La mujer sin miedo

Imagen: Leonard Beard

Por: Gabriela Mejías Gispert

Hace unos días le comenté una imagen notablemente feminista a una amiga en Facebook. Al ver mi reacción positiva, contraatacó al instante con una aclaración: “Quiero que conste que no soy feminista, pero mucho menos machista”. El comentario me hizo pensar: ¿qué entendemos las cubanas por feminismo?

El feminismo es entendido como una corriente de lucha que aboga por la igualdad y defiende los derechos de las mujeres desde hace más de 200 años. El derecho de la mujer a decidir sobre sus hijos, el derecho a recibir un trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres, el derecho al voto entre otros tantos, son consecuencia de las luchas en diversos lugares del mundo. Hoy se habla de una tercera ola del feminismo.

Las mujeres cubanas en su gran mayoría nada sabemos de ella. Tampoco es un invento, como a muchos hombres les gusta afirmar, intentando quitar relevancia a nuestra necesidad de  organizarnos.

Hay quienes afirman que son muchos feminismos. Mujeres blancas, mestizas, negras, kurdas, musulmanas, lesbianas, mujeres de pueblos originarios, trans, bisexuales…todas estamos atravesadas por diversas realidades. Sin embargo nos une la condición de féminas.

El 8 de marzo el mundo se paraliza, lo paran las mujeres que exigen derechos que sistemas patriarcales insisten en negarles. Las mujeres hacen paro laboral porque es la mejor manera de exponer que sin nosotras quedan vacías más de la mitad de los puestos de trabajo. Visibilizando que somos muchas voces pidiendo ser escuchadas. Se lanzan a las calles pidiendo aborto legal, pidiendo seguridad porque aún somos violadas, maltratadas y caminamos con miedo cuando volvemos solas a casa. Exigen igual salario y oportunidades laborales que los hombres. El derecho de decidir sobre nuestra imagen y nuestros cuerpos sin que ninguna heteronorma nos diga cómo ser.

Entre muchas otras, estas son las razones por las cuales millones de mujeres hoy se manifiestan constantemente exigiendo ser escuchadas.

¿Acaso las  mujeres cubanas no nos unimos al paro internacional porque nos sabemos poseedoras de muchos de esos derechos? Apenas cuatro años antes de la revolución tuvimos derecho al voto. El aborto legal, seguro y gratuito no sería un derecho hasta 1965.

Las mujeres cubanas estamos en una situación de privilegio. Muchas aún luchan y mueren por aquello que nosotras adquirimos hace años. Nuestra confianza nos hace naturalizarlos. No nos cuestionamos cómo llegamos a obtenerlos y mucho menos pensar que nos fueran negados.

Nos sabemos empoderadas, sin embargo nuestro talante ha sido ganado a fuerza de que otras sentaron precedentes y discutieron nuestro derecho a organizarnos, a replantearnos cuestiones que sólo nos atañe a nosotras y empujaron para ser parte de un proceso revolucionario en el que hoy somos un eslabón fundamental.

Vivimos en una sociedad patriarcal y machista que cosifica a la mujer e intenta restar importancia a nuestros criterios. Y para entenderlo debemos cuestionarnos las formas de relacionarnos: desde los famosos piropos hasta el concepto de amor romántico con el que nos criaron, en el cual la frase “eres mía” es de uso corriente.

El machismo es la actitud de pensar que el hombre es superior a la mujer y por más que nos duela siquiera comenzar a analizarlo, todas alguna vez nos hemos sentido tocadas por ese machismo que tan solapadamente convive en nuestro entorno cotidiano.

Pensar que machismo y feminismo son antónimos es creer que las mujeres buscan superioridad por sobre los hombres. El feminismo no se trata de una lucha de poder, sino de abrazar las diferencias, discutir sin vergüenza nuestros dolores y comenzar a construir desde donde nos sintamos plenas. Modifiquemos la creencia de que nos gusta que nos digan piropos desagradables en la calle, el estereotipo de que si nos vestimos corto es porque estamos provocando. Rompamos con los legados que nos hacer ver en otra mujer una amenaza para “nuestros maridos”. Repensemos la concepción de que es mejor que no anden muchas mujeres juntas porque es para problemas. Nos enseñan a creer que somos chismosas, que nos criticamos unas a otras.

¿No les parece raro que nos eduquen así? Yo digo que por algo será. Nos saben más fuertes cuando estamos juntas y las mujeres sin miedo asustan a muchos.

Siento que la respuesta de mi amiga es un reflejo de la forma en que nos enseñaron a pensar. Quizás es tiempo de reformular nuestras preguntas: ¿Puede una mujer de nuestros tiempos no ser feminista?

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