Algo pasa, pero falta

Foto: V.Shirokov/ITAR-TASS

Por: Mario Valdés Navia

Me satisface observar lo que ocurre en las actuales Mesas Redondas y sesiones de la Asamblea Nacional, junto a las medidas tomadas por el gobierno para enderezar algunas de las infelices travesuras jurídicas diseñadas por el pensamiento burocrático para supuestamente dirigir y controlar mejor a los TCP y al polémico campo cultural. Son señales que hacen pensar que algo está cambiando, para bien, en la gobernabilidad cubana.

En las últimas semanas aprecio también una liberalización del espectro de comentarios en el visitado portal Cubadebate que abre paso a la socialización de opiniones críticas, antes inusuales en los medios oficiales. En muchas ocasiones, estas contienen ideas que por su nivel de madurez parecen más el fruto de largas meditaciones de los autores sobre cuestiones cubanas que meros comentarios de ocasión.

La presencia sistemática de ministros/as y viceministros/as como protagonistas de las Mesas Redondas, orientada por el presidente Díaz-Canel para que rindan cuentas de los pormenores y resultados de su gestión, es una muestra de transparencia y respeto que los enaltece. Al mismo tiempo, permite al pueblo/soberano valorar directamente el nivel de profesionalidad y el carácter de cada uno en una comparecencia pública.

Con el tiempo, este modo de actuación hará que las explicaciones sean cada vez mejor diseñadas desde el punto de vista comunicativo. Seguramente, estarán también mejor fundamentadas y ganarán en credibilidad, de modo que no nos dejen, como ocurre en ocasiones, con las ganas de verlos concluir presentando sus cartas de renuncia.

La intervención del presidente en la comisión donde se debatía la cuestión de la informatización de la sociedad cubana abre expectativas de cambios que irían más allá del tema en cuestión. En particular, es grato escucharlo cuando retoma el texto de la Conceptualización del modelo socialista cubano, pues cuando se intentan sin cesar medidas de freno y demora a las transformaciones en curso, valdría la pena contraponerlas siempre a la letra y el espíritu reformista de ese documento.

El nuevo esquema de desarrollo hasta el 2030, esbozado por el ministro de economía y refrendado por el presidente, parece enfocado en acabar de diseñar un modelo de desarrollo socialista afincado más en las capacidades, fortalezas y oportunidades de la Cuba actual y menos en la esperanza de ayuda internacional y el añorado fin del bloqueo.

Pero para eso hallo que hay dos factores de los que se habla poco, o nada. El primero es la renegociación del contrato social al interior de la sociedad  cubana, lo cual pasa inexorablemente por resolver las tareas pendientes de la reunificación monetaria, la reforma general de salarios y precios y la apertura de nuevas formas de participación ciudadana en la transformación del país, que nos saque definitivamente de la modorra prevaleciente hoy y reviva el entusiasmo colectivo.

Lo segundo es la liberación de las fuerzas productivas del pueblo, atenazadas por una hegemonía burocrática que da por bueno el orden establecido. Esta cuestión es esencial pues las fuerzas productivas están formadas, en primerísimo lugar, por la fuerza de trabajo y es ahí donde radican, al unísono, las mayores fortalezas y debilidades de nuestra economía.

Las primeras por el alto nivel de preparación y creatividad del capital humano disponible, y las segundas por los desestímulos existentes para la realización económica de los trabajadores y sus familias a partir de ingresos bien habidos. Una sociedad de trabajadores donde el trabajo honesto no sea la fuente principal de vida no puede crecer ni desarrollarse, con, o sin bloqueo norteamericano.

A esto se añade la cuestión de los frenos a la iniciativa económica de los cubanos y cubanas. Nótese que no me refiero solo a la privada y cooperativa, sino también a la de los colectivos de las empresas estatales. Aunque de estos últimos se habla mucho menos, son ellos los que producen la masa fundamental del PIB y, por postulado constitucional, constituyen “el sujeto principal de la economía cubana”.

Es increíble que sea en ellos donde las oportunidades de prosperar, aportar iniciativas, ejercer la autogestión sobre los medios de producción y elegir democráticamente a los cuadros se tornen mucho más difíciles, cuando no imposibles.

La sociedad cubana pide a gritos una renovación del socialismo en pos de un modelo más democrático, próspero y participativo, pero eso pasa por lo que el Granma llamó, en 1967: “la revolución que aún no se ha hecho en otros lugares (…) ¡La revolución antiburocrática!”.[1]

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1]“La lucha contra el burocratismo: tarea decisiva”, publicado en El Orientador Revolucionario No 5, del Granma, 12 de marzo de 1967. “Lecturas de filosofía”, tomo II. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1968, pp. 647.