Modificaciones al Proyecto de Constitución

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Tras varios meses de reuniones, debates y manos levantadas, en un proceso de consulta que contó con la amplia participación del pueblo, ya contamos con un Proyecto de Constitución. A través de los medios oficiales, hemos podido seguir la presentación del documento ante la Asamblea Nacional, incluyendo una intervención de Homero Acosta acerca de las principales modificaciones que este había sufrido. Gracias a ello, resulta posible hacerse una idea acerca de la naturaleza del futuro texto constitucional: cuáles serán sus virtudes y sus falencias.

Este Proyecto es el resultado de un proceso de consulta popular que ha sido en sí mismo cuestionado, por tener un carácter consultivo y no vinculante. Esa naturaleza consultiva es la que le da libertad a la Comisión Redactora para tomar en cuenta algunos planteamientos y otros no. Sin embargo, vale la pena recordar que este procedimiento es totalmente coherente con la constitución vigente, que le da facultades constituyentes a la Asamblea Nacional del Poder Popular. En rigor, en Cuba, cada vez que votamos, estamos votando por una Asamblea Constituyente.

Teniendo a la vista todo el proceso y sus resultados, puede sacarse una conclusión muy importante. El orden constitucional vigente le da espacio a la actual dirección del país para llevar a cabo una renovación controlada, una democratización atenuada paternalistamente. La burocracia civil y militar no renuncia a la lógica de la vanguardia, pero consiente una ampliación de los derechos políticos y sociales, al menos sobre el papel. Tienen la ley de su lado, y cualquiera que exija un mecanismo diferente de construcción directa de la Constitución, en realidad está pidiendo un cambio de régimen.

Algunos pueden estar inconformes con este proceso “tutelado”, pero el Proyecto de Constitución contiene muchos elementos que pueden ser motivo de alegría para los que defendemos la idea del socialismo en Cuba. Pueden ser el primer paso de un proceso de regeneración y redimensionamiento de la práctica política revolucionaria. Veamos algunos ejemplos:

Ha regresado la referencia al comunismo en la Constitución. La eliminación y posterior rehabilitación del término “comunismo”, propiciaron un fructífero debate en el que se puso de manifiesto que en Cuba todavía existe una preocupación por el carácter universal de nuestro proyecto revolucionario. Eso es una buena noticia, pues a veces corremos el riesgo de caer en una ideología banalmente nacionalista.

Cuba queda definida como un Estado Socialista de Derecho y Justicia Social. Se plantea así la voluntad de eliminar todo espacio a la arbitrariedad y la impunidad. El Derecho, y el principio de que todas las personas sean iguales ante la ley, son puestos en primer plano, recuperándose así una dimensión fundamental de la existencia republicana. No se olvida, sin embargo, lo que hemos ganado con nuestra revolución socialista, ratificándose el principio de la justicia social.

El artículo referente a la soberanía nacional pasó al número 3. Con ello queda claro que la soberanía popular es un principio más alto que el socialismo mismo. De manera formal, se elimina toda legitimidad para la aplicación de una lógica de la vanguardia pervertida burocráticamente, que esté por encima del principio del poder popular.

En el artículo 5 se cambió la expresión “marxista-leninista” por “marxista y leninista”. Con ello se eliminó un anacronismo estalinista que le daba muy mala imagen a nuestra Constitución.

El Partido quedó definido como “fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”. En el artículo 7, además, se precisó que las organizaciones, entidades e individuos se ajustan a lo establecido en la Constitución. Con la agregación del adjetivo “política” se intenta dejar más claro el papel que se le pretende asignar al partido, como organización política e ideológica que no tiene funciones estatales ni gubernamentales. El artículo 7 le pondría fin además a los equívocos acerca de la relación entre el Partido y la ley. De este modo queda también golpeada la lógica de la vanguardia, aunque todo dependerá de cómo se entienda la palabra “dirigente”. La manera en que esa palabra se entiende en el sentido común cubano es nefasta. Sería necesario esclarecer que se trata de una función espiritual, cultural, hegemónica en sentido gramsciano, para avanzar por el camino correcto.

Se ratifica el reconocimiento de la propiedad privada, precisándose que los sujetos que la detentan son personas naturales y jurídicas, nacionales y extranjeras. Se le pone fin así a un dogma muy antiguo, según el cual la propiedad privada era algo que se debía eliminar en el período de transición. Al mismo tiempo se deja claro que los cubanos nacionales no serán apartados de la posibilidad de tener propiedad privada.

Se reconoce el papel de los trabajadores en la administración y gestión de las empresas estatales. Aunque se les siga llamando “entidades empresariales estatales”, lo cual es una muestra del estatismo soviético del que no logramos desprendernos, es una gran noticia que se haya redactado incluso un artículo nuevo para dejar claro el derecho de los trabajadores a participar en la dirección de la economía. Vale la pena transcribir el artículo completo:

 “Los trabajadores participan en los procesos de planificación, regulación, gestión y control de la economía. La Ley regula la participación de los colectivos laborales en la administración y gestión de las entidades empresariales estatales y unidades presupuestadas.”

