Un decreto, 349 matices

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Desde hace algún tiempo se está haciendo mucho ruido en las redes sociales y en algunos medios internacionales alrededor de cierto decreto vinculado a la política cultural cubana. El Decreto 349 se titula: “Contravenciones de las regulaciones en materia de política cultural y sobre la prestación de servicios artísticos”. Se he querido ver, en esta disposición legal, el comienzo de un nuevo quinquenio gris. Sin embargo, el decreto en sí mismo es solo la punta del iceberg: mientras los cruzados de todos los bandos se concentran en él, queda fuera del análisis la compleja realidad de la que ha nacido.

Lo primero que habría que dejar claro es que el decreto no ataca la libertad de expresión, tal y cómo han querido hacer ver algunos de nuestros bien pagados adalides de la autonomía artística. En el documento queda claro que lo que se regula es, por un lado, lo que se puede hacer en el espacio público y, por el otro, lo que puede hacer el artista como ser económico. En todas partes del mundo, la protección del espacio público es una prerrogativa del estado. Y en lo que se refiere al artista como ser económico, el estado cubano no hace más que aplicarle a este la misma lógica que le aplica a los ingenieros, los científicos, los médicos, etc.

Cuando se analiza con calma, se hace evidente que con el decreto se intenta ponerle un freno a la grave crisis cultural por la que está pasando la sociedad cubana. Para nadie es un secreto la degradación del espacio público, sobre todo por el reguetón obsceno, la música alta, las bocinas abusivas en el transporte público, entre otras manifestaciones. Sin embargo, habría que preguntarse si utilizar la ley, o lo que es lo mismo, el aparato represivo del estado, es el mejor camino para sacar adelante la política cultural cubana.

Una cosa debe quedar completamente clara: si hemos llegado a este punto, en el que se hace necesario aplicar un decreto, es porque el estado, el partido y las instituciones en general, han sido negligentes en apoyar la política cultural que ellos mismos impulsaron en un principio. ¿Cuántas veces no se ha puesto reguetón obsceno en un establecimiento estatal, e incluso en escuelas? ¿Cuándo se ha reconocido ante la sociedad el problema cultural en el que nos encontramos? ¿Qué se ha hecho en los últimos años para crear una conciencia crítica frente a estos fenómenos?

Hemos llegado a este punto porque las instituciones han sido negligentes en apoyar la política cultural que ellas mismos impulsaron

Ahora se le quiere poner un freno, pero es un poco tarde. La cuestión del reguetón hasta cierto punto está siendo subestimada, y eso se nota en el texto mismo del decreto. El problema no es la vulgaridad o la violencia, a las que, si se es riguroso, se las puede encontrar en toda la historia del arte. El problema son los valores que se transmiten a través de los nuevos productos culturales asociados al reguetón. Y en el tema de los valores es difícil legislar. Un decreto, a estas alturas, es solo un paliativo, porque si se difunden valores de marginalidad, egoísmo, objetualización de la mujer y consumismo, es porque existe una parte de la población que vive y es exitosa con esos valores.

Las expresiones culturales que hoy se quieren atacar son las formas naturales de expresarse de todas aquellas personas que hoy viven en la economía del CUC, compuesta por los ingresos mal habidos, las remesas, el robo al estado, el invento, el trabajo directo con los turistas extranjeros, e incluso parte del cuentapropismo. Ese mundo ha crecido a la sombra de la economía oficial, vive en una Segunda Cuba, consume el paquete, y se comunica todos los días con Miami. No es de extrañar que dicho mundo haya creado su propia cultura, y que esta devore cada día los restos de la cultura socialista cubana.

El decreto en sí mismo puede ser una herramienta útil. Pero ¿basta con una medida represiva para atacar un fenómeno tan complejo? ¿Con qué garantías contamos de que no se prestará a otras arbitrariedades? ¿Acaso no es peligroso querer introducir el orden a la fuerza en el mundo del arte, un mundo que debe ser ante todo reino de la espontaneidad? En Cuba tenemos un problema con los inspectores corruptos. Si los nuevos supervisores-inspectores se corrompen, ¿no harán aún más daño a la cultura nacional?

Por supuesto, para valorar mejor todo el asunto será necesario revisar los reglamentos que establecerá el Ministerio de Cultura para aplicar el decreto.

Existe una Segunda Cuba con su propia cultura que devora los restos de la cultura socialista

Un punto delicado es el que tiene que ver con la contratación de los servicios artísticos. Según parece desprenderse del texto legal, la puesta en vigor del mismo significará la penalización de cualquier clase de arte freelance. ¿Es esto coherente con el camino que está tomando nuestra sociedad, en el que se van liberando actividades económicas? ¿Realmente se debe hacer pasar a todos los artistas, para cualquier cosa que vayan a hacer en público, por el aparato burocrático de las empresas culturales?

En un final, el Decreto ni es la panacea ni es el infierno. Es una respuesta tardía y de dudosa efectividad a un problema mucho mayor que él. El camino para la regeneración de nuestra cultura pasa en realidad por que sean llevadas a cabo las transformaciones económicas, sociales y políticas que destruyan el mundo de la economía del CUC. Mientras tanto, es cierto, necesitamos una política cultural, pero es mejor que esta sea más propositiva que represiva. Se necesitan artistas que con su obra den vida a los valores de la Revolución Cubana. Pero para eso también hacen falta dos cosas: claridad conceptual y financiamiento a las instituciones culturales revolucionarias. Sobre todo, financiamiento.

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Comments

  1. Yassel A. Padrón Kunakbaeva, dice…»Existe una Segunda Cuba con su propia cultura que devora los restos de la cultura socialista»… Se te olvido decir que devora tambien la economía, la politica, etc y ese monstruo creado por los propios socialistas los destruirá a ellos tambien, creo que alguien escribió una novela al respecto muy famosa y se han hecho incontables películas… 🙂 🙂 🙂 Saludos 😉

  2. El artículo plantea cosas muy acertadas con respecto a la realidad cultural del momento, concuerdo en casi todo salvo en una cosa, cuando dice «El problema no es la vulgaridad o la violencia, a las que, si se es riguroso, se las puede encontrar en toda la historia del arte» de hecho pienso que ese es el principal problema de esa subcultura, muchas veces nos inquietamos por los niveles de indisciplinas sociales o de actuar grosero u obsceno de jóvenes y no tan jóvenes, la falta de caballerosidad o la desidia, pero solo basta con oir las letras de los famosos reguetones, con sus excepciones, claro, para adivinar que todos esos elementos son promovidos o alentados en ellas, creo que nadie duda cuanta influencia puede tener algo así en el actuar de las personas cuando constantemente consumen tales bodrios.

