Después del tornado

Foto: Yamil Lage/AFP/Getty

Por: Mario Valdés Navia

Entre los rasgos admirables de la sociedad cubana se encuentra el sistema de la defensa civil y el grado de preparación y experiencia que ha alcanzado en la lucha exitosa contra los huracanes. El modelo cubano cuenta con un protocolo que ha permitido salvar numerosas vidas y recursos económicos y es referencia internacional ante el azote anual de los eventos naturales más mortíferos de la región.

Mas, el poderoso tornado de la noche del 27 de enero mostró que es preciso alistarse ante un nuevo peligro natural que se parece al huracán −viento fuerte, en aruaco− por la lluvia y el viento, pero es bien diferente. Su tránsito por varios municipios habaneros, entre los que se encontraba Diez de Octubre, el segundo más poblado del país, provocó una devastación sin precedentes en la historia isleña para eventos de este tipo.

Los tornados no son desconocidos en Cuba. En los llanos del interior hay mangas de viento, y en las costas suelen avistarse sus versiones acuáticas, las trombas marinas, pero el del 27 fue demasiado. Su poder destructivo de F4 −en la escala Fujita Mejorada de 5−, velocidad del viento superficial (280 km/hora), duración (16 minutos), diámetro (350 metros) y recorrido (20 kilómetros), lo convirtieron en un monstruo no solo a escala cubana sino para la media mundial.

En Estados Unidos, los tornados miden como promedio unos 150m de ancho y recorren unos 8 km en contacto con el suelo. Menos del 1% mundial llega al nivel EF4 del cubano y fuera de los Estados Unidos, Holanda, Reino Unido y el llamado Pasillo de los Tornados que incluye el noroeste, centro y sur de Argentina, sudoeste de Brasil, y sur de Paraguay y Uruguay, son sencillamente insólitos.

Esta vez nos afectó uno solo, pero los tornados suelen presentarse en oleadas y sucederse durante varios días mientras las condiciones propicias se mantengan. Lamentablemente, la repetición de su ocurrencia en Cuba se torna probable ya que el cambio climático puede incrementar sus escenarios favoritos: las franjas de tormenta que incluyen nuestros ansiados frentes fríos.

Es preciso ganar experiencia para que un tornado futuro no nos tome tan desprevenidos y estupefactos como esta vez

Desde hacía varios días nuestros meteorólogos habían pronosticado un mal tiempo fuerte, con vientos, lluvias y penetraciones del mar. Era imposible predecir científicamente la aparición de un F4. No solo porque no había precedentes, sino porque tampoco lo pueden hacer los más duchos cazadores de tornados del mundo. Ni los satélites artificiales geoestacionarios pueden lograrlo –si tuviéramos acceso a ellos− porque un tornado es tan localmente intenso y fugaz que en lo que se anuncia su surgimiento ya se formó, pasó y desintegró.

Lo primero es olvidarnos del sistema de lucha contra huracanes basado en las cuatro etapas (informativa, alerta, alarma y recuperativa) que suelen extenderse por días y parten del seguimiento sistemático del ciclón, desde que se forma al otro lado del Atlántico o en el sur del Caribe, hasta que sale de territorio nacional. Ese tempo lento permite echar a andar el aparato burocrático durante días y semanas, poner el país en pie de guerra según protocolos establecidos para el antes, durante y después del paso del meteoro.

En este caso hay que remitirse a la experiencia de los que habitan en regiones de tornados frecuentes donde la eficaz alerta temprana es imprescindible para sobrevivir. Lo primero podría ser formar un cuerpo nativo de cazadores de tornados –en mar y tierra-, por cuanto la observación humana especializada sigue siendo un método muy usado en todo el mundo.

Estos observadores de tormentas pueden avisar de la inminente formación de un tornado con más de media hora de anticipación, suficiente para anunciar el peligro por todos los medios disponibles, incluyendo aplicaciones en las redes sociales. De inmediato se harían sonar las sirenas –las mismas ya instaladas para un ataque aéreo- y, puestos ya sobre aviso, disponerse todos a salvaguardar vidas y recursos con rapidez y organización.

Es importante que las familias sepan cuál es la habitación más segura de la casa para refugiarse en ella, generalmente la más interna, y si tuvieran sótano mucho mejor. Muchos han salvado la vida al refugiarse debajo de una escalera. A los que van en un transporte se les aconseja abandonar las vías y buscar un abrigo seguro. Si no aparece, lanzarse al fondo de la cavidad más profunda que encuentren y pegarse a tierra.

También es importante ignorar los mitos suicidas de abrir puertas y ventanas durante el tornado para que el aire entre y salga, refugiarse bajo los pasos de nivel de las autopistas, pegarse a los cristales para observar la trayectoria, o escapar en auto, porque nada de eso nos salvará del contacto y quedar a la intemperie en medio del veloz remolino suele ser fatal.

Ahora que se empiezan a restañar las pérdidas con el apoyo estatal y el espíritu de solidaridad de los más disímiles actores de la sociedad civil, el espíritu de lucha y de victoria de la idiosincrasia cubana tendrá que asumir a este nuevo enemigo natural pues parece que el bien llamado Mar de las Tempestades quiere denominarse también Mar de los Tornados.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

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