La metástasis catastrófica

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Yo no quería escribir sobre manzanas. Me parecía una frivolidad escribir sobre el tema solo porque estaba de moda. Sin embargo, descubrí que el publicitado incidente de los acaparadores que compraron 15000 manzanas en La Puntilla podía servirme como punto de partida para una importante reflexión. Es que, para mí, el elemento más interesante del acontecimiento está en la utilización del carro de la empresa CIMEX para que los acaparadores transportaran la mercancía. Se trata de una situación en la que puede observarse claramente algo que pasa desapercibido para muchos de los actuales defensores de la propiedad privada: el modo en que la primacía de la lógica mercantil puede ser un catalizador en la agudización de las deficiencias del socialismo cubano, en lugar de una solución.

En un artículo titulado Los avatares de la lucha ideológica, me referí a los peligros de la formación de una burguesía y de una ideología burguesa. Muchos se manifestaron en desacuerdo, e incluso hubo quien sabiamente me recordó que el tipo de capital que existe en Cuba, fundamentalmente comercial, nunca ni en ninguna parte ha provocado la victoria política del capitalismo. Mi respuesta frente a eso es que la difusión de los valores de la sociedad de mercado, sin un contrapeso, es peligrosa porque ocurre en el contexto de un socialismo con deformaciones estructurales, y puede contribuir a la profundización de esas deformaciones.

En Cuba existen dos grandes obstáculos endógenos para el desarrollo de una sociedad plenamente emancipada, que pueda desarrollar su subjetividad tanto individual como colectivamente. Uno de ellos es el mismo estado socialista y su burocracia, que concentran hoy en día un gran poder. Este poder, que surgió por la gigantesca confianza que el pueblo cubano depositó en su momento en los líderes de la Revolución, es utilizado hoy, es preciso reconocerlo, con un bajo control popular. Esto tiene también sus causas e incluso razones: Cuba es un país bloqueado, agredido, lo cual hasta cierto punto justifica la necesidad de que el estado tenga manos libres en la gestión de los escasos recursos. Sin embargo, ello no quita que ese poder sea usado muchas veces, en los más diversos escalones de la estructura, con fines privados ajenos a la voluntad del pueblo.

Puede ser cierto que el socialismo que tenemos es el único que hemos sido capaces de construir en las circunstancias tan adversas en que nos hemos desarrollado; pero no por ello debemos cerrar los ojos a sus defectos. Siempre que los detentadores del poder público estén exentos de control popular, estarán dadas las condiciones objetivas para el desarrollo de los intereses de casta y de la corrupción. Es muy difícil resistir a la tentación cuando se está en la sombra y existe una atmósfera de impunidad. No quiere esto decir que no haya cuadros muy dignos, incluso sacrificados, pero es la estructura de las instituciones la que determina la generalidad del funcionamiento de la sociedad.

El otro obstáculo, de aparición más reciente, está en el desarrollo de las relaciones mercantiles. Para algunos esta manera de enfocar las cosas les parecerá extraña, porque están acostumbrados a ver el mercado capitalista solo por su lado bueno, como generador de riquezas. Pero la realidad del fenómeno es mucho más amplia, y la historia nos muestra cómo el capitalismo es un sistema que fomenta el desarrollo de la individualidad y al mismo tiempo crea las bases para el aplastamiento de esa individualidad. En Cuba, el desarrollo de las relaciones mercantiles ha traído que se difundan valores relacionados al consumismo y el individualismo. Más que eso, se han desarrollado nuevos paradigmas de lo que se considera ser una persona exitosa, los cuales son, vistos desde una perspectiva social, enajenantes.

Puedo escuchar ya las objeciones: en Cuba existen relaciones mercantiles simples, no capitalismo. Puede ser cierto, pero Cuba no existe dentro de una pecera. El capitalismo existe a nuestro alrededor, con todo su poderío simbólico, y el capitalismo es el sistema en el que las relaciones mercantiles han sido totalmente instrumentalizadas al servicio del capital. Los paradigmas, valores y modelos mentales de ese modo de producción nos llegan a los cubanos a través de las películas, seriales, telenovelas, revistas y en cuanto producto cultural consumimos del resto del mundo. Las relaciones mercantiles cubanas son el espacio en el que muchas personas materializan sus modelos mentales capitalistas.

Además, no se trata solo de un problema cultural. Los valores capitalistas se difunden de una manera verdaderamente efectiva porque existe la figura real del empresario exitoso. En su versión light, este es un buen hombre que ayuda incluso a su comunidad. Sin embargo, allí donde se despliega la reproducción del capital, esta no se detiene en sus formas más nobles. Es inevitable que surja una figura como la del acaparador de manzanas, que incluso viola la ley, todo con el objetivo de maximizar sus ganancias. Este “hombre fuerte” se convierte en un modelo a seguir para muchos jóvenes, que en su mayor parte no lograrán llegar a donde está él, pero que sí alcanzarán a vivir una vida cosificada y miserable.

Donde gobiernan las relaciones mercantiles, el hombre que tiene vale, y el que no tiene, no vale

Existen estos dos grandes obstáculos al desarrollo de una sociedad plenamente emancipada. Ninguno de ellos, por sí solo, es suficiente para provocar la destrucción del sistema socialista. No obstante, podría ocurrir una metástasis.

Desde mi punto de vista, el mayor peligro para la sociedad cubana está en que ocurra una sinergia entre las deformaciones de nuestro sistema socialista y las relaciones enajenantes que provoca el desarrollo descontrolado de las relaciones mercantiles. Y es que ambos fenómenos existen en la misma sociedad. Lo podemos ver en el caso de las manzanas. Un funcionario ha usado el poder que el pueblo le ha dado para su propio provecho, y ha entrado en una componenda con el acaparador para darle el carro de la empresa. Esto puede repetirse de mil formas diversas: el capital es amigo de la oscuridad, y una posición de poder puede convertirse rápidamente en dinero. Es factible pensar incluso en una situación en la que el hijo del acaparador sea el novio de la hija del funcionario, y que todo quede en familia.

Se podría comenzar una polémica acerca de quién es más malvado, el funcionario corrupto o el acaparador-empresario. Sin embargo, lo que queda como un hecho es que permitir que las relaciones mercantiles y la lógica de la ganancia alcancen la primacía en la sociedad cubana es un gran peligro. Entre otros motivos, porque ello puede contribuir a que las grietas de nuestro sistema crezcan. Lo que hoy es simple arbitrariedad aislada mañana podría convertirse en opresión explotadora. El estado, de ser una entidad independiente, podría convertirse en un instrumento del capital. Entonces sí habríamos abandonado el socialismo para entrar en el capitalismo.

Por todas estas razones, es necesario enfrentarse al desarrollo de la lógica capitalista en la sociedad cubana. Lo cual no quiere decir, por supuesto, una apología ciega del pasado. Si el sector privado amenaza con alcanzar esa primacía es porque el sector socialista está estancado, falto de fuerza e imaginación. Por lo que se debería luchar es por una sociedad en la que, sí, existan relaciones mercantiles, pero exista también un pujante sector social, de empresas en manos de los trabajadores, donde los cubanos puedan desarrollar su vida económica y cultural de una manera socialista y plena.

No tenemos que elegir entre el socialismo que tenemos y el capitalismo que podríamos construir. Podemos elegir por el socialismo que quisiéramos tener. Sé que algunos me llamarán utópico por tomar esta posición, pero, algunas veces, ser utópico es el único modo de ser sensato.