Historia de 2 naciones

Por: Harold Cárdenas Lema

Decía Aristóteles que la peor forma de desigualdad es tratar de hacer que las cosas desiguales sean iguales.[1] Su alusión al efecto que tiene la asimetría en las relaciones entre dos entes, es un poema a la política doméstica en Cuba y su relación con Estados Unidos.

A la mayor potencia del mundo le resulta barato aplicar presión a los países del área. Le tomó el gusto en Guatemala, cuando la CIA derrocó a Jacobo Árbenz, presidente de un gobierno que había llegado al poder por la vía democrática.[2] Los cubanos aprendieron de esta experiencia, cuando llegó su turno en el 59 barrieron con el ejército anterior, rehicieron las instituciones y tuvieron la suerte de que la oligarquía doméstica subestimara el tiempo de su exilio en la Florida. No sería igual que en Guatemala.

En realidad Estados Unidos no tenía ni tiene intereses estratégicos significativos en una isla sin recursos naturales ni mucho más que ofrecer que su gente. La molestia con el gobierno de la Habana es por su búsqueda de un modelo alternativo y la influencia que genera en la región.

Si bien es tentador recriminar la aplicación del bloqueo sobre la isla utilizando argumentos ideológicos, a menudo polémicos y propensos a diversas interpretaciones, prefiero el argumento humanitario. Aplicar sanciones contra un grupo humano para obligarlo a provocar un cambio político que no es espontáneo o natural, no parece muy decente ni democrático.

Cuba no representa peligro alguno para Estados Unidos

La medida de riesgo que representa una nación para otra está definida por la intención más su capacidad (R=I+C). Que la intención de los cubanos sea alterar la vida doméstica de una nación treinta veces más grande, cuando la economía de la isla apenas sobrevive y cada día resultan más escasas las alusiones a una revolución mundial, es risible. Que Cuba tenga capacidad para representar amenaza de ningún tipo para Estados Unidos, solo lo cree un ignorante de la correlación real de fuerzas y algún chovinista despistado.

En cambio, la historia nacional de Cuba ha estado marcada en su totalidad por la defensa ante otras potencias. Primero ante el colonialismo español y luego ante el imperialismo desde el norte, Cuba no conoce una democracia de paz. Se le pide un respeto a reglas básicas que disfrutan otras naciones, mientras se le asfixia sistemáticamente. Queda aún por evaluar el efecto que tiene en la naturaleza de un país, haber nacido y crecido bajo presión constantes.

Estados Unidos gusta de acusar al actual gobierno cubano de extremismo político pero nunca ha tomado responsabilidad por su radicalización. Su prematura agresividad a inicio de los años sesenta hacia una revolución que aún no había nacionalizado propiedades estadounidenses y el desprecio a los iniciales coqueteos de un Fidel Castro que no se identificaba aún como marxista, terminó inclinando la balanza hacia la URSS.

Más de medio siglo después, la Casa Blanca dice querer solucionar problemas que ella misma ha provocado. Alardea de la búsqueda de una democracia que saboteó desde el inicio y pospone sistemáticamente desde entonces. Quienes hoy priorizan una agenda crítica hacia el gobierno cubano y minimizan los efectos del bloqueo, desconocen el estado de emergencia constante en que viven la isla y sus habitantes. Después de cierto tiempo, lo excepcional del acoso puede parecer rutinario pero no por ello deja de ser real.

Hoy se vota en las Naciones Unidas sobre la necesidad de levantar el bloqueo a Cuba. En esta ocasión Estados Unidos ha logrado entorpecer y extender el proceso para que sea más difícil a la comunidad internacional expresarse sobre un tema en el que hay consenso desde hace 26 años. El debate sobre los derechos humanos en Cuba es válido, pero ignorar los avances en materia de derechos sociales, priorizando solo los políticos, es demasiada miopía.

Se extraña el sentido común de la administración Obama y cómo abordaba sus diferencias sobre la base del respeto mutuo

Mientras exista sobre Cuba esa espada de Damocles que es el bloqueo, los reclamos y críticas legítimas a nuestro gobierno serán pospuestas por el más elemental sentido de patriotismo. Conocemos los éxitos, pero cuesta mucho separar los fracasos reales de los provocados por el acoso, en un gobierno al que nunca se le ha dado respiro. Los cambios que ocurran en Cuba, serán por voluntad propia y no como consecuencia de la acción foránea. Hoy se vota y se lucha contra el bloqueo, mañana hablaremos a camisa quitada entre cubanos.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com

[1]Para Aristóteles la democracia era una forma política defectuosa sobre la que nunca negó su escepticismo, “la menos mala de las desviaciones”, le llamaba. Platón tampoco era un fan de la democracia, en la que veía una naturaleza siniestra que conducía a la dictadura y la subyugación. Que en el sistema “democrático” de Atenas en 399 AC un tribunal haya sentenciado a su mentor Sócrates, tampoco debe haber ayudado. Vale aclarar que el concepto griego de democracia era muy distinto al contemporáneo, básicamente se refería a una élite privilegiada. No sería hasta el descenso del imperio romano que comenzarían las referencias a “el pueblo” bajo la influencia del incipiente cristianismo y en referencia a la comunidad de personas bautizadas.

[2]La operación PBSUCCESS encaminada a derrocar a Jacobo Árbenz, fue la primera intervención directa de la CIA en América Latina. La noche anterior al golpe, J Peurifoy, embajador de Estados Unidos en Guatemala, le dijo a su personal: “Bien muchachos, mañana a esta hora tendremos una fiesta…”. A las 21:15pm del 27 de Junio de 1954, Árbenz renunciaba a su cargo.