La fiesta del Guatao

Por: Miguel Alejandro Hayes

El fenómeno de la propiedad privada ocupa a muchos hoy. Diversas voces se alzan, para en su nombre pedir el mercado mayorista. Este, puede que en determinados contextos no genere el efecto deseado.

Como la economía tiende a ser una ciencia ahistórica, basada normalmente en lógicas trascendentales, las cuales confunden mucho, propongo pensar en un caso hipotético para que ayude a ilustrar esto. Así, que de la misma manera que algunos libros de macroeconomía y microeconomía exponen sus puntos a partir de ejemplos sencillos, podemos hacer lo mismo aquí.

Imagínese una comunidad no céntrica de cualquier zona de la capital o de cualquier ciudad de otra provincia, con apenas mil habitantes, y que depende del transporte público para su desplazamiento. En los alrededores, digamos 4 cuadras a la redonda, hay una única cafetería. En ella, se venden nuestras típicas pizas, refrescos gaseados, dulces y panes.

Como su dueño es un compañero honesto y comprometido con el orden, compra el pan y la masa de piza en la panadería; el tomate y el queso en el agro-mercado estatal, el refresco en la pipa que va a la comunidad; y los dulces, bueno, se los compra a alguien en el cual confía en su honestidad.

Con esas condiciones, su cafetería es rentable, y da buenos ingresos. Todos los días en las mañanas compran los padres de los niños la merienda para la escuela, otros desayunan, en fin, tiene su utilidad social. Ofrece buen servicio, por lo que además de ser la única cafetería, vende bastante, aunque ciertamente no satisface la demanda de la comunidad, y ya a las 5 de la tarde cierra porque se quedó sin productos para vender.

Si de pronto, gracias a un mercado mayorista, su dueño puede comprar todo lo mencionado antes a mitad de precio, su rentabilidad se multiplicará. ¿Cuál sería el comportamiento normal de esta persona  con su política de precios?

En su sano juicio, como sabe que tiene la única cafetería, entiende que no debe bajar los precios, si de todos modos, todo el mundo le comprará. Este dueño, a nivel de la comunidad, ejerce como productor una posición de monopolio, así que se impone.

Con sus precios de venta iguales y menores costos, sus ganancias y rentabilidad aumentarán significativamente; no por un aumento de su esfuerzo, sino simplemente por una reconfiguración de las reglas de juego en su favor.

Ante esta respuesta del dueño, las autoridades -y con la queja de consumidores que conocen la facilidad que este posee para adquirir sus insumos-, pudieran topar los precios o subirle los impuestos. Los primeros harán que su cafetería siga siendo rentable, al menos desde un punto de vista meramente contable. Sin embargo el dueño, en el ejercicio del criterio, considera a sus restricciones un costo de oportunidad, por lo que cree que son pérdidas que está teniendo. En esa lógica, al compararse con los condiciones antes de que se le aplicarán esas políticas, piensa que ya no le da negocio, por tanto, en esas circunstancias prefiere parar la cafetería.

Así, decide cerrar. Como era la única cafetería, la demanda que suplía ahora queda insatisfecha, y la función social que cumplía se ve afectada. Con ello, se puso límite a un enriquecimiento-que no tiene que ser malo- que la propia política económica estimuló, se dejó sin oferta a la población de esa comunidad, y desapareció una fuente de cierta riqueza. Ahora, ni dinero para el dueño, ni oferta para la gente, ni cobro de impuestos para redistribuir. Circunstancia esta, claro, que no tiene que ser una regla, pero que no es ajena a nuestra realidad.

La cuestión es que con  este ejemplo, se muestra cuál puede ser uno de los posibles escenarios dado un mal manejo del mercado mayorista. Este es necesario, pero cuando se trata de sociedad, nada es automático, y en cada contexto, los resultados pueden ser diferentes. Por eso, si su objetivo es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de a pie, debe mirarse bien no vaya a ser que solo beneficie a los privados, o que termine -como en el ejemplo descrito- como la fiesta del Guatao.

Anuncios