La silla vacía

Por: Carlos Luis Sotolongo Puig

Para C.

El mar me impidió decirle adiós. Hace cuatro años, despedí a una de mis personas imprescindibles a través del cristal donde duermen los que dejan este mundo sin previo aviso. Pero esta vez ni siquiera tuve el cristal.

¿Qué hacer con este círculo abierto, con este limbo donde quedamos los que no podemos despedirnos? ¿Qué hacer con esta silla vacía en la mesa de mi tribu?

Le hablo a las fotos que me quedan de ella, como si me pudiera escuchar. Son los ardides para lidiar con la distancia.

Me quedo con las sonrisas que le dibujé y con lo que me regaló aquel día de junio. “Yo te deseo que seas feliz”, me dijo.

Tomado de: Isla nuestra de cada día

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