    1. Segun interpreto de su comentario, las letras del reguetón promueven las malas conductas.
      Mire usted, yo soy de la teoría de que la marginalidad y vulgaridad general de la sociedad son las que crearon a los cientos de reguetoneros y millones de consumidores de reguetón.
      Pero claro, por su segundo comentario, me doy cuenta de que eso, también es culpa del imperio.

      1. Otrocesar, debería saber que algo como la música y el arte en general son capaces de estimular determinados modos de vivir y valores (o antivalores), el fenómeno va mucho más allá que el simple consumo de los productos culturales (o pseudoculturales según sea), se genera una forma de conciencia o conducta colectiva basadas en el mensaje implícito en los textos musicales, no solo en cuanto a la vulgaridad, sino también en las banalidades, el culto al dinero, a los bienes materiales. Mi reserva sobre el reguetón, como dije, es en relación a sus letras, no al ritmo musical en sí, hay excepciones de cantantes de este género cuyas letras no incluyen vulgaridad o groserías (recuerdo a Factoría y a Baby Lores), prohibirlo es algo totalmente contraproducente, lo que creo es que ante el reto de la subcultura del cual forma parte, deben promoverse los valores más genuinos de nuestra cultura. Y por supuesto, como comenté anteriormente, los antivalores de esta subcultura le vienen como anilo al dedo a los que pretenden que olvidemos quienes somos, es la nueva forma de dominación colonial.

        1. ELP:

          Reitero… «LA VIDA MATERIAL DE LOS HOMBRES DETERMINA SU CONCIENCIA»… Salvo honrosas excepciones, que son contados con los dedos de las manos.

          Cada FES la ha determinado en manos de que clase social ha sido la dueña de los medios de producción… Mientras no sean objetivamente los trabajadores los dueños de sus centros laborales sus enemigos los irán deformando para su conveniencia… La mentalidad y subgusto marginales lo produce la mala educación marginal que produce sus pésimas condiciones de vida… Aunque los que se aprovechan de las prerrogativas de sus cargos lo nieguen.

          «LA BASE ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD DETERMINA SU SUPERESTRUCTURA SOCIAL», desde la conciencia cotidiana, hasta la conciencia científica. No reconocerlo DEFORMA desde la base a la sociedad.

          Fidel lo aclaró: «SOCIALISMO ES BASE MATERIAL SOCIALIZADA MÁS EDUCACIÓN».

          Los dueños han determinado su Estado en cada etapa histórica, no al revés.

          Si los trabajadores derrotaron a la burguesía, son ellos los dueños de las riquezas que ellos mismos habían creado con el sudor de sus manos y sus frentes, y que la burguesía les habían robado en la producción día día, por los siglos de los siglos.

          Marx lo aclaró: el Estado obrero impone su PODER DE ABAJO HACIA ARRIBA, desde sus centros laborales PROPIEDAD DE ELLOS, como lo es toda la sociedad… No hacerlo así es la repetición de errores que ya demostraron las pésimas condiciones que crearon y crean.

      2. ¿Pero qué más indisciplina social que aquella creada por el mismo gobierno de la Isla?
        ¿Resulta ser que ahora la indisciplina social es un problema y antes no lo fue?

        Les refresco un poco la memoria con una sola palabra: ESCORIAS.

        Así empezó todo.
        El mismo Fidel Castro y los organismos estatales llamaban a las masas trabajadoras a gritarle ESCORIAS a todo el que no estuviera de acuerdo con los lineamientos de la «Revolución». Organizaban mítines de repudio, lanzaderas de huevos, piedras, palizas, etc.
        Con respecto a los espacios públicos, les recuerdo también los saqueos a comercios, hoteles, propiedades privadas y llegando incluso hasta el mismo Capitolio de la Habana, arrasando con todo bajo la consigna: DESTRUIR TODO LO CAPITALISTA. Pues ahí tienen, no se llama karma, se llama: cualquier experimento social que hagas, si sobrepasas la masa crítica, grandes consecuencias tendrás. Buenas o malas, depende del experimento que hagas. Ya han visto las malas consecuencias y se han dado cuenta de ello, ahora acábense de dar cuenta que el experimento es el que es el malo.

  3. «Las expresiones culturales que hoy se quieren atacar son las formas naturales de expresarse de todas aquellas personas que hoy viven en la economía del CUC, compuesta por los ingresos mal habidos, las remesas, el robo al estado, el invento, el trabajo directo con los turistas extranjeros, e incluso parte del cuentapropismo.»
    Un párrafo sin fundamento sacado de tu imaginación que pone al mismo nivel a trabajadores y personas que reciben remesas con los ladrones y corruptos.

  4. Es realmente un tema complejo Yassel, y es necesario abordarlo y discutirlo. Los puntos que planteas en el particular son muy válidos y concuerdo con ellos. Es cierto que existe una segunda Cuba, mayormente asociada a la economía CUC, que está expresando sus atributos naturales a través de ciertas manifestaciones de chabacanería y demás.

    Ciertamente son nuestras instituciones culturales las que han fallado promoviendo otras manifestaciones y géneros. No solamente ha habido montones de instituciones estatales que promovieron al regaaeton porque les resultó lucrativo e inofensivo, sino que han sido además, con frecuencia, inclementes con géneros como, por ejemplo, la canción contestataria, producto genuino del proceso revolucionario. Opino que muchas instituciones prefirieron lo primero, pues lo segundo les parecía demasiado trasgresor. Y ahora, en mi opinión, ha estallado un pánico moral pues se les va de las manos el asunto. También concuerdo con el hecho de que un decreto no va a ser muy útil, por todas las razones que enumeras.

    Pero creo que, de algún modo, seguimos esquivando la multidimensionalidad del fenómeno mismo. Está el reggaeton, pues obviamente el decreto va dirigido a esta manifestación, visto como fenómeno asociado a esta cultura de lo malsano, pero también está el reggaeton como fenómeno asociado al arrabal clásico, a la cultura popular, humilde. Por ejemplo, fenómenos como el jazz, el blues o el hip hop tienen orígenes humildes, que después, por obra y gracia de ciertos mercaderes oportunistas, se trasformaron en fenómenos socio-culturales masivos asociados a determinadas cosas, que no necesariamente formaban parte de su origen. Creo que el asunto del reggaeton merece ser visto dentro de esta compleja duplicidad. Y es en este punto dónde creo que deberíamos abundar. Claramente, la promoción excesiva de un sólo género es algo empobrecedor. Y además crea espacio para todo tipo de sinvergüenzas que quieren ganar un poco de plata y fama diciendo cualquier cosa. Pero, en todo caso, es su derecho. Creo que esto es preferible a que terminen delinquiendo o algo peor. No creo que debamos tomarla con el género o sus cultores (sea cual fuere su calidad), sino apurar a nuestros promotores.

