La autonomía del municipio

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Uno de los aspectos más interesantes del nuevo proyecto de Constitución es el que tiene que ver con el papel que se le reconoce al municipio. En ese documento plantea la propuesta de que dicha entidad cuente con la autonomía necesaria para el cumplimiento de sus funciones:

 “ARTÍCULO 163. El municipio es la sociedad local, organizada por la ley, que constituye la unidad política pri­maria y fundamental de la organiza­ción nacional; goza de autonomía y personalidad jurídica, propias a todos los efectos legales, con una extensión territorial determinada por necesa­rias relaciones de vecindad, econó­micas y sociales de su población e in­tereses de la nación, con el propósito de lograr la satisfacción de las nece­sidades locales. Cuenta con ingresos propios y las asignaciones que recibe del Gobierno de la República, en fun­ción del progreso económico, el de­sarrollo social de su territorio y otros fines del Estado, bajo la dirección de una Asamblea del Poder Popular y su Consejo de la Administración.

Lo cierto es que el municipio puede llegar a ser el escenario más importante para el fortalecimiento de la democracia socialista cubana.

La transición al socialismo es un proceso complejo, que impacta sobre todas las superestructuras de una sociedad. Es inevitable que se deban crear nuevas instituciones que le permitan al pueblo organizarse y ejercer su nuevo poder. Muchas veces, como en el caso de los soviets tras la Revolución de Octubre, estas instituciones surgen como parte del proceso mismo de la ruptura con la sociedad anterior. Pero también es posible que una institución tradicional, como es el caso del municipio, se convierta en pilar del Poder Popular, sobre todo cuando dicha institución contó siempre con elementos que la convertían en un baluarte de la solidaridad comunitaria.

José Martí llegó a decir que el municipio fue lo mejor que dejó España en América después de la dominación colonial. Se trata de una institución que hunde sus raíces en la tradición política y jurídica de la antigüedad y el medioevo latinos. En la antigua Roma, el municipium era una comunidad que se gobernaba por sus propias leyes. Tiempo después, formó parte de la estructura de poder de la monarquía castellano-leonesa. Básicamente, se trata de una entidad política y administrativa, donde los principales elementos son el territorio, la población y un gobierno que suele ser un órgano colegiado llamado Alcaldía, Ayuntamiento o Consejo. En la mayoría de los Estados modernos en los que existen, suelen ser la entidad político-administrativa más pequeña.

El municipio posee además varias características que lo hacen óptimo para ser la base de un sistema radicalmente democrático. Por su tamaño mismo, este se encuentra más cerca de las verdaderas necesidades de los ciudadanos. La espacialidad del poder municipal cuenta con dimensiones más humanas, cuando se le compara con la de los estados nacionales. Por otra parte, el municipio latino posee una carga histórica de prácticas e imaginarios, en la que se conserva algo de la vieja sociabilidad medieval con sus conceptos de vecino y vecindad. Es el espacio por excelencia para el desarrollo orgánico de la comunidad.

En Cuba, el municipio ha sido una entidad significativa desde los tiempos de la colonia. Tuvo un importante desarrollo durante la república neocolonial y, más recientemente, a partir la Constitución de 1976, pasó a estar organizado en Asambleas Municipales del Poder Popular. Al crearse dichas asambleas, Cuba se puso en la tradición político-administrativa de los países socialistas, pues en el fondo adoptó una estructura equivalente a la de los soviets. Sin embargo, no se perdió la continuidad con lo mejor de nuestra herencia institucional.

El problema con nuestros municipios como escenarios del poder popular y de la democracia socialista es que, por un lado, se basan en el concepto de soviet que surgió de la Revolución de Octubre, pero que, por el otro, arrastran las mismas taras que los soviets territoriales de la Unión Soviética, en la época de Brézhnev. En el momento actual, tienen poca independencia con respecto al poder central, no existe en ellos cultura de transparencia y responsabilidad en la gestión pública, falta un sistema de información de las decisiones, etc. Muchas veces, las instituciones partidistas toman el papel de las del poder popular.

Existen algunos problemas crónicos que debilitan el papel del municipio

Aunque muchas veces los delegados y autoridades del gobierno municipal tienen buenas intenciones, no pueden avanzar con sus planes para resolver problemas de la población por la falta de recursos. La participación popular misma se ha visto debilitada porque la gente no quiere participar en un órgano que no tiene verdadero poder para resolver problemas. Por otra parte, muchas veces los municipios no engloban una comunidad que tiene una identidad unitaria, sino que agrupan varias comunidades o población dispersa. Incluso existen casos de arbitrariedades en la división político-administrativa, que rompen el verdadero tejido social de los territorios.

La decisión de reconocer la autonomía de los municipios, en caso de hacerse efectiva- lo que pasaría por su adecuada codificación en una Ley de Municipios-, podría ser uno de los pasos más importantes en el camino hacia el desarrollo de la democracia cubana.

Los órganos del Poder Popular cubano están llamados a una necesaria renovación en el sentido de fortalecimiento de la democracia. Es necesario que los criterios de los ciudadanos, cualesquiera que estos sean, tengan un peso y un poder real. Sin embargo, toda democracia necesita blindarse de tal modo que se proteja la estabilidad y la naturaleza del propio sistema político. El sistema socialista cubano debe y puede ser protegido mediante una correcta organización de las instituciones democráticas. ¿Qué mejor manera de alejar la posibilidad de que el socialismo sea derrocado que organizando una democracia de base, centrada en el nivel local? Cuando los ciudadanos pueden desarrollar su libertad política participando libremente en los problemas de su comunidad, que son en definitiva los que más les conciernen, entonces dejan de tener sentido todos los reclamos de pluripartidismo, introducción del neoliberalismo, o abandono del sistema socialista.

La verdadera alternativa al pluripartidismo es la democracia socialista de base, centrada en el nivel local. En Cuba eso fue claramente comprendido por Fidel y quienes conformaron la Constitución de 1976. No existe mejor ejercicio democrático que ese que se ejerce en el barrio, con las manos alzadas, sin partidos ni politiquería. Y nosotros tenemos el deber de aprovechar la tradición comunitaria que tenemos en materia de ejercicios de democracia directa.

El nuevo Proyecto de Constitución nos permite tener esperanzas de que los graves problemas del municipio sean enfrentados. Y es menester enfrentarlos, porque no habrá democracia completa si los poderes locales no cuentan con un presupuesto sólido. No habrá democracia completa si la rendición de cuentas sigue siendo un proceso