Constitución y enajenación

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Por: Miguel Alejandro Hayes

El trabajo se considera un deber y un honor en el anteproyecto de Constitución. Algo aparentemente incuestionable dentro de los principios socialistas, sin embargo, puede ser negativo para el trabajador cubano. Para reflexionar sobre ello, hay tradiciones teóricas y políticas de importancia.

Ya desde Martí, se puede apreciar un culto al trabajo, la idea de que este embellece, educa. Idea que ha sido un paradigma en su conceptualización  y en una moralidad a su alrededor. A pesar de ello, siendo justos, eso fue escrito en una época donde se consideraba el desempleo, no trabajar, como una opción personal y no el resultado de la contradicción capital-trabajo. Por lo que creo, que sin afectar esto la grandeza del Apóstol, se pueden utilizar otros enfoques.

Por otro lado, también está el Che, que en su crítica a su poeta preferido León Felipe, sintetiza sus ideas sobre el trabajo. En ella, él decía que el obrero no debía soltar la pala para solo tocar el tambor, que debíamos amar el trabajo. Claro está que lo dijo enmarcado en las lógicas socialistas.

Pero también, antes estaban Marx y Engels. El segundo habló del papel del trabajo en la transformación…, pero aquí se referían a la actividad física y mental, no al trabajo como trabajo asalariado o remunerado monetariamente, así que no es argumento muy útil. Ambos padres del marxismo vivieron en medio de luchas obreras, por una jornada laboral más corta y el aumento de salarios, no alentaban al sometimiento obrero al régimen de trabajo explotador, como tampoco a las destrucción de los medios de producción, sobre todo Marx. Señalaban que la pelea debía ser entonces por cambiar las relaciones que generaban su explotación. Elemento necesario para retomar lo planteado por el Che.

Asumiendo que el socialismo no es ninguna sociedad pura, ni libre de contradicciones, ni formada en su mayoría por hombres de una entereza moral superior al capitalismo; se puede pasar a pensar en todo caso, que es un intento de cambiar todo eso. Es decir -sin idealizaciones-, es una sociedad llena de contradicciones: las del capitalismo, las del capitalismo con el socialismo que intenta nacer y las propias del socialismo. En esas circunstancias, cabría cuestionarse cómo pensar el trabajo en este socialismo.

Si bien el Che era marxista y su idea del trabajo lo es también, no se puede hablar del trabajo dentro del marxismo sin el concepto de enajenación. Sabiendo que  este es el extrañamiento que siente el obrero respecto al trabajo (la actividad de trabajar), al producto del trabajo y a las relaciones sociales de producción de la que es parte: el hecho de considerar el trabajo como un honor es un llamado a romper esa enajenación.

Lo curioso, es cómo debemos desenajenarnos los cubanos. Según Hegel, esto se hace cuando se acepta la realidad de la que se es parte, la explotación, las malas condiciones de vida, el régimen de empleo, etc. Cosa que Marx critica, al señalar que se rompe la enajenación en la medida que se hace al obrero partícipe del producto social (salario y excedente social), y que lo otro es auto-enajenarse.

Entonces considerar al trabajo un honor, dependerá de la dignificación que este adquiere, o lo que es lo mismo, de cómo -y cuánto- este permita satisfacer las necesidades del obrero.

La Constitución no debería ser entonces un llamado a esa auto-enajenación, a conformarse con el bajo salario y a sentir honor por una actividad que no repone a quien la realiza; no debiera inducir -y lo dice entre  líneas- : “aún con salarios insuficientes, es todo un orgullo del trabajador trabajar”. En este caso, deberíamos ser más marxistas y menos hegelianos.

Por eso, el axioma debe estar relacionado con fomentar las condiciones para desenajenarnos y que sea un honor trabajar, en lugar de legislar sobre la subjetividad individual.