    La cosa no es censurar a los que promueven el reggaeton, sino dar chance a otros a que promuevan otras cosas. Con financiamiento, como tu sugieres, pero también respetando los espacios de libertad que estos decidan crear. No es tanto al músico y a su música al que hay que juzgar, sino a la falta de alternativas. El que quiera ir al reggaeton pues que vaya y disfrute. ¿Que problema podemos tener con eso? Pero tiene que haber otras opciones para que la gente que prefiere otra cosa vaya y se deleite también. Punto.

    Naturalmente, no está bien ver el espacio sonoro contaminado de groserías e improperios. Pero, esto, como bien tú mencionas, ha estado presente en toda la historia del arte. Hay tantos y tantos artistas y obras universales que en su tiempo fueron vistos como groseros e indecentes, y ahora son patrimonios de la humanidad.. Que haríamos hoy con Las damas de Avignon de Picasso, Rito de primavera de Stravinsky, Rítmicas de Amadeo Roldán, etc, etc, etc. Todos los días el diccionario de la real academia española introduce términos, neologismos y usos que eran considerados de mal gusto en otra época (papichulo, por ejemplo).

    Casi siempre es la posteridad, y no una institución o decreto, la que decide lo que queda y que no. Y esto sucede porque, entre otras cosas, en el campo de la creación artística definir estos asuntos es complejo. El lenguaje o la visión estética no son entes estáticos, ni apolíticamente neutrales. Por tanto no deberían ser camisas de fuerza. Si vamos a discutir, por ejemplo sobre el uso (o desuso) del lenguaje tenemos que hacer explícita nuestra visión del mundo, a través del debate, y partir de la base de que la misma no es necesariamente universal. El talento retórico, por ejemplo, no tiene que ver exclusivamente con el dominio quirúrgico del lenguaje como institución organizada, sino también (y mucho más importante) con el impacto de la expresión hablada, con la habilidad del orador para deleitar, persuadir o conmover, lo cual, entre otras cosas, exige un conocimiento profundo de los modos y decires del público al cual se dirige.

    Ciertamente existe una necesidad, expresada ampliamente por una buena parte de la población, de lidiar con la creciente contaminación sonora y con las agresiones verbales proveniente de diversos fenómenos musicales y visuales contemporáneos. Pero regular los sitios y horarios dónde esto tiene lugar sería mucho más simple y efectivo que esta cruzada moral que intentan llevar adelante.

    Del mismo modo, combatir manifestaciones deliberadas y arbitrarias de vulgaridad en nuestra sociedad es sin dudas un objetivo loable y de primer orden. Pero no es lo mismo expresarse desaforadamente delante de un crío, o en un contexto inadecuado, que ponerlo en una canción. Por otro lado, los eufemismos y racionalizaciones clasistas también son una forma de grosería verbal, deliberada, pero sofisticada. No es necesariamente de buen gusto disimular la indiferencia hacia alguien ó nuestros prejuicios y bajezas más abyectas con palabras bellas e inofensivas. De hecho, en muchos casos a lo largo de la historia, muchas malas palabras se han utilizado, de forma explícita y deliberada, precisamente para romper el cerco que la hipocresía conservadora y los sarcasmos y eufemismos clasistas han tendido en muchas sociedades. Si bien existe consenso en torno al espíritu de los valores morales generales que el decreto en cuestión defiende, en el campo de la creación artística siempre es tendencioso dejar que sea una sola institución quién defina cuando una obra irrespeta nuestros símbolos o cuando es vulgar u obscena.

    Una cosa es regular el ruido y los lugares donde pueden mostrarse estos contenidos, y otra cosa es considerar ilegal a todo el que no pertenezca a una empresa, probablemente muchos de los reggaetoneros o demás, o a todo el que produzca contenidos que no coincidan con la línea estético-cultural oficial, o incluso mayoritaria. Se otorga una discrecionalidad casi absoluta a unos supervisores-inspectores que supuestamente saben mejor que nadie más. Ya tú has mencionado los peligros de estos inspectores. Por supuesto, es perfectamente legítimo que un país tenga una línea cultural oficial, que defienda y promueva. Pero, en mi opinión, no debe ser la única línea que exista, pues nadie tiene la última palabra en materia de trascendencia artística.

    Cuando esto no sucede, se está sencillamente imponiendo la visión moral de quién está en el poder. Pero es que existen contradicciones, de matriz histórica y sociocultural, y que se reproducen a través de la “cultura oficial”, de las cuales no escapa nadie en la sociedad cubana. Ni siquiera los miembros del Ministerio de Cultura y nuestras autoridades.

    Por ejemplo, consideremos el caso del racismo: nuestra historia muestra como grandes hombres, dispuestos a darlo todo por su patria, han sido víctimas de este flagelo. Esto va más allá de la filiación política o la clase. Ahí están las palabras visionarias de Fidel Castro refiriéndose al tema durante un difícil discurso en 1959. La historia cubana sugiere con bastante fuerza que nuestro estándar lingüístico-moral ha sido, y es hoy aún, pequeño-burgués, blanco y occidental. Esto en parte explica por que ha chocado tanto con los usos más populares, casi siempre provenientes de la gente más humilde y muchas veces, aunque no exclusivamente, de origen afrocubano. El arte ha sido tradicionalmente el mejor vehículo de estos modos populares y casi siempre ha encontrado algún tipo de resistencia moral; nunca exento de contradicciones, como todo buen proceso dialéctico ¿Refleja el decreto 349 nuestros atávicos fantasmas en el particular? Deberíamos hablar de estas cosas, en mi opinión.

