¿Dónde comenzó la Invasión a occidente?

Por: Mario Valdés Navia

Como el del mítico carro de Ra, en Cuba existe un movimiento perenne de oriente a occidente. Aruacos, españoles, mambises, rebeldes de la Sierra, arrasadores de montes y migrantes internos han hecho el camino del Sol, de Maisí hasta La Habana en diferentes épocas. Sin lugar a dudas, la más famosa de estas expediciones es la Invasión de 1895, dirigida por Antonio Maceo, jefe de la campaña, y Máximo Gómez, general en jefe del Ejército Libertador (EL).

De ahí que fuera tan pertinente la respuesta que diera Camilo, en 1959, al periodista que le preguntó cómo se sentía al no haber podido, ante la debacle del batistato, cumplir la orden de Fidel de llegar hasta Pinar del Río. Camilo dijo sentirse muy complacido, pues así la gloria de haber realizado tal proeza militar seguiría correspondiendo únicamente a Maceo.

No obstante, hay una afirmación sobre aquella operación que merece un examen exhaustivo pues se repite, una y otra vez, por expertos y aprendices: la invasión comenzó en los Mangos de Baraguá, el 22 de octubre de 1895. Esto no pasa de ser un desliz histórico. Veamos los hechos, tozudos e incontrovertibles, y sabremos bien cuándo y dónde se inició la campaña de la invasión.

La Asamblea Constituyente de Jimaguayú (14-16 de septiembre 1895) resolvió acometer de inmediato esta operación considerada trascendental para el desenlace de la guerra. Enseguida, Maceo partió hacia Oriente a movilizar los contingentes que aportarían los cuerpos primero y segundo del EL, mientras que Gómez recorría provocativamente el Camagüey.

Trabajo le costó al Titán reunir las fuerzas orientales, ya que B. Masó y J. Maceo no querían entregar sus mejores hombres y armas, pero al final pudo salir simbólicamente de Mangos de Baraguá (22−10−1895) con una columna de 500 infantes y 700 jinetes, a los que sumó 500 más a su paso por Holguín y apenas 200 infantes y 300 jinetes del segundo cuerpo, para un total de unos 2 200 invasores orientales.

Tras conocer de la partida de Maceo, Gómez cruza la Trocha Júcaro-Morón (30 de octubre 1895) para atraer a los panchos a Las Villas, hacerles perder el rastro de Maceo, e impedir la zafra a sangre y fuego. En Santa Teresa, Sancti Spíritus, recibe a los generales C. Roloff y S. Sánchez e inician una ofensiva incesante que hace al confundido Martínez Campos desplazar contra ellos tropas de Oriente y Camagüey, lo cual facilitó el traslado de la columna oriental casi sin combatir.

El 29−11−1895 Maceo cruza la Trocha y se reúne con Gómez en Lázaro López, actual Ciego de Ávila, por entonces Camagüey, aunque para los mambises Las Villas empezaban desde la Trocha. Allí, delante de la tropa, con banderas desplegadas, se abrazaron los generales Gómez y Maceo, teniendo como fondo los acordes de La Bayamesa. Lo ocurrido fue descrito magistralmente por B. Boza, el jefe de la escolta de 300 jinetes camagüeyanos del Generalísimo:

En un estrecho abrazo y derramando lágrimas de santo patriotismo, nos confundimos orientales, centrales y occidentales, negros y blancos. Mucho mejor que los discursos que se pronunciaron y que los vivas frenéticos que atronaban el espacio. era la resolución firme que se veía en todos los rostros y que hacía palpitar todos los corazones impulsados por el mismo sentimiento: ¡Hacer la guerra a España a sangre y fuego, hasta obtener la absoluta independencia de la Patria!

Al amanecer del día 30, todas las fuerzas forman para marchar y se produce el acto oficial de inicio de la Invasión, encabezado por el Consejo de Gobierno y su presidente S. Cisneros. Los ánimos están exaltados, hablan varios oradores y el general en jefe pronuncia su histórica arenga:

Soldados: La guerra empieza ahora. La guerra dura y despiadada. Los pusilánimes tendrán que renunciar a ella: solo los fuertes y los intrépidos podrán soportarla. En esas filas que veo tan nutridas, la muerte abrirá grandes claros. No os esperan recompensas, sino  sufrimientos y trabajos. El enemigo es fuerte y tenaz. El día que no haya combate, será un día perdido o mal empleado.

En esa ocasión fueron incorporadas al contingente invasor las tropas espirituanas, integradas por unos 1500 jinetes, y otras fuerzas villareñas hasta casi 2000 hombres. Las dirige su caudillo S. Sánchez, quien es ascendido a mayor general y jefe del IV cuerpo del EL, el de Las Villas.

Desde el potrero de Lázaro López parte como una avalancha el “Gran Cuerpo del Ejército Invasor” −como le llamaba Gómez−, formado por algo más de 4000 combatientes, 3000 de caballería y 1000 infantes. Su misión era casi imposible: aplastar la resistencia de más de 150 000 soldados españoles en un reducido espacio y llevar la destrucción liberadora hacia las ricas comarcas occidentales en poder de España, único camino para la victoria de las armas cubanas.

La Invasión del 95 cumplió sus objetivos con creces. Fue la campaña militar más grande lanzada por un ejército libertador en las luchas por la independencia latinoamericana. Es considerada una de las operaciones más exitosas de la historia militar universal y el genio de sus jefes: Gómez y Maceo, ha sido comparado con el de los más grandes generales de la historia.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com