La guerra no puede ser el futuro de Colombia

Foto: Wilson Center

Por: Laura M. Devia López

Todavía el país se encontraba aturdido por la noticia del estallido del carro bomba en la Escuela de Cadetes de Policía General Santander, cuando Álvaro Uribe trinó: “Qué grave que la Paz hubiera sido un proceso de sometimiento del Estado al terrorismo!”.[1]Los ataques a la paz se combinaban con las acusaciones al Ejército Nacional de Liberación (ELN) de haber sido autor material e intelectual de la acción.

No poca gente respondió enseguida: “Es un montaje del gobierno”. Y es que en Colombia esa idea no es descabellada. Aún están frescos en la memoria colectiva los múltiples asesinatos por parte del ejército a líderes sociales, que luego hacían pasar como “guerrilleros muertos en combate”, los llamados falsos positivos, tan comunes en ambos mandatos de Uribe (2002-2010). En un escenario en el que el Estado ha perdido de esa manera la credibilidad de las mayorías, el asesinato de 21 personas y varios heridos (incluso siendo policías) no parece improbable.

En medio del ir y venir de las especulaciones en redes sociales, el ELN emitió un comunicado en el que asumía la responsabilidad del hecho.[2]¿Qué decir ahora?, ¿cómo explicarse algo así?, ¿cómo aceptar los argumentos del comunicado?…

Y es que parecía que solo el uribismo seguía galopando en la lógica de la guerra. Las demandas colectivas, desde el ascenso de Duque a la Presidencia de la República están centradas en el mantenimiento de la integridad de los Acuerdos firmados con las FARC-EP y el avance en el proceso de paz con el ELN. Palabras más, palabras menos, la paz es el centro de las luchas sociales, una paz que necesita, por supuesto, acabar con otros males históricos: la corrupción, la privatización de la educación, etc.

¿A quién beneficia el atentado?

La ultraderecha no demoró en alebrestarse, en vociferar en contra de la paz, en pedir “que los maten a todos”. Cada vez tienen más condiciones para hacerlo, el presupuesto nacional destinado a inversión militar creció este año gracias a la mayoría uribista en el Congreso de la República. El carro bomba es el pretexto perfecto para legitimar el discurso bélico en el que llevan montados desde hace tantos años.

El uribismo desata su odio con facilidad. En la marcha por las víctimas del atentado, un joven decidió llevar una camiseta que decía: “No a la guerra de Duque y Uribe”. Recibió mil insultos, entre los que sobresalía el grito colérico: “¡Te quitás la camiseta o te pelamos!”.[3]

El ELN se encontraba a la espera del gobierno para retomar el proceso de paz en La Habana. Ahora Duque reafirma su radicalidad en contra de un diálogo con los elenos, apoyándose en el discurso de la “lucha contra el terrorismo”. El camino de una solución política al conflicto armado en Colombia se hace más escabroso y hasta Cuba, como país garante, aparece implicada, teniendo que asumir una tensión diplomática compleja, para mantener los protocolos acordados.

Todo lo anterior tendría otro cariz si no fuera por el hecho de que las fuerzas populares en Colombia están volcadas hacia la paz y no a la profundización de la guerra. El método de lucha debe adaptarse a las condiciones objetivas (“sentido del momento histórico”, le llamaba Fidel).

En abril del año pasado, la guerra creciente en Norte de Santander entre el ELN y el Ejército Popular de Liberación (EPL, otra guerrilla), hizo que las organizaciones sociales del Catatumbo establecieran la Comisión por la Vida, la Reconciliación y la Paz del Catatumbo y exigieran el cese de hostilidades, para la protección de las comunidades de una de las regiones más golpeadas por el conflicto.[4]

El día del atentado, se habían planificado dos grandes marchas en Bogotá: una, por la educación superior pública y de calidad, otra, para exigir la renuncia del Fiscal General de la Nación, envuelto hasta el cuello en escándalos de corrupción. Ambas manifestaciones se suspendieron al conocer la noticia de la explosión.

En este contexto solo podemos condenar el hecho. Si la lucha guerrillera está de espaldas a la lucha social; si sus acciones benefician más a la ultraderecha que al movimiento popular; si se afecta la estabilidad diplomática de un país que históricamente los ha apoyado… algo están haciendo mal.

El llamado colectivo es claro: Hay que trabajar por la paz, #ParaLaGuerraNada


[1]https://twitter.com/AlvaroUribeVel/status/1085944591600271360

[2]https://eln-voces.com/el-camino-es-la-solucion-politica-del-conflicto/

[3]https://www.elespectador.com/noticias/nacional/antioquia/agreden-joven-durante-marcha-en-medellin-por-usar-camiseta-en-contra-de-duque-articulo-835063

[4]https://www.prensarural.org/spip/spip.php?article22965

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