    De cualquier modo, en nuestro país, y el campo de la apreciación artística esto se ha manifestado de modo recurrente y a veces sofisticado. Allí están los comentarios y diatribas morales en contra del danzón, su intento de prohibición. Un estudio sobre la prostitución en la Habana de 1888 establece una correlación directa entre ambas cosas. Ahí están los varios decretos que de hecho prohibieron (o trataron de prohibir) la conga en Santiago de Cuba poco después del establecimiento de la república en 1902. Ahí está la prohibición del son hasta los años ´20 del siglo pasado. La prensa de la época se cebó con todas estas cosas. En la mayor parte de los casos, los defensores de los géneros preteridos estaban en minoría en la prensa plana y en la academia. Ahí están los prejuicios con la rumba, con el guaguancó y demás manifestaciones afrocubanas. La ironía de estas cosas la conocemos hoy muy bien: la prohibición no hizo nada.

    Ni siquiera la revolución se ha salvado de esto. Ahí están las contradicciones de los ´60 y los ´70 con los asuntos relacionados a la Orquesta Cubana de Música Moderna y a Irakere. Recordemos los prejuicios cuando Irakere estrenó “Bacalao con pan” o “Misa Negra”. Ahí están los prejuicios contra la salsa durante los ´90, en los que José Luis Cortés (el Tosco) un prestigioso músico proveniente de Irakere, se convirtió en la personificación de todas las embestidas. En mi opinión, hoy le toca al reggaeton. Creo que el grueso de las prohibiciones del decreto recae sobre los cultores de este género y sobre el fenómeno sociocultural que se ha generado en torno al mismo. Y es que cada vez que se produce un fenómeno de estos, expresando los “decires” y modos de la clase pobre, fundamentalmente, pero no exclusivamente, de origen afrocubano, se activan con frecuencia ciertos mecanismos de defensa basados en viejos fantasmas, pero que son, de forma bien compleja, aún parte de nuestra cosmovisión moral.

    ¿Mal gusto? Cierto. En este, como en otros géneros, hay todo tipo de cultores. Una buena (pero no toda) parte de nuestra producción audiovisual y musical, sobre todo televisiva, se ha caracterizado desde hace mucho por la mediocridad, por tristes omisiones, por el facilismo y la sensiblería, etc. Desde musicales hasta telenovelas promueven visiones del mundo bastante mediocres, reaccionarias y excluyentes. Sin embargo a nadie se le ocurre prohibirlo pues estos entran dentro de los cánones de aceptación moral y expectativas estéticas de una buena parte del público, las cales fueron, a s vez, moldeadas por instituciones como el ICRT. Pero todo esto parecía ser del beneplácito de nuestras autoridades, que no tenían ningún problema con eso. Esto incluye probablemente a muchos miembros de nuestras instituciones culturales, las mismas que hoy tienen todo el poder para definir lo artístico.

    Pero que se acepten determinados cánones, y se rechacen otros, no quiere decir que la institución dominante tenga necesariamente la razón, o la definición correcta. Sin embargo, opino que el decreto 349 parte de esta base y borra de un plumazo a un montón de creadores independientes, de forma punitiva e injusta. Un país, además, donde los creadores crecen como la hierba, y dónde su relación con las instituciones ha sido tradicionalmente (antes y después del ´59) complicada, no debe crear parámetros tan estrechos para la expresión artística. El debate debe existir. Tenemos que hablar entre nosotros todo el tiempo para que la mala hierba no crezca. El arte no tiene que quedar bien con todos. Pero si dejamos que cada cual haga suyo, la vida nos va a sorprender con muchas cosas que pensábamos que no iban a trascender. Puede que incluso terminemos aceptando algunas.
    Chano Pozo tenía su “Blen Blen Blen”, su “Manteca” y su “Tin Tin Deo”, y la vida ha demostrado que eso es parte de nosotros también.

    Es lo que la historia del devenir cultural nos muestra. Desde el “trobadour” medieval hasta el hip hop. La génesis de lo artístico es una poblada de re-interpretaciones, de trasgresiones, de entrecruzamientos genéricos y temáticos, de propuestas morales, etc. Es un continuo proceso de definición, lleno de contradicciones, al igual que la sociedad humana. A muchos nos gustaría tener un cuadro de Toulouse Lautrec (el cual se inspiró muchas veces en los burdeles parisinos) ó uno de Egon Schiele (el cual vivió escandalosamente obsesionado con la sexualidad femenina). Es cierto, la intención estética importa; y la de estos dos grandes artistas es obvia. Sin embargo, eso no evitó que los malinterpretaran y los tildaran de inmorales y anatemas ( a veces desde el más pulcro y “científico” academicismo cultural).

    Lo mismo le ocurrió a nuestro gran Carlos Enriquez, al cual criticaron por su obsesión con los desnudos y su vida bohemia. ¿Se hubiera preocupado tanto Enriquez por el “mamita quiere que le den”, o se habría inspirado en ello, al igual que Lutrec en los prostíbulos parisinos? Lo irónico es que ahora muchos preteridos son parte del contenido culto de apreciación artística y no objeto de la cruzada por el buen gusto, lo cual demuestra que nuestra cruzada por la belleza pide a gritos una visión más dinámica y dialéctica de lo estético. El decreto 349, en mi criterio, obstruye este debate.

    A veces me vienen a la mente los dilemas que se armaron alguna vez, ¿todavía hoy?, con el término “asere”. Este no está aún en el diccionario, pero su uso está tan extendido a través de tantas generaciones en Cuba, que la gente no se toma en serio una película donde haya jóvenes (y no tan jóvenes) que no lo empleen entre ellos. ¿Como evaluar cuando un compositor menciona la palabra “asere” en el contexto de una canción? ¿Chabacanería o sentido de pertenencia?

    Siempre pienso en los dibujos animados cubanos de las ratas que son derrotadas en el huerto escolar por los soldaditos de juguete. Las ratas eran la representación de la chabacanería y lo antisocial. Sin embargo, es increíble como el lenguaje empleado por esos antihéroes (“hay que miedo” “eh, culpa de ques”) es lo que más pegó en generaciones de niños. Cuando esto sucede hay que revisarse. Hay algo que evidentemente no hemos estado entendiendo bien en torno a la forma en que el lenguaje, los usos y los modos evolucionan y la forma en que las sociedades se apropian de ellos. Y si no ahondamos en ello, opino que nuestra lucha por la belleza dejará de ser objeto emancipatorio y terminará siendo una cruzada reaccionaria.

    Es una pena que no podamos vivir dos siglos más. Pero me interesaría ver que opinaría la sociedad cubana del año 2218 sobre aquello de “mamita quiere que le den” o “chupa, chupa el pirulí”. De cualquier modo, no hay mejor medicina que una sociedad educada, abierta y diversa para decantar lo que no sirve. Ese es, en mi opinión, el escenario que deberíamos diseñar, y en el cual nuestras instituciones culturales debieran llevar la vanguardia.

