Orientados y gobernados

Por: Alina B. López Hernández

En las constantes apelaciones de la dirigencia cubana al pueblo se transmite la impresión de que es este quien no logra realizar las acciones cuasi épicas que se le demandan: cambiar de mentalidad, rescatar valores, ahorrar, ser eficiente y productivo, combatir las ilegalidades…; cuando en verdad son factores como: estructuras obsoletas, crecimiento de la pobreza, experimentos incompletos y extrema lentitud al cambio, entre otros, los que obstaculizan el desarrollo económico de nuestro país.

Entre los problemas estructurales más graves que tiene Cuba puede citarse el excesivo aparato de dirección de que dispone, el cual, dados los resultados a lo largo de décadas, pudiera considerarse inoperante. El actual Partido Comunista de Cuba (PCC) se fundó el 3 de octubre de 1965, con una estructura similar a la del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS):

  • Congreso: según sus estatutos es el organismo supremo del Partido. Define y ofrece las orientaciones políticas y de su actividad en general.
  • Comité Central: organismo superior del Partido entre congresos. Se encarga de aplicar las resoluciones, políticas y programas aprobados por el Congreso.
  • Buró Político: órgano de dirección superior del PCC y máxima instancia ideológica del país. Propone al Consejo de Estado las acciones políticas que deben ejecutar en materia de disposiciones legales y nombramientos.
  • Secretariado del Comité Central del Partido: auxilia al Buró Político en el trabajo con sus cuadros y militantes.

El PCC asumió una estructura territorial que se adaptó a la organización político-administrativa del país. En las provincias su máximo órgano es el Comité Provincial, dirigido por el Buró Provincial. En los municipios lo es el Comité Municipal. Esto también era una práctica en la antigua URSS, con la diferencia de que en aquel país de gran extensión, enormes recursos y que era una federación de 15 repúblicas, podía justificarse ese enorme aparato distribuido de manera uniforme, condición muy diferente a la de Cuba.

En 1959 existían en la Isla seis provincias y 126 municipios. Estas cifras se incrementaron sostenidamente hasta el punto que, en 1975, llegó a tener 407 municipios y 58 regionales (eslabón administrativo entre municipios y provincias), aunque mantuvo en 6 el número de provincias.

Durante los primeros 16 años se gobernó de modo provisional, y en ocasiones se mezclaban las funciones políticas y administrativas. En 1976 termina la provisionalidad, pues se crea el Poder Popular, encabezado por una Asamblea Nacional, y se aprueba una nueva Constitución, que en su artículo 5 dejaría establecido al PCC como “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Ese mismo año se dicta la Ley 1304, que determinó una nueva división político-administrativa en 14 provincias y 169 municipios (en 2011 aumentó a 15 provincias).

A partir de 1976, desde el nivel nacional, pasando por las provincias y finalizando en los municipios, extendieron sus redes dos instancias de dirección, una política y otra gubernamental. Para diferenciarlas se haría un eslogan la frase: “el Partido no gobierna, solo orienta y dirige”. En la práctica, cada una de esas instancias generaría un enorme aparato burocrático con gran consumo de recursos y empleo de personas.

Esto hace que el Estado deba asumir al Partido no solo como una fuerza superior que lo orienta, sino como un gravamen económico sobre sus espaldas, pues ¿quién sino el Estado con sus recursos, dígase nuestros, sostiene al enorme aparato político que es el PCC?

Muchas estructuras partidistas deberían ser racionalizadas. Si el Buró Político del PCC es la máxima instancia ideológica del país, podría simplificar la descomunal presencia de la organización en cada provincia y municipio y concentrarla en una oficina que radicara en las propias instancias de los gobiernos provinciales y municipales, cuya función sería supervisar y orientar directamente y servir de intermediaria con la instancia nacional, que sí se mantendría independiente del gobierno.

Otro modo en que el Partido podría aportar al ahorro al que constantemente  nos exhorta sería reduciendo su estructura interna a nivel nacional. La única vez que lo intentó fue en 1991, en el IV Congreso del PCC. A este Congreso correspondió el análisis del período especial y las medidas implementadas por el proceso de rectificación, una de ellas fue la eliminación del Secretariado del Comité Central. Poco duró esta decisión, en el año 2006 ese órgano fue restablecido, y dos años después, en 2008, fueron creadas las Comisiones Permanentes del Comité Central, entidades que agrupan a los departamentos del Comité Central y cuyos máximos responsables son los integrantes del secretariado.

En la práctica, los dirigentes del Secretariado y de los departamentos constituyen un aparato político paralelo al Gobierno de la nación, que intervienen en el desarrollo y control de las políticas de los organismos de la administración central del Estado y de los gobiernos provinciales y municipales.

Un país empobrecido como el nuestro, cuya economía prácticamente no crece desde hace casi una década no puede mantener tal derroche de recursos materiales y humanos al sostener dos formas de dirección, una que orienta y otra que gobierna.

Es justo que se solicite de la ciudadanía un aporte constante en los destinos del país, pero igualmente los ciudadanos tenemos el derecho de cuestionar la excesiva burocracia política que, junto a la administrativa, ahoga las finanzas de la nación y no permite su despegue. El cambio de mentalidad nos compete a todos, el ahorro y la eficiencia también.

Para contactar con la autora: alinabarbara65@gmail.com