Si lo permitimos

Foto: Alexandre Meneghini/Reuters

Por:  Frank García Hernández

a Lisbeth, Mena, Jessica y Marco y Gretel

El Vedado cerca de las nueve de la noche. Y si quieres, es un viernes, hace poco. Cerca de Calzada y Casa de las Américas: un restaurante. Privado. Desde la puerta, el muchacho que ataja turistas nos confunde con turistas. Poca observación sociológica. Ninguna, dice mi novia. De su camisa, negra, en el pecho de uniforme de portero, cuelga un cartel lumínico –pequeño-, con letras rojas como el de la 222 y el A44. Las letras se suceden. No se lee una palabra completa, pero se entiende una frase que se repite: Aquí muere la utopía.

Si hubiera sido un guión de Eduardo del Llano para su Nicanor O´Donell  número 15, algún afectado crítico habría dicho que es algo manido y exagerado –típica estrategia del enano para que el gigante lo vea y no lo pise-. Pero la realidad está allí. Aquí. Como la burguesía, como la pequeña burguesía que quiere ser clase y por ello consume, casi, tanto como la burguesía.

El burgués es el que compra fuerza de trabajo porque, el que la vende, el trabajador, no tiene nada más que vender. Puede que venda otra cosa, un par de zapatos que le traen de Panamá y no le sirven –él usa 46 y le trajeron 45-, pero eso no le da seguridad para vivir. Y está el auto-empleado, que vende a dos pesos el turrón de ajonjolí –frente al café del Brecht, cuando el viejito no ha vendido casi, a tres por cinco-. Y después los mezclan a todos en el sector cuentapropista. Como si el propietario del restaurante distópico fuera un productor y no acumulador de riqueza. Y si lo dejan, de propiedades.

Quienes luchamos para que no entrase a la Constitución el término propiedad privada -porque le daría derechos políticos a la burguesía-. Y para que no la reconociera y protegiera el Estado socialista; quienes pretendimos eso –y lo pretendemos-, no vimos que, en el momento en punto en que todos somos ciudadanos, los burgueses también tienen derechos a ocupar puestos públicos. A ser delegados, y parlamentarios. Y presidentes de la República de Cuba designando primer ministro y gobernadores.

La burguesía nace y tiene intereses políticos. Por ahora no le importan los cargos públicos. Teme al Estado venial, a sus impuestos y burocratismos –no a la burocracia, gentil aliada-. A sus vaivenes. Pero tampoco agradece el que la hayan (re)creado. Para ella su existencia es su propio mérito. Y se queja. Se queja de que no puede acumular propiedades. Y se queja porque no puede tener el consumo que quisiera tener. Aunque importen, claro está, solo para ella – ¡llame ya!-, productos estúpidos y un museo en el Manzana Kempinsky, sin Mella, para que no se asusten. Sin publicar El capital, ni siquiera en el bicentenario – ¿desde cuándo no publican El capital?-.

Ahora todo está quieto. Fotógrafos con asistentes jóvenes, bonitas, bien vestidas, cultas, para salir si no tienen novias. Una productora a tiempo completo y cuestiones domésticas incluidas, como llevar la ropa a la tintorería. No es nadie en especial el fotógrafo, casi todos los artistas plásticos de La Habana tienen asistentes por 100cuc al mes. Especial es la pequeñaburguesía. Y la burguesía.

Que no le gusta que la llamen así, ni a los propietarios privados les gusta que les llamen burgueses. Y al capitalismo no se le dice capitalismo, y a los militantes se les llama activistas. La militancia es para 1968. La más grande derrota de la izquierda revolucionaria que, magia del mercado, la izquierda mundial nostalgia. Aunque todos hoy son verdes socialdemócratas y la estética maoísta se encuentre en Pinterest, con un cartel de Bender Futurama de donde salen rayos de sol rojos y dorados y mira al cielo. Como Mao, y los guardias rojos. Que hoy viven el 0,61 de Índice Gini.

Y militante también es el del partido que se reúne y cotiza y quiere que los trabajadores de su centro laboral crezcan. Esos, los aburridos, los reunionistas. Porque es mejor tener en un saco grande todo lo rojo y decir que desde 1925 hasta hoy no han –hemos- hecho nada. Que se fueron con la de trapo en el 33, y en el 40, y el pistoletazo a Sandalio Junco, y en la lucha armada, y Ordoqui y Edith García Buchaca –imperdonables-. Pero de pronto, no tenemos nada. Y esos fallos lo son todo. Error 404. Ups!

Pero están los pesados. Los que caen mal. La Joven Cuba, el Proyecto Nuestra América, la Red de Jóvenes Antimperialista –desaparecida nadie sabe cómo ni cuándo-, La Tizza –su mejor fruto–, Trinchera, La Luz Nocturna. A veces un poco de whisky left, es cierto, pero también ron malo y sin caras –carísimas- camisetas del Che. Desde otro lugar alguien dice que los jóvenes intelectuales habaneros están desideologizados. Y nos llaman revisionistas. Y comienza la estúpida atomización. Ellos no están mal. Ellos también somos nosotros. Pero no entienden nada. La vuelta del PCE vs. CNT vs. POUM, pam! bang! yo soy más que tú! Y después, después entra Franco, y Macri y Bolsonaro.

Y aquí: la burguesía. Queriendo vender camarones y utopía al ajillo. Deliciosa. Digerible.

Si lo permitimos.

Anuncios