Viejos hábitos y frases complejas

Por: Carlos Casas

Me duele confesar, luego de haber pasado por más de 17 años de estudio en todas las enseñanzas hasta la universidad, nunca hubo un análisis profundo de la constitución vigente.  Estudiando una carrera técnica solo en la asignatura teoría sociopolítica se trataron algunos aspectos de la misma, pero eso no fue hasta 3er año. De igual manera me siento alarmado ante el creciente interés de todo el pueblo sobre la reforma constitucional, alarmado positivamente.

Pero esto solo provoca que muchos nos enfrentemos por primera vez ante el contenido de la constitución haciéndose indiferenciables los cambios entre una y otra pues no dominamos la vigente. Convencido además que en unos meses luego de su aprobación, volverá a formar parte de todo aquello que nunca se tiene en cuenta en el día a día de los ciudadanos de a pie. Muy a mi pesar, estoy consciente que no se incluirá en una asignatura de ninguna enseñanza básica el estudio de la constitución, los deberes y derechos del ciudadano, ni de los derechos humanos de los que siempre aparecemos abanderados cumplidores en la ONU (o los discursos políticos) pero que nunca se exponen ni divulgan en las escuelas o centros de trabajo para permitirle a cada cual dar su opinión sobre el cumplimiento o no de los mismos.

Con 25 años no he recibido nunca la enseñanza por parte del Estado de cuáles son mis derechos más allá de la educación y salud gratuitas. Recuerdo que, justo antes de entrar a la universidad escuché un comentario preocupante: “la universidad es para los revolucionarios”, al cual respondí con una pegunta ¿qué otra opción hay para los que no se sientan revolucionarios, pero sí quieran tener una carrera universitaria en Cuba? Que, aunque no era mi caso sé que existen, no conseguí respuesta. Luego, gracias al estudio autodidacta de la historia latinoamericana conocí una frase del Dr. Salvador Allende que me hizo cambiar la perspectiva y la llevo conmigo desde entonces para todo aquel que me pregunte si soy revolucionario: “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”.

Volviendo al tema de la constitución, un simple ejemplo de muchos. Tanto la vigente como la propuesta mantienen desde el comienzo un enfoque socialista, pero no comprendo cómo puede reconocerse la libertad política de cada cual (Artículo 1) y aun así sujetar a todo cubano a la norma de que su patria es socialista y como tal debe defenderla (Artículo 3). Está perfecto que se castigue a quien traicione a la patria y que se sea máximo deber protegerla, pero la patria no es socialista, ni capitalista, ni feudal. El patriotismo es el sentimiento que se desarrolla como parte de la conciencia individual hacia todo aquello que nos rodea cultural, material, espiritualmente.

No se debe poner apellidos a la patria, a la educación ni al pueblo para no caer en el mismo error de los primeros años de la Revolución, cuando a todos lo que emigraron llamaron gusanos y anticubanos, un término doloroso para aquellos que se sentían y de hecho eran patriotas, pero que no estaban de acuerdo con el sistema del nuevo gobierno, siempre hay sus excepciones, y no me refiero a los terroristas sino a los simples cubanos que partieron por diferencias ideológicas y por problemas económicos, motivos tan válidos como los de quienes decidieron quedarse y construir el proyecto social del que hoy disfrutamos. Defender la patria siempre ha sido tarea de todos y se ha demostrado en las luchas independistas, en todas, que la migración siempre jugó un papel importante y que los que vivían fuera no eran antipatriotas.

Salvar el nuevo texto constitucional de frases hechas y poco convincentes que no reflejan la realidad del pueblo cubano actual, que no es el mismo que se lanzó a las calles hace 60 años, pero continúa con su espíritu revolucionario. Incorporar al sistema educacional marcos o asignaturas que permitan el conocimiento de los deberes y derechos ciudadanos y humanos. Respetar verdaderamente la ideología de cada cubano dentro y fuera de las fronteras políticas y geográficas… más que un deber es una obligación de nuestro tiempo.

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