Artículo 68: crónica de una muerte anunciada

Foto: AFP

Por: Yasvily Méndez Paz

Hace unas semanas la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba dio a conocer los resultados de la consulta popular realizada durante más de dos meses para el debate público del proyecto constitucional. Tuvimos la certeza de que el artículo 68 fue el que más polémica generó y que el nuevo texto no se referirá al matrimonio como la unión entre dos personas; en cambio, utilizará el término «cónyuges», más neutral y menos comprometido políticamente. La comisión redactora propuso que el concepto de matrimonio recibiera tratamiento diferido mediante una ley posterior, «como forma de respetar todas las opiniones».

Disímiles mensajes se han hecho eco en la red de redes. Mariela Castro, directora del CENESEX, aludía que «la sustitución de personas por cónyuges… mantiene la posibilidad de que todas las personas podamos acceder a la institución matrimonial» y afirma «que no hemos cedido ni cederemos a los chantajes fundamentalistas y retrógrados que se oponen políticamente al proyecto emancipador de la Revolución Cubana». No me quedan dudas de que en Cuba existen personas comprometidas y con conocimiento en la temática, pero considero que debía haberse realizado un sondeo de opinión preliminar, antes de decidir o no incluir esta temática como parte del proyecto constitucional.

La inclusión del artículo 68 expresaba un mensaje simbólico para el pueblo de Cuba. Nuevos tiempos exigen cambios de políticas, y en este caso, denotaba la voluntad del máximo órgano legislativo y sus miembros de dotar a la comunidad LGBTI de derechos jurídicos que condujeran a niveles superiores de equidad y respeto social; sin embargo, en la política no podemos ser ingenuos, los cambios realizados en relación con el artículo 68 representan un retroceso en la proyección inicial, aunque utilicemos palabras sabias y alentadoras para expresarlo.

El proceso de consulta popular sobre el proyecto de Constitución actuó como un medidor que mantuvo expectante a quienes nos preocupamos por este tema y sus posibles consecuencias. Sin necesidad de apelar a oráculos para vaticinar el futuro, los actuales cambios constitucionales con respecto a la temática podían predecirse. A juzgar por los debates desatados en centros de trabajo, barrios, escuelas, entre otras instituciones públicas, los prejuicios homofóbicos que persisten en la sociedad cubana actual y la labor proselitista desplegada por el fundamentalismo religioso, el artículo 68 del proyecto constitucional representaba la «crónica de una muerte anunciada».

Desde que se dio a conocer públicamente el artículo 68 en el proyecto constitucional, un grupo de iglesias protestantes iniciaron una campaña contra el matrimonio igualitario. Frases como: «Estoy a favor del diseño original, la familia como Dios la creó» fueron utilizadas como eslogan de la campaña, e incluso, colocadas mediante carteles en las puertas de casas e instituciones vinculadas a esa labor proselitista. Un estudiante me comentaba que algunos estuvieron dispuestos a hacer ayunos, convocar marchas y predicar sobre el pecado que representaba el matrimonio entre personas de un mismo sexo, una de las razones que esgrimieron para justificar las consecuencias que se generarían- como votar en contra de todo el proyecto-  si el máximo órgano legislativo de la República de Cuba aprobaba el tema como estaba concebido.

Para ser justos, las campañas del fundamentalismo religioso no quedaron impunes; muchos cubanos y cubanas se unieron para contrarrestar sus mensajes. Sin embargo, los resultados alcanzados nos demuestran que todavía debemos hacer más para desterrar los prejuicios homofóbicos que actúan como muros de contención simbólicos, psicológicos y culturales contra las ideas revolucionarias del proyecto emancipador cubano.

No crean los fundamentalistas religiosos y los homofóbicos que han obtenido un éxito rotundo; Mariela Castro tiene razón cuando plantea que «la nueva fórmula… borra el binarismo de género y heteronormatividad con el que estaba definido el matrimonio en la Constitución de 1976». Debemos apoyar el proyecto emancipador de la sociedad cubana el 24 de febrero de 2019 con un SÍ, pues el nuevo texto constitucional permite una brecha jurídica para generar cambios futuros en relación con la temática.

Resulta necesario concientizar que la lucha por los derechos jurídicos de la comunidad LGBTI no atañe solamente a sus miembros y seguidores. En los marcos actuales de Cuba, se ha convertido en una lucha política; no es posible generar transformaciones emancipadoras que modernicen el Estado cubano, si no se le da solución definitiva a este problema que involucra a toda la sociedad. Aristóteles preconizaba que «el sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice»; debemos generar estrategias certeras desde la teoría, educación y praxis política, para encauzar correctamente la lucha por la aprobación de un Código de Familia inclusivo, que dote a la comunidad LGBTI de los derechos jurídicos que se merecen.

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