    1. ¡Magnífica disertación!
      Felicitaciones por su preparación y capacidad para transmitir ideas.
      Gracias por brindarnos su opinión de moda tan profesional.

    2. Andrés, es estimulante leer su comentario. Suscribo la mayoría de sus puntos. Tiene usted razón cuando se refiere la permanencia en Cuba de una moral de origen pequeño-burguesa (la clase más conservadora), occidental y blanca. Y claro, el reguetón hace parte de la cultura popular que por lo general surge en las periferias simbólicas, geográficas y clasistas.

      Dijo usted algo que genial que también comparto: el reguetón ha sido la vía de movilidad social (progreso material, reconocimiento social) de muchos jóvenes negros y pobres que estarían desempeñando trabajos menos remunerados o metidos en otras cosas. Jóvenes que tienen un talento que en otros géneros o campos del arte no serían valorados.

      La vulgaridad, la chabacanería no son patrominio exclusivo del reguetón. Como bien dice usted esa lucha se inició en los 90 contra la timba y la perdieron.

      Dice el Chan Chan de Compay Segundo: Cuando Juanita e Chan Chan/ en mar cernían arena/como sacudía el jibe/ a Chan Chan le daba pena.

      Qué es lo que le daba pena a Chan Chan?

      Esta molestia ante el reguetón puede discutirse como la irrupción en el espacio público de expresiones que siempre permanecieron en el ámbito privado. El reguetón subvierte ese límite pero es algo que el son, la guaracha, la timba, la salsa también lo hicieron a su manera y por medio del doble sentido.

      Al menos esos géneros sirven para mostrarle a la sociedad que hay machismo, sexismo, cosificación del cuerpo femenino y masculino. Y si el reguetón viene a mostrar estas cuestiones la pregunta es si entonces los géneros tenidos como políticamente correcto pretenden imponer una imagen única de la sociedad cubana, más afin a la deseada por personas como Yasser?

      El reguetón también podría verse como un medio de subjetivación político a lo Jacques Rancière. Porque al final, qué estaría siendo un hombre negro y feo (sus propias palabras) como Chocolate MC sino fuera reguetonero? A qué se dedicaba Alexander Delgado antes de ser el ídolo que se tornó? CAlexander tal vez no tenía aptitudes para entrar en conservatorios de música, o carecieró de esa oportunidad por factores de diversa índole, pero ha recibido el reconocimiento de buena parte del sector artístico.

      Si Alexander o Chocolate MC desempeñaron los roles que la sociedad esperaba de ellos, lo verían como algo más natura.

      El mayor del valor de este post estigmatizante es que demuestra que personas que autodefinen como marxistas, socialistas, revolucionarias, son en realidad son defensores de posturas conservadoras, discriminatorias, elitistas y reaccionarias.

      1. Gracias Alexei. Tus comentarios son excelentes y ponen el dedo en la llaga del asunto. Coincido 100% con ellos.

        Creo que el autor trata de establecer un equilibrio entre crítica y comprensión de causas. A su propio modo trata de hacer justicia. Sin embargo, a pesar de exponer puntos válidos, no sale muy airoso del trance pues, en mi criterio, termina reproduciendo los prejuicios que golpean al género y a nuestra sociedad desde hace mucho. Creo que es bueno que hablemos estas cosas entre todos, de modo que aprendamos el uno del otro, con humildad y sentido autocrítico.

        Una de las cosas buenas de este gran debate que se está tratando de llevar a cabo en la Cuba actual es que está sacando a la luz las cosmovisiones y percepciones profundas (esas que guían nuestro comportamiento y que rara vez articulamos pues las creemos obvias) que sirven de punto de partida para muchas leyes y actitudes sociales. Dada la relativa falta de debate en décadas anteriores, muchas veces estos puntos de partida quedaban a la sombra, y casi siempre se aceptaban tácita, e incluso involuntariamente.

        Es muy positivo que nuestras perspectivas filosófico-morales se hagan explícitas. Esto es importante pues, en no pocas ocasiones, muchos supuestos filosóficos se han tomado, sin más justificación que el poder de quién los detenta, como la única verdad, actitudes que a su vez se han reproducido, de forma acrítica, en las opiniones de los ciudadanos. El peligro es que sólo la cultura dominante continúe estableciendo los límites del debate y definiendo los puntos de partida. En mi criterio, este breve artículo da muestra de ello.

        De cualquier modo, ahora que van saliendo las verdaderas profundidades a la luz, muchos cubanos andan escandalizados con las perspectivas de sus conciudadanos. Todos (yo incluido) nos preguntamos como es posible que en Cuba socialista haya gente pensando o creyendo esto o aquello. Pues si, somos una comunidad de gentes, igual que otra cualquiera, con todas las veleidades humanas dentro, sin excepción. Si alguien quiere vendernos como un dechado de virtudes, y aún pretende analizarnos desde ese punto de partida, entonces sólo nos daña. Pero, como tu bien sugieres, tenemos que reconocerlo y dejarnos de boberías, así decía mi abuela.

        Me sucedió hace poco con un intercambio de opiniones en el sitio Cubadebate dónde se trataba el tema de la obligatoriedad del trabajo como asunto a plasmar en la nueva constitución. Leí opiniones, a mi juicio, extremas y punitivas, algunas colindantes con el fascismo incluso. Sin embargo es algo que siempre estuvo actuando en los intersticios de nuestra sociedad. Si se propaga la idea de que el que no trabaja es solamente por que no quiere, y por otro lado se minimizan los asuntos estructurales detrás de la baja productividad y la dejadez de muchos, entonces se está creando el terreno para que se surjan todo tipo de resentimientos y animadversiones en contra de aquellos que el discurso oficial cataloga como «vagos».

        El ejemplo anterior es una manifestación del mismo fenómeno que nos ha traído hoy a debatir. Creo que cada uno de los que crecimos en Cuba revolucionaria hemos observado desde la escuela primaria (en mi caso, durante los 1980s) todas las manifestaciones de egoísmo, racismo, desidia, entre otros demonios, que se andaban cocinando y que ahora van saliendo como el genio de la lámpara. Es como tener un sándwich en la mano y no enterarse de su contenido hasta que aprietas las dos tapas del pan, una contra la otra, y entonces se desparrama toda la realidad por los bordes.

