Adopción homoparental: luz en la oscuridad

Por: Yasvily Méndez Paz

Albert Einstein preconizó que “el verdadero valor de un ser humano puede hallarse en el grado hasta el cual ha conseguido liberarse de sí mismo”; savia imperecedera que tanto necesitamos en estos tiempos. Y lo digo porque días atrás un profesor afirmaba con total vehemencia que aceptar la adopción homoparental conduciría al exterminio de la especie humana; parece irreal que todavía se apliquen concepciones biologicistas a análisis sociales, sin tener en cuenta el carácter psico-social del ser humano.

Ello nos permite hacer algunas reflexiones, ¿debe ser la orientación sexual una condición para negar o permitir el derecho a la adopción? ¿Pueden las familias homoparentales proporcionar las condiciones para el desarrollo óptimo de los menores? ¿Cuáles son las razones que conducen a posiciones discrepantes en torno al tema?

Es probable que existan familias homoparentales no aptas para ser padres/madres pero no es por su identificación sexual, y de seguro las parejas heterosexuales tampoco están exentas de ello. Conozco varios casos en que hijos provenientes de relaciones heterosexuales han sufrido las consecuencias negativas de un «azar desventurado»; existen mujeres que deciden procrear para «amarrar» (vocablo que en buen cubano significa «asir a tu pareja» mediante su responsabilidad como padre) y otras dan rienda suelta a su aparato sexual reproductivo, engendrando más pequeños de los que pueden alimentar, educar y proteger. Y no podemos soslayar a los que son excelentes padres y madres, a pesar de tropiezos, desilusiones y desesperanzas.

Tengo la certeza de que la comunidad LGBTI puede ejercer con decoro el derecho a la maternidad/paternidad, a juzgar por sus cualidades como hijos, hermanos, compañeros de trabajo e, incluso, su «buen tino» de tender una mano a quienes les han puesto zancadillas en el pasado; no debe ser la orientación sexual o la identidad de género el epicentro de esta problemática, sino el bienestar de niños y adolescentes en ambientes familiares donde primen relaciones de afinidad, afecto y comprensión.

Desde inicios del presente siglo instituciones internacionales de reconocido prestigio, como las Asociaciones Americanas de Psiquiatría, Psicoanálisis y Psicología, dan fe que el desarrollo óptimo de los niños se basa en vínculos estables de compromiso y crianza; que tanto gays y lesbianas como heterosexuales tienen similares probabilidades de proporcionar ambientes sanos y protectores para sus infantes; y que la evaluación de las cualidades parentales debe hacerse sin prejuicios sobre la orientación sexual.

En Cuba el CENESEX, entre otros organismos y connotados profesionales, han rectorado investigaciones bien documentadas que desmitifican posiciones desvirtuadas sobre el tema. Sin embargo, los rezagos machistas de una sociedad patriarcal se han hecho eco en el imaginario social cubano, donde persiste cierta resistencia en aceptar que parejas homosexuales puedan adoptar.

A pesar de las posturas a favor, algunos demuestran posiciones homofóbicas; otros manifiestan su «temor» a lo que pueda representar para infantes, por desconocimiento, intransigencia, margen al error o «miedo al cambio»; en varios análisis se observa la influencia de la Iglesia Católica; y una última posición utiliza el manido pretexto de «la poca preparación cultural que tiene el pueblo cubano para aceptar dicha problemática».

La Iglesia Católica se ha mostrado reacia, no obviemos que la permisibilidad de esta problemática pudiera socavar el «poder persuasivo sobre sus feligreses», y ciertos adeptos con la inclusión de la problemática muestran su preocupación por la presión política que ello podría representar sobre el gobierno. Un colega me manifestaba sus impresiones; aludía a que existe un interés político en que se apruebe el Artículo 68 del Proyecto de la Constitución, pero el gobierno tendrá cuidado de no ignorar las posiciones conservadoras que se han expresado al respecto, y en especial cuidará su relación con la Iglesia Católica «que es de interés político mantener».

A su juicio, la adopción homoparental pudiera limitarse como una concesión ante esas fuerzas, y que se sientan, de alguna manera, representadas; así se convertiría en objeto de negociaciones para pasar la unión consensuada entre dos personas, algo que es distinto al matrimonio. Por supuesto, mi colega está en desacuerdo con esto pues «los derechos no pueden estar sujetos a negociaciones políticas, ni ser moneda de cambio».

Aristóteles consideraba que “el único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”; esperemos que tanto la familia, instituciones culturales y educativas, los medios de comunicación, la Iglesia, la ciencia y el gobierno en Cuba, aumenten los niveles de conciencia sobre la necesidad de luchar por una sociedad más inclusiva, que respete los derechos humanos sin prejuicios por orientación sexual e identidad de género. Mucha luz debe arrojarse todavía, pero estemos dispuestos a consensuar; sin diversidad de criterios… el debate fenece.

Para contactar a la autora: echucuba151183@gmail.com

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