Confiar en los jóvenes

Foto: Mauricio Lima/The New York Times

Por: Osmany Sánchez

Para conocer Cuba hay que caminar sus calles, viajar en transporte público, sentarse en las gradas de un estadio de pelota o hacer la cola en una tienda. Escuchar a las personas, sus criterios, vivencias, esa es la Cuba real, no la que se presenta desde la oposición al gobierno.

En Cuba, una universidad es una representación de la sociedad a pequeña escala. En la misma aula están sentados juntos los hijos de los que tienen mucho y los que tienen poco. Tener el privilegio de hablar a diario con esos jóvenes e intercambiar con ellos, es una posibilidad para conocer la realidad cubana en toda su extensión.

El reciente debate del Anteproyecto de Constitución, dejó claro que para entender el auge de la derecha en América Latina, no es necesario ir a esos países porque parte de su lógica está presente en nuestra sociedad.

En Argentina un millonario dice que va a traer el cambio y la gente le cree y vota por él. En Brasil un candidato abiertamente racista y admirador de dictaduras militares dice que va a acabar con la violencia y la corrupción, la gente votará por él.

El gran logro de la derecha ha sido engañar al pueblo con un discurso que jamás será llevado a la práctica. Hacerlos votar por alguien que representa y defiende los intereses de una clase social a la que ellos no pertenecen.

La gente vota por esos candidatos porque les proponen soluciones a sus problemas cotidianos y el pueblo dice “vamos a probar”. La suma de las campaña de desprestigio de la prensa corporativa por un lado y los errores de la izquierda por otro les hace votar por alguien contra el que estarán protestando unos meses después.

La clave con la juventud cubana no es limitarse a decirles que nuestro sistema es más justo que aquel que nos quieren imponer, hay que convencerlos de que es capaz de resolver nuestros problemas. Hay que hacerles ver que tenemos más razones para creer y defender en el proyecto que estamos construyendo que para destruirlo.

Dejar los eufemismos. No podemos seguir llamándole “indisciplinas sociales” a los actos de vandalismo. A la corrupción hay que llamarla por su nombre.

Cuando un joven te dice que no quiere perder los logros del socialismo pero que hay que coger “lo bueno de esto y de lo otro” es que no entiende realmente como funciona lo “otro”. La esencia de lo “otro” no permite que tengamos lo mejor del nuestro.

El objetivo de la oposición es vendernos la promesa de un cambio que no beneficiará a la mayoría. Cuenta con la complicidad del bloqueo y la necesidad de cambios que vive el país, condicionando así la voluntad natural del pueblo. No basta con denunciar sus planes, hay que superarlos con un proyecto mejor.

La Revolución no es un mal menor sino una alternativa superior, no debe preocuparnos entonces hablar con franqueza de nuestras problemas. Confiar en los jóvenes y construir juntos, que el sentido común se impone cuando sabemos a dónde vamos y con qué contamos para llegar allí.

Para contactar al autor: jimmy@umcc.cu