2019: el año que llega

Se nos acabó el 2018, lentamente fueron pasando los últimos días para el esperado 31 de diciembre y hace semanas ya estaban los paladares, cafeterías, hoteles, con sus propagandas navideñas por el festejo mundial del que -cada vez más evidente- somos parte, tan distinto a los primeros años de la Revolución cuando todas estas imágenes y símbolos no era tan bien vistos como ahora donde es difícil encontrar una avenida principal sin alguna referencia a la fecha.

Ver cómo a pesar del esfuerzo del pueblo, de utilizar sus ahorros en gran medida para tener un buen fin de año, o de empeñarse hasta lo imposible porque no falte de nada, de buscar, dejar de trabajar incluso para “resolver” los artículos propios de estas fechas se hizo tan difícil. Las cadenas de tiendas, la sección de mercado se comportó – al menos en la capital- con el desabastecimiento más importante del que he sido testigo en años. Las habituales marcas de los productos más solicitados como Sidra no se encontraron con facilidad, e incluso otras de mayor precio –no necesariamente mayor calidad- también escasearon, las cervezas con sus idas y venidas habiendo hoy más marcas que años atrás no las hubo siempre, los turrones completamente desaparecidos y cuando aparecieron… ya ustedes saben cómo nos comportamos cuando aparece algo así. Lo que siempre hubo y hay, quizá a mayor precio que en otros años es la carne de cerdo en cualquiera de sus variedades. Impresionantemente encontré bastante tomate en los topados a precio constante que ya había olvidado que existía, pero no es este el plato fuerte de fin de año, ni los desaparecidos huevos, ahora a $0.9… no hablaré de la crisis de la harina de hace unas semanas que ya ha mejorado, ha dado paso como siempre a ingeniosos chistes y publicaciones en las redes sociales. Ha sido una plaga en el sector alimenticio esta temporada, en la que normalmente hay bastantes personas en casa, se reúne la familia de todo el país incluso la residente fuera del territorio nacional y la mayor preocupación del anfitrión con, o sin dinero, es la comida. Sin caer en requerimientos que alguien pueda etiquetar como burgueses, he mencionado sólo lo mínimo que acostumbradamente se consume por estas fechas. 

Es interesante presenciar todo esto, sin mencionar el reiterado –no por ello menos real- asunto de los salarios, al menos los estatales y su imposibilidad de adquirir una canasta para navidad sin quedarse como popularmente se dice “con una mano adelante y otra atrás”, y en medio de esta tormenta silente –no porque no merezca el ruido, sino porque ya lo vemos normal aparecen personajes poco presenciales de nuestra sociedad en la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) hablando del crecimiento de la economía, de planes para mejorar y presupuestos… ¿ve la población realmente la mejoría?, ¿se interesa por escuchar mientras ve subir los precios para nunca bajar?, ¿acaso esos ministros no miran fuera de la ventanilla de sus autos oficiales?…o es que solo leen informes y miran estadísticas para luego repetir.

En todo el pueblo, el de a pie, no necesariamente los que viven en un capitalismo disfrazado, se respira la inseguridad por este nuevo año, por la escasez como de un período especial menos propagandeado y más recrudecido por la evidente existencia de clases sociales, cada vez más marcadas y lejos de igualarse…en medio de todo esto ¿hablan de comunismo en la constitución?…Sí, y no entiendo cómo.

Este 2019 será como permitamos que sea, con nuestras limitaciones, principios y deshonradez, oportunismo y solidaridad…la mezcla en la que nos hemos convertido como pueblo, reparando en escasas excepciones.

NO queda de otra, FELIZ AÑO NUEVO, Feliz aniversario 60 del triunfo de la Revolución…en ese orden.