        El racismo es parte de este mix. Todavía recuerdo la actitud de una auxiliar pedagógica en mi seminternado cuando se dedicaba a peinar cariñosa, y elogiosamente, el pelo largo de una linda rubiecita de nuestro grupo, mientras que al mismo tiempo sólo tenía tonos fatalistas, e incluso desdeñosos, para aquellos que no tenían la «suerte» de tener ese «pelo bueno». Muchas veces los padres ni se enteraban de esto, y la sociedad lo negaba vehementemente.

        Creo que muchos de los infantes que pasaron por aquello, que la vida va demostrando que no fueron pocos, todavía andan hoy luchando con las bajas autoestimas e inseguridades. Es como el estrés postraumático: sus efectos se manifiestan incluso años después del evento que los produce. Y cada vez que encuentran algún vehículo para expresar todo aquello, entonces el brazo censor del discurso oficial intenta “pararles el carro”. Así andamos en Cuba socialista hoy, y son fantasmas y contradicciones con las que tenderemos que lidiar, y derrotar (inteligencia mediante), en el futuro.

        Lo más triste es que los encontraremos incluso entre nuestros correligionarios. Por ejemplo, opino que nuestro presidente es un buen hombre, con espíritu democrático y verdaderamente socialista, que, afortunadamente, tiene claros los asuntos tecnológicos y económicos. Sin embargo, he tenido que admitir, para mi dolor, que en el punto que discutimos aquí, es un cubano más, que arrastra y reproduce los mismos prejuicios que tratamos de exponer. Me dolió muchísimo ver su firma en este decreto, pues es alguien en cuya inteligencia y capacidad realmente confío.

        Los enconos son entendibles (si lo sabré yo!), pero necesitamos para esto cabeza fría (hasta dónde sea posible en el trópico) y capacidad de perdón, siempre y cuando exista sinceridad y honestidad de la otra parte. Mientras más leo las calumnias y falsas acusaciones que tuvo que soportar Antonio Maceo durante su vida como líder revolucionario, sólo por ser negro, más me sorprende la capacidad que tuvo para decantar todo aquello y continuar creyendo en, y luchando por, la causa que defendía, junto a aquellos que lo calumniaban (algunas veces de modo inadvertido y la mayor de las veces no). Que clase de tipo y menos mal que no tiró la toalla!!! Como tampoco la tiró más del 50% de los soldados del ejército libertador, que también eran negros y mestizos. Todas las autoridades morales asisten a la población afrocubana para reclamar su lugar en esta hermosa nación de todos.

        1. Soy yo el que te agradece, una vez más, por compartir tus puntos de vista y experiencias. En la Cuba de hoy, hablar de racismo sigue siendo tabú porque a no pocos (la mayoría blancos) el tema le resulta incómodo. Me llama mucho la atención que los argumentos que se presentan (hablar de eso puede mellar la unidad de nuestro pueblo, en Cuba no hay racismo porque la Revolución garantízó la igualdad de todos, todos somos iguales, etc) no son muy diferentes a los que, por ejemplo, coloca la derecha brasilera para deslegitimir el activismo de colectivos que luchan contra la discriminación racial en Brasil.

          Si algo han demostrado los blogs y demás plataformas digitales, es la diversidad y la pluralidad política que existe en la sociedad civil cubana. Una diversidad y una pluralidad que infelizmente no está representada en los máximos órganos del Estado. No hay propaganda que me convenza de lo contrario.

          Los conservadurismos que hoy se manifiesta publicamente junto con otras posturas más de vanguardia, pulverizan el mito -tan caro al socialismo de Estado- de la unidad en torno a un Partido y su ideología. Convengamos que esa unidad es impuesta a base de coerción (generalmente simbólica) y consenso.

          En una situación ideal, la Asamblea Nacional dialogaría con los artistas en relación al decreto y si fuera necesario, vetaría o alteraría parte del decreto. Pero en nuestra situación real sabemos que sobran los dedos de la mano para contar los diputados que se atreverían a impugnar un decreto del Consejo de Estado. No apenas por miedo o falta de práctica, sino porque la Comisión de Candidatura hace muy bien su trabajo cuando escoge a los candidatos al parlamento.

          No me extraña que ese decreto entre en vigor luego de la salida de Abel Prieto del Mincult y la llegada de Alpidio Alonso, otrora funcionario del Dpto. Ideológico. Abel se fue a la Oficina del Programa Martiano a echar los años que le quedan (y ojalá sean muchos y con salud) lejos los constantes revuelos y polémicas.

          Te cuento algo. Días después del golpe contra Dilma Rousseff, Michel Temer decretó la extinción del Ministerio de Cultura. Acto seguido, decenas de artistas de todas las áreas se pronunciaron en contra y miles de jóvenes artistas, militantes de partidos progresistas, integrantes de movimientos sociales, estudiantes y trabajadores, ocuparan las sedes del Ministerio de Cultura en todos los estados de Brasil. Resultado: el decreto fue derrogado y el Ministerio restituído.

          Y créeme, Brasil dista mucho de ser una una democracia ideal y nunca ha pretendido colocarse como un paradigma a seguir por nadie.

          En nuestro país, en cambio, los pedidos por una Ley de Cine, por una legislación que proteja a los animales, entre otros temas, no parecen ser iniciativas bien acogidas por los decisores. No existe un solo caso de una ley aprobada que haya sido resultado de la iniciativa legislativa de un grupo de ciudadanos. Y por ahí vamos…

          Y si de democracia hablamos. Es democrático extinguir la Asambleas Provinciales para en su lugar colocar gobernadores designados por el Gobierno nacional? Todo en nombre del fortalecimiento de los municipios.

          En un contexto tan complejo, hacerse demasiadas expectivas con Díaz-Canel es correr el riesgo de ser injustos con él y con nosotros mismos. No obstante, espero poder evaluar con objetividad los resultados de su gestión, aunque eso es algo que los que están en Cuba lo hacen a diario.

          Saludos

          1. Muy de acuerdo Alexei.

            Un saludo cordial

            ps: No conocerás por casualidad a algún Banderas por allá? Un cubano percusionista excelente y muy amigo mío.

  5. Yasser: en primer lugar, la marginalidad no es un valor, sino una condición que resulta de la pobreza, la desigualdad, la exclusión y las pocas posibilidades de movilidad social.

    Colocar la marginalidad en el terreno de los valores es sugerir que las personas que viven en barrios pobres con miles de problemas económicos, sociales, familiares, etc. son culpables por su condición de marginales. Decir que ellos son así porque quieren, ya que la Revolución les dio todo (o casi todo), emula con el discurso neoliberal que afirma que los negros e indios no avanzan porque son vagos, o no aprovechan las oportunidades.

