El deber de un hombre

Leopold Trepper en un programa de la televisión francesa el 23 de octubre de 1974

Por: Osmany Sánchez

Durante años Lejb Domb, más conocido por Leopold Trepper organizó y dirigió la red de espionaje soviética conocida como La Orquesta Roja en la lucha contra el fascismo durante la segunda guerra mundial. Los propios servicios secretos alemanes calculaban que esa red costó más de 300 000 muertos a Alemania. Al concluir la guerra, Trepper regresó a la Unión Soviética y cumplió 10 años de prisión antes de que se demostrara su inocencia.

No es mi intención explicar los antecedentes, sugiero que, para tener más información, leer La Orquesta Roja del escritor francés Gilles Perrault o El Gran Juego, escrito por el propio Leopold Trepper. Tampoco pretendo adentrarme en los errores del socialismo en esa etapa y sus consecuencias porque lo que motiva este post es una frase Gilles Perrault para describir a Trepper al salir de la cárcel:

Dejó la cárcel tan comunista como antes de ingresar a ella y aunque nosotros no somos comunistas, nos gusta que haya mantenido su fe porque la derrota de un hombre a quien sus vicisitudes llevan a arrojar sus convicciones como un fardo demasiado pesado, es la derrota de todos los hombres…”

Cuando leí esta frase me vinieron a la mente varios nombres de personas que confundieron el problema de un día con el de toda la vida y los sucesos acaecidos con una persona con todo el sistema. Se fueron de Cuba varias décadas después de la UMAP, pero justifican su decisión con la existencia de estas. Hoy dicen God Bless America y olvidan que en los años en que en Cuba existía la UMAP, en Estados Unidos había baños para blancos y baños para negros y estos últimos estaban luchando por su derecho a votar.

Aquel que pierde sus convicciones tan fácilmente es que nunca las tuvo. Puede tratar de convencerse de lo contrario, pero no puede obligar a los demás a que le crean. Reducir la Revolución al policía grosero, el médico indolente, el administrador corrupto y el funcionario obtuso, es una grave simplificación. El proyecto que estamos construyendo, tiene errores pero también muchas virtudes que pasan inadvertidas por ser cotidianas. Se recuerda más a un mal policía o médico que a los muchos buenos que nos encontramos antes.

Hay que ser consecuentes con nuestras ideas, un funcionario que comete un error o injusticia no es la Revolución. La costumbre de endilgarle al sistema político cada uno de los males sociales, se aplica convenientemente a los países de izquierda. Quienes dicen que la Revolución les falló o el Socialismo no funciona por un evento determinado, luego buscan explicaciones no ideológicas cuando quien les falla sistemáticamente es el Capitalismo.

El deber de un hombre es ser consecuente a sus ideas y no andar buscando pretextos para aborrecerlas. La victoria de Leopold Trepper fue esa, estar por encima de cualquier error o injusticia, y seguir su propio camino.

Para contactar al autor: jimmy@umcc.cu

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