A medio siglo de la microfracción

Foto: Corbis

Por: Mario Valdés Navia

Un joven lector de La Joven Cuba se interesa por saber de la Microfracción (MF), de la que oyó hablar y de cuya existencia no tiene idea. Como precisamente en este 2018 se cumplen 50 años de su desenmascaramiento, de la realización del llamado Segundo Proceso a Escalante y de la condena a sus integrantes, vale la pena revisitarla desde una perspectiva actual.

La MF fue el nombre dado a un grupo de viejos militantes del PSP -y algunos seguidores más jóvenes- que se nuclearon en torno al antiguo dirigente Aníbal Escalante Dellundé para llevar a cabo una actividad opositora a la línea político-ideológica del PCC en el período 1965-1968.

Aníbal era reincidente, pues ya había sido fuertemente criticado y sancionado en 1962 cuando, siendo Secretario Organizador de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), intentó convertirlas en un coto del viejo PSP y limitar la entrada de exmilitantes del M-26-7 y el DR-13-3. Por eso, hoy muchos creen que la MF es lo mismo que el sectarismo de las ORI.

Las críticas principales de la MF a la dirección de la Revolución eran la supuesta penetración de la pequeña burguesía y su ideología en el Comité Central, existencia de una corriente antisoviética en la dirección del partido, marginación de los viejos militantes del PSP, e intromisión de la Revolución en los asuntos internos de los partidos comunistas latinoamericanos con la intención de controlarlos.[1]

Para comprender mejor esto hay que recordar que el contexto de 1968, “Año del Guerrillero Heroico”, era muy distinto al actual. La rebelión anticapitalista de las masas se extendía por las grandes capitales de Europa, América y Asia, y solo la represión más violenta pudo refrenar los intentos de los estudiantes y obreros por tomar el poder.

El joven mundo socialista se fracturaba con la disputa chino-soviética, que dividía al movimiento comunista internacional. Mientras, en Checoslovaquia, un gobierno reformista ensayaba un inédito proyecto de socialismo democrático y de mercado que sería aplastado poco después por las tropas del Pacto de Varsovia.

En Cuba, la herejía de izquierda que significaba intentar hacer un socialismo a lo cubano, mediante la construcción acelerada del comunismo a partir de la creación de un hombre nuevo, parecía estar en su apogeo. La instauración del Poder Local, la generalización del trabajo voluntario y las movilizaciones agrícolas, la extensión de las gratuidades, el rechazo a las relaciones monetario-mercantiles y el apoyo a la lucha armada como vía para hacer la revolución en el Tercer Mundo, eran muestras de un camino alternativo al que dictaba el Kremlin.

Estas notorias diferencias con el modelo estalinista imperante llenaban de temores y dudas al grupo de la MF, que veía en Aníbal al representante de la verdadera corriente ideológica de la clase obrera. De ahí que fomentaran por todos los medios sus apariciones, aunque fuera en velorios de viejos militantes.

La MF consideraba que el Comité Central estaba penetrado por la pequeña burguesía, nacionalista y aventurera; que ya no se publicaban materiales de contenido marxista-leninista; que el Che se había ido por su ideal romántico, anarquista y trotskista, y que ese aventurerismo estaba “en el mando”, que consideraba a Cuba “el ombligo del mundo”.

Por varias vías se acercaron a funcionarios soviéticos, alemanes y checoslovacos con el fin de hacer llegar sus puntos de vista a la dirección de esos partidos y crear un estado de opinión favorable a sus posiciones. Incluso, pretendían que existiese una presión política y económica por parte de la Unión Soviética que obligase a la Revolución a acercarse a ese país. De ahí que la principal acusación que se les hiciera fuese la falta de lealtad al partido y al país en un desvergonzado intento por distanciar a Cuba de la URSS y obtener su apoyo e injerencia en asuntos que solo incumbían al pueblo cubano y al PCC.

No obstante, parece que muchas de sus críticas estaban bien fundadas. De hecho, algunas fueron reconocidas en el acápite Errores cometidos, del informe central al I Congreso del PCC en 1975. Entre los males que denunciaban justamente, se encontraban: las constantes movilizaciones a la agricultura, negación del estímulo material, cambios constantes de los cuadros de un cargo a otro, negación de la planificación, gratuidades que aumentaban el dinero circulante y promovían la inflación, práctica incosteable del trabajo voluntario para superar las mermas de producción, y que la emulación socialista debía estar bajo la responsabilidad del movimiento obrero.

En algunas cosas actuaron como un oráculo, pues sostenían que después de 1970 se impondrían realidades económicas que obligarían a torcer el rumbo, ya que la posibilidad de alcanzar los soñados diez millones era prácticamente imposible. Realmente aquellos errores, sobre todo en la economía, comenzaron a rectificarse apenas concluir la zafra, como si se hubiera estado pensando en ellos desde mucho antes.

Al hurgar en la raíz de la MF sale a la luz la falta de cultura del debate franco y abierto de las opiniones contrarias en el seno del partido y la Revolución; aspectos que la MF, formada por burócratas de la vieja escuela estalinista, intentó sustituir por la conspiración, la manipulación y el cabildeo, más cercanos a la cultura cortesana que a la actitud franca y abierta de los verdaderos revolucionarios.

[1]Ver, de Raúl Castro, “Informe de la Comisión de las Fuerzas Armadas y Seguridad del Estado al Comité Central del Partido”, publicado por Prensa Latina en enero de 1968.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

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