    Todo lo que el reguetón trae en sus letras, ritmos, la estética de sus cultores y de los clips que lo promueven, son reflejo de una Cuba que está allí, que existe pero prefiere ser negada, invisibilizada por las instituciones culturales dominantes. Como el hip hop, el rap y el funk brasilero, el reguetón es exponente de las culturas periféricas y desde las periferias geográficas y simbólicas se ha extendido, en parte, gracias a la socialización del Internet y los dispositivos de almacenamiento digital. Además de eso, la innegable calidad de algunos reguetoneros abrió la puerta de varios medios de comunicación.

    En un mundo capitalista como el nuestro, todo aquello que es susceptible al consumo, capta el interés de las industrias culturales. Aunque, vale aclarar que las TIC facilitan la existencia de un mercado paralelo, o sea, al margen de los medios hegomónicos.

    No entiendo como personas que se dicen marxistas (materialistas diálecticos) pretendan que la Isla sea un dechado de virtudes cuando sabemos que los problemas sociales y económicos se agravan más cada día.

    Llama mi atención que mientras en Brasil el funk (nacido en las favelas) nos motiva a analizar críticamente cuestiones como violencia, pobreza, desigualdad, racismo, en Cuba, personas como el autor, se empeñan en condenar una expresión popular, al tiempo que nada o poco dicen en relación a las causas de esa marginalidad que tanto critican.

    El decreto ha sido criticado por destacados artistas e intelectuales en público y privadamente. No todos los que lo han hecho son opositores del gobierno cubano. Por lo tanto, decir que los contrarios al decreto son pagados es una generalización mentirosa.

    El texto es sumamente débil a la hora de probar que el decreto no vulnera la libertad de expresión y la libertad de creación artística. El argumento del autor es una afirmación que no se basa no en un análisis serio.

    La historia no miente. Ella nos demuestra que en Cuba la libertad de expresión plena es privilegio de los que por nada en la vida disentirían del sentido común oficial. Para el resto, la libertad de expresión no es completa.

    El decreto afecta también la producción audiovisual y es una bofetada en la cara de los cineastas y realizadores audiovisuales que durante años se reunieron en reclamo de una ley de cine. Es un puñetazo en la mesa para aturdir a la centenas de personas que integraron el Cardume, tras la censura del corto Quiero hacer una película. Al parecer, nada de eso conoce el autor.

  6. Este párrafo merece un comentario a parte:

    “Las expresiones culturales que hoy se quieren atacar son las formas naturales de expresarse de todas aquellas personas que hoy viven en la economía del CUC, compuesta por los ingresos mal habidos, las remesas, el robo al estado, el invento, el trabajo directo con los turistas extranjeros, e incluso parte del cuentapropismo. Ese mundo ha crecido a la sombra de la economía oficial, vive en una Segunda Cuba, consume el paquete, y se comunica todos los días con Miami. No es de extrañar que dicho mundo haya creado su propia cultura, y que esta devore cada día los restos de la cultura socialista cubana.”

    Esta afirmación podría ser suficiente para hacer una demanda colectiva por difamación contra Yasser, pues él dice literalmente “todas aquellas personas”, estableciendo una relación causa-efecto: o sea, los y las ciudadanas que se expresan por medio del reguetón reciben remesas, le roban al estado, inventan, trabajan directamente con turistas extranjeros, son cuentapropistas y captan ingresos mal habidos.

    Los que escuchan a Buena Fe y Silvio, son personas que no reciben remesas, viven de su salario estatal, no trabajan con extranjeros, no son cuentapropistas, etc. ¿Qué música escuchan entonces los corruptos de cuello blanco?

    Imagino que Yasser sea un paladín de la moralidad para atreverse a juzgar a sus conciudadanos al vincular sus preferencias musicales con la práctica de delitos comunes.

    Yasser debería disculparse públicamente porque su afirmación ofende a muchas personas que a diario escuchar reguetón y no son delicuentes. Máxime cuando todos sabemos que la mayoría de los reguetoneros y sus seguidores son personas negras y mestizas que vienen de barrios muy humildes, en lo que se viven una Cuba muy diferente que la que el autor conoce.

    Lo de comunicarse con Miami todos los días no merece comentarios. Ahora lo del paquete. Caramba… y por qué será que muchas personas en Cuba, sobre todo jóvenes, prefieran los productos culturales del paquete y no los de la Televisión cubana. ¿Cuántas novelas se producen en Cuba cada año y qué calidad muestran ante las brasileras? ¿Qué pasó con el espacio “Aventuras”?

    ¿El autor tiene idea de qué cosa es la globalización y cómo esta se expresa en el campo cultural?

    Díaz-Canel fue al concierto de Gente de Zona con Laura P. ¿Quién lo criticará por asistir a la presentación de un trío de artistas frívolos? Es obvio que los valores estéticos de la cantante italiana y el dueto cubano están más cerca del Miami way of life que de lo que Yasser llama “cultura socialista”. Por respeto a su propio intelecto y los lectores Yasser debería poner aquí su definición de cultura socialista, qué incluye y qué excluye.

  7. El autor del post, defendiendo (con vergüenza) lo indefendible se ha ido «con la de trapo» aunque intercala su criterio de que no importa lo malo (que es todo) del Decreto, porque en definitiva no será efectivo, cosa difícil de compaginar conociendo la voluntad y aplicación que se gastan los burócratas gubernamentales cuando se trata de reprimir y negar derechos.

    La critica al contenido del post creo que se ha expuesto con gran nivel de objetividad y argumentos en los comentarios anteriores.

    Solo quisiera agregar algo que no se toca en el post, (que no depende de la comunidad ¿delincuente? del CUC ni de los viejitos de Miami) y que gran parte de esa generación de «maleducados» y «chabacanes» son el fruto directo de la debacle de la educación primaria y secundaria en Cuba en los últimos 20~25 años.

    Los «brillantes» experimentos impuestos y liderados por el difunto comandante, descartando la educación existente anteriormente y sustituyendo lo probado por «la escuela en el campo» y después ante la crisis de verdaderos educadores por los «maestros emergentes» dan sus frutos en buena parte de la juventud actual.

