr Macedo, fue un malentendido.

Se pudo pensar que el director del espacio televisivo cinematográfico Nuestra América se había convertido al evangelismo. Pero en su perfil de Facebook se veían fotos de él con Ramón Silverio, el director del centro cultural El Mejunje, celebrando el 35 cumpleaños de la institución:un lugar donde lo menos importante es la orientación de género. Hubiese sido una conversión en cuestión de días, y Dios es grande, pero no tanto.

Más tarde el crítico de cine aclaró –en conversación con el autor de este artículo- que la idea era exponer lo ridículo de la propaganda del protestantismo fanático. Pero no fue esa la interpretación que le dieron algunos miembros de las iglesias opuestas al matrimonio igualitario: la televisión está con nosotros, decían; y ofendían: el gay –empleando otra palabra- se regeneró.

En la derecha

Lo que no dicen en Cuba abiertamente las iglesias protestantes fanáticas, es que ellas están en la derecha. El término ideología de género fue un destacado argumento en la campaña que lideró Álvaro Uribe contra los diálogos de paz en Colombia. Según él, la ejecución de los acuerdos entre la guerrilla y el gobierno de Juan Manuel Santos, traería la implementación de la llamada “ideología de género”.

Esta terminología no pasa de ser un instrumento propagandístico que ninguno de sus “denunciantes” logra explicar. No usada jamás dentro de los movimientos pro derechos LGTBIQ ni en los colectivos feministas, para Putin la ideología…es una conspiración europea que se propone la castración de los hombres provocando la reducción del ejército ruso –es decir, los travestis-; para otros, significa escuelas donde los niños aprenden que no existe el sexo, y, para muchos, es una conspiración mundial que los gobiernos ocultan. Aunque no sepan decir de qué va esa conspiración.

Una alternativa débil

Los pocos grupos de la sociedad civil que se articularon para lograr la aprobación del matrimonio entre dos personas no lograron impactar más allá de los convencidos. Cuatro factores impidieron que la ciudadanía escuchara a los defensores del artículo 68 con la misma fuerza que generaban las iglesias conservadoras:

  • El primero fue la división del movimiento LGTBIQ. Fraccionado en decenas de pequeñas formaciones, traía consigo diferencias que no supieron superar, movidos en ocasiones por ansias de protagonismo, acusándose unos a otros de este pecado e impidiendo un frente común.
  • El segundo aspecto consistió en que, si bien algunos colectivos intentaron estructurar una sola voz desde la pluralidad –dígase el Centro Memorial Martin Luther King, el taller de tatuaje La Marca, la tienda de diseño cubano Clandestina, las plataformas Abriendo Brechas de Colores, Alianza Afrocubana, Guardabosque o los administradores de la página en Facebook 68 Va!– la falta de experiencia unitaria, el desconocimiento del activismo y la no ejecución pronta de acciones, provocó que estas se realizaran de manera esporádica y sin impacto ciudadano.
  • A ello se le sumó –como tercer punto- que el Estado, temiendo enfrentamientos callejeros, prohibió de manera tácita, la celebración de algunas intervenciones divulgativas en las calles. Las iglesias amenazaban con responder de manera directa y en el lugar. El gobierno veía en los activistas pro artículo 68, aliados irresponsables que no pasaban de encender una pradera que ya ardía.
  • En cuarto lugar, las iglesias protestantes conservadoras, argumentaban que responderles a ellas, o el solo hecho de defender el derecho al matrimonio, era segregarlas y discriminarlas.  Y sobre todo ello caía un optimismo ingenuo y desmovilizador.

El Estado se enroca

Intentemos representarnos el proceso de discusión en torno al artículo 68 como una función seno-coseno. El matrimonio igualitario se encontraba en 1, en tanto que sus opositores en -1. Ahora ambos sectores están en 0. ¿Cómo se logró este empate técnico?

La forma de procesar los resultados de los debates ciudadanos no contemplaba manifestarse a favor. Era modificar, agregar o suprimir. De tal manera solo se recogieron planteos negativos. La solución del gobierno -intentando complacer a todos- fue llevar a referendo el Código de Familia.

Pero buena parte del movimiento LGTBIQ, todo el protestantismo fanático y más recientemente, la Conferencia de Obispos Católicos, se oponen al referendo. Los primeros alegan que los derechos no se discuten, los segundos creen que los criterios reunidos debían haber logrado el regreso al matrimonio entre hombre y mujer. Los dos temen perder.

Y el Estado no solo teme perder votos, teme también perder la luna de miel que goza con las iglesias. No quiere regresar a pasados enfrentamientos directos. Menos aún ahora que la feligresía de todas las denominaciones crece.

Pero si alguien ha salido ganando en este proceso ha sido la sociedad civil

El socialismo cubano llega a las reformas con una dosis de democratización que no tuvo Vietnam y, ni de lejos, China –Tiannamen es algo más que una plaza-. Que el Estado someta a referendo el matrimonio igualitario, habla de una maduración política nunca antes vista. Por primera vez aceptará, como aceptó durante el proceso de debate ciudadano, una abierta oposición organizada a una política de gobierno.

Solo resta hacer ver a la sociedad que, luchar por el derecho al matrimonio igualitario es luchar, no solo por otorgar derechos a un sector, sino por expandir los derechos de la ciudadanía. Después, se podrá ir por más.

Anuncios