Prostitución femenina: ¿prohibir o debatir?

Por: Yasvily Méndez Paz

En los últimos tiempos, la prostitución y los estudios dedicados a su comportamiento han ido incrementándose a nivel internacional. Cuba no ha estado exenta de esta problemática; a través de la historia la práctica del meretricio ha sido y continúa siendo una fuente de supervivencia económica.

Las  crisis socioeconómicas del país han conducido a diferentes rupturas en los patrones de actuación socialmente aceptados. También deben tenerse en cuenta otros elementos relacionados con vivencias personales de las implicadas, como: convivencia familiar (violaciones, maltratos psicológicos y físicos, chantajes emocionales o económicos, familias disfuncionales, entre otros), influencias recibidas del contexto externo o interno, desengaños amorosos, trampas masculinas o, simplemente, gusto personal por la actividad.

¿Meretrices o prostitutas?, ¿jineteras o luchadoras? Sean cuales fueren las denominaciones empleadas, las mujeres que se dedican a esta actividad pagan altos precios desde el punto de vista social. El hecho de que sean más rechazadas que los prostitutos evidencia que las valoraciones han estado condicionadas más por razones de género que por lo que representa el acto sexual rentado en sí, como bien expresa Dolores Juliano.

A partir del 1 de enero de 1959, la prostitución se redujo en la sociedad cubana mediante el cierre de los burdeles y la reinserción laboral de las prostitutas; pero, ¿se exterminó completamente el comercio sexual en Cuba? La situación de las prostitutas cambió con los proyectos revolucionarios, pero coincido con Rosa Miriam Elizalde cuando plantea que variantes como la «titimanía» —gusto por personas mucho más jóvenes— y la búsqueda de una mejor posición económica mediante una relación interesada y ventajosa existieron siempre, incluso en los años 70, cuando había un rechazo marcado hacia mujeres que no mantenían relaciones estables.

Cuando se produjo la crisis económica de los años 90, las carencias materiales por las que atravesaba la sociedad cubana, unidas a la rápida circulación del dólar, condujeron a la utilización del comercio sexual con extranjeros. Lo que comenzó siendo un modo de supervivencia empezó a reportarles ganancias económicas a las trabajadoras sexuales, que se hicieron más evidentes en los barrios y ciudades a las que pertenecían. Esto condujo a que no siempre sintieran el rechazo de la comunidad e, incluso, fueran toleradas y a veces estimuladas por sus familias.

Si por una parte esto fue reflejo de los cambios en las lecturas sobre la sexualidad femenina y masculina por la sociedad cubana, por otra, estuvo relacionado con el «reacomodo social» debido a las estrategias utilizadas para sobrevivir después de la crisis. No obstante, no se debe afirmar que el rechazo a la prostitución haya desaparecido completamente del imaginario social. El propio hecho de que a estas mujeres les guste ser denominadas «jineteras» o «luchadoras» demuestra el estigma social que encierra el término prostituta, incluso desde el punto de vista psicológico, para las propias implicadas.

Aunque las «jineteras» han llegado a tener cierta aceptación social en algunas comunidades donde viven, la utilización de su sexualidad de manera autónoma contiene un saldo social negativo. Familias, amistades, proxenetas y hasta algunos vecinos disfrutan las prebendas o facilidades económicas que ellas les facilitan, pero en el fondo las señalan con un dedo acusador.

En una entrevista que realicé en el 2009 a una señora que se había iniciado en la prostitución durante la República Burguesa con sólo 21 años, me refería sobre este tema:

«Las muchachitas de ahora se piensan que se la saben toda, que tienen más cobertura que nosotras en nuestro tiempo. La gente las sigue y les gustan las cosas que traen, y hasta tienen reconocimiento por los dólares que manejan, pero por detrás hablan cosas de ellas y las miran con mirada acusadora. Que si no lo sabré bien yo… que lo sufrí en carne propia. La p… lo es y lo va a ser siempre, aunque sea con puyas (denominación popular que adquieren en Cuba los zapatos de tacón muy fino y alto) y dinero en el bolsillo».

Quizás el principal desafío en Cuba no estriba en que el gobierno oculte la presencia de la prostitución o solamente persiga a los culpables, sino en dilucidar las verdaderas causas que conducen a su existencia. Reconocer que no se ha erradicado el problema de raíz y establecer estrategias educativas sobre el asunto, resultan vías factibles para resolver los niveles de vulnerabilidad a los que se exponen actualmente muchachas jóvenes, con la anuencia o no de su familia, y otras mujeres que se dedican a la prostitución. ¿Prohibir o debatir?… Resulta necesario motivar una reflexión colectiva sobre las posibles soluciones al problema de la prostitución femenina.

Para contactar a la autora: echucuba151183@gmail.com