Aunque sería mucho mejor que se les llamara empresas públicas, porque son propiedad socialista de todo el pueblo, resulta un avance que queden reforzados en la Constitución los derechos que como dueños tienen los trabajadores sobre las empresas y los centros de trabajo en general. Quedan muchas expectativas con respecto a la Ley de Empresa que debe surgir.

Los yacimientos minerales y las playas son considerados propiedad socialista de todo el pueblo. El cuestionamiento acerca del destino de las playas puso de manifiesto que los cubanos no quieren romper del todo con lo que se conquistó en la Constitución de 1976.

Se establece la gratuidad de la educación hasta los estudios de posgrado. Una rectificación necesaria, que además puso de manifiesto lo sensible que es el pueblo cubano con lo que considera son las conquistas fundamentales de la Revolución.

Se eliminó el artículo 68, pero en la nueva formulación tampoco se habla de la unión entre un hombre y una mujer, sino entre los “cónyuges”. Con respecto al matrimonio igualitario, se le dio una solución política bastante hábil al asunto: se decidió posponer la cuestión para cuando se apruebe el Código de Familia. Ciertamente, lo más digno hubiese sido aprobarlo, porque en cuestiones de derechos la democracia y el pueblo no tienen nada que decir, pero en la política las cosas no siempre son en blanco y negro. Mantener el artículo 68 podría haber puesto en peligro innecesariamente el resto de la Constitución.

Cambió la manera en que se elige al Gobernador: ahora será propuesto por el Presidente pero ratificado por los delegados municipales del Poder Popular. Se mantiene el término Gobernador, de resonancias colonialistas, pero al menos la última palabra sobre su elección es puesta en los delegados de base.

Existen otros puntos en el Proyecto de Constitución que no cambiaron mucho del Anteproyecto al Proyecto, pero que por su importancia vale la pena recordar:

Se reconoce el derecho a la libertad de expresión, sin especificar que sea en función de los intereses de la sociedad socialista. Se consideran propiedad socialista de todo el pueblo solo los medios fundamentales de comunicación social. Se abre el camino hacia una sociedad más libre y más abierta a escuchar ideas diferentes. Además, surge la posibilidad de reconocer la iniciativa personal o privada para medios no fundamentales de comunicación, como tal vez puedan ser considerados los blogs y las redes sociales.

Se reconocen los derechos de reunión, manifestación y asociación. Una pequeña puerta se abre hacia un futuro en el que los cubanos tengamos una relación más abierta con nuestro espacio público, en la que este pueda convertirse de nuevo en un lugar desde el que se disputa el poder.

Se establece el principio de la autonomía municipal. Poco se ha hablado en el debate nacional sobre la autonomía municipal, la cual sin embargo, de concretarse, podría ser uno de los pilares de la democracia socialista en Cuba.

Hasta aquí pueden verse los elementos positivos en el Proyecto de Constitución. Sin embargo, también es posible hablar acerca de los elementos que no se modificaron:

No habrá elección directa del Presidente. De por sí, el sistema indirecto no está mal. Incluso se puede decir que refuerza la autoridad de los parlamentarios. Sin embargo, las propuestas de llevar a cabo la elección directa pueden ser un llamado de atención. Si en un país con tradición presidencialista como Cuba el pueblo plantea eso, es porque percibe que el “pollo del arroz con pollo” está en el presidente. Si se quiere legitimar un sistema indirecto, es necesario empoderar a los asambleístas, de tal forma que la gente pueda percibir que es en la Asamblea donde “se corta el bacalao”. Algo difícil, con nuestro parlamento que se reúne dos veces al año.

No habrá Tribunal Constitucional. Ciertamente, el Tribunal Constitucional no fue exactamente una demanda popular. Solo algunos intelectuales y juristas hablaron sobre él. Sin embargo, la ausencia de dicho Tribunal deja en cuestión como va a protegerse a sí misma la próxima Constitución, en caso de ser aprobada.

Muchas buenas noticias, ampliaciones de derechos. Sin embargo, queda una interrogante flotando en el aire. ¿Cómo haremos para que todo esto se materialice? En materia de derechos y de participación popular eso no se logra solo con un texto constitucional, es necesario que la gente común se apodere de esos derechos y los ejerza. Mucha gente en Cuba va a recibir los nuevos derechos con escepticismo e indiferencia. Se hace necesaria una ofensiva cultural, una voluntad para materializar en la vida cotidiana una existencia republicana, democrática y socialista. No basta con escribir un papel, es necesario convocar a la acción y actuar.

Por lo pronto, se impone cumplir con un deber patriótico: ir a votar.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net