  8. Esto dijo René y Silvio lo apoyó:

    Todo eso de la “expresion artistica” y ese Decreto Ley reafima mi conviccion de que hay que evitar por todos los medios que se siga gobernando mediante Decretos Leyes; hay que lograr que La Asamblea Nacional trabaje de verdad y se reuna al menos cada dos meses y no dos veces al año para levantar las manos y aprobar decretos. Hay que redactar las futuras leyes y llevarlas a una Asamblea Nacional que trabaje y apruebe o rechace lo propuesto. De lo contrario seguiran reuniendose un grupito de “superinteligentes” para decidir por el pueblo. Así no iremos a ningun lado.

    http://segundacita.blogspot.com/2018/08/propuesta.html?showComment=1535808489823&m=1#c5673796797746212249
    .

    1. Y tiene razón Manuel. Si bien los decretos-leyes tienen su función dentro de nuestra estructura política, no debería haber más decretos-leyes que leyes. Es un poco ad hoc. De cualquier modo, no creo que el tema bajo discusión es de los que deba ser sometido a ley y discutido en la asamblea nacional.

      Nuestra asamblea y nuestras estructuras de gobierno, así como todo el conjunto de nuestra sociedad, están recién re-aprendiendo a lidiar con la controversia y con el debate de zonas espinosas. Bajo estas condiciones, estoy seguro que la asamblea hubiera votado del mismo modo, máxime cuando se trata de un tema tan poco discutido y entendido en nuestro país. No me gusta especular, pero probablemente hubieran aprobado la ley y perpetuado la injusticia. Creo que pasará un buen tiempo antes de que desaparezcan las falsas unanimidades en nuestro cuerpo legislativo.

      Creo que, en el tema que nos ocupa, es mucho más pertinente citar el comentario de Silvio, que está justo encima del que citas. Como casi siempre, en estas cosas Silvio nunca me decepciona (ya me estaba preguntando que pensará al respecto). Por ejemplo, y sólo cito fragmentos, reconoce que «para algunos no poner límites legales a los contenidos» significa «admitir que habrá que sufrir pasivamente todo tipo de ataques y ofensas a la Revolución y a sus héroes». Obviamente que plantea su desacuerdo al respecto. Pero poco más adelante plantea «Pero, sinceramente: a mi me parece que eso no tiene sentido, que nadie con dos dedos de frente, con un mínimo de sensibilidad quiere la libertad para ofender a nadie, y que los que se expresan así no quieren libertad ni quieren nada de verdadero valor, mucho menos el arte.»

      El último párrafo y la última oración de su comentario los reproduzco aquí completamente:

      «Por otro lado, hoy existen expresiones que pueden interpretarse como políticas pero que responden a un fenómeno expresivo que se está dando a nivel universal en sectores económicamente marginales. No sólo en Cuba, pero hay que reconocer que en Cuba también. Y creo que pudieran encontrarse soluciones para que estas expresiones, que a mi modo de ver son auténticas porque son voces de nuestra realidad, tengan sus espacios. De la misma forma que a partir de una hora los materiales que se ponen en tv son para adultos, así pudiera hacerse con lugares, con horarios para los que gusten de esas expresiones.

      En fin, como todos los asuntos complejos, este necesita de mesura, de objetividad, de madurez.»

      Es la forma en que pienso también.

        1. Solamente ponga en Google “no fue aprobado por la Asamblea Nacional” Cuba. Pongalo asi entre parentesis, vea cuantos resultados. Cero. De los 11 resultados, ninguno pertenece a Cuba.

          1. Ahora ponga: “fue aprobado por la Asamblea Nacional” Cuba.
            324 resultados, casi todos de nuestra Asamblea, que algunos llaman El coro de la Habana.

  9. el problema es que esa segunda cuba ya no es tan segunda, sino se esta erigiendo como hegemónica. quizás alternativas como el trabajo de buena fe, al mezclarse con figuras del mundo del regueton en vez de excluirlas y despreciarlas es una mwjor opción que asumir una ética elitista respecto a productos que gozan del consenso de gran parte de la población

  10. Que paso con el «patio de maria » se autodisolvio o lo disolvieron ? y el festival que se hacia por una playa alla en la Habana : Rotilla ??? se autodisolvio o lo disolvieron ? …….con decreto o sin decreto hago siempre lo que quiero ……porque sigo siendo el REY .
    El decreto apunta contra contra esa parte de la intelectualidad y todas sus manifetaciones que escapan al control estatal , a los que se presenta en los bares particulares contratados por sus propietarios y que no pertenecen a ninguna institucion oficial (haciendo sus CUC sin sentido de control estatal ) o andan por cualquier rincon de la habana vendiendo su «arte» …..a la intelectualidad creciente que tiene posicionamiento ideologico «disociante del poder gubernamental «o a la Revolucion ……que por ende no estan atado a ninguna organisacion cultural del estado, ….en fin el mar …..se pretende silenciar , bloquear , controlar , destruir todas esas manifestaciones que desde el punto de vista oficial ……son contrarias a las buena educacion socialista .
    Es un decreto que No va a resolver los problemas pero intimida por el contenido de el mismo …….es una mordaza inmediata a problemas sensibles para la ideologia y la politica gubernamental .
    Yo estoy por el control de el ruido , esos bicitaxis altavoces hay que extinguirlos y es facil ….tu tiene el derecho a poner la musica que tu quieras o tu usuarios quieran pero con …………….ECOUTORES , es para tu consumo y tus usuarios …..NO PARA LA VIA PUBLICA . asi con los vecinos generosos que nos obligan a escuchar su musica de preferencia TODO EL DIA Y TODOS LOS DIAS …………tabarnak ! , hay que regular eso en nombre del buen vecino y la salud de las orejas .
    Solo que un decreto por esto y un decreto por lo otro …..NADA TIENEN QUE VER .
    El decreto 349 lleva implicito censura , si bien NO todo en él, es malo……… hay una buena dosis de politiqueria al mas burdo estilo stalinista , increible en tiempos en que el la politica cubana intenta deshacerse al menos teoricamente de esa mala sombra.
    El presidente Canel firmo …..su primer gran error politico .Yo lo compararia con el error de Fidel cuando elimino la propiedad privada . Las consecuencias se veran en el futuro mediato.
    La capital de todos los cubanos se ha convertido en un laboratorio social con tantas experimentaciones personales de sobrevivencia a la vez ……..que se hace casi imposible de controlar , son viejos y nuevos problemas que se entrelazan como un nudo geogiano y se eternisan en deprimento del nivel de vida y la cultura general ……..nuevos politicos con viejas politicas se empecinan en controlar las diferentes manifestaciones de el eterno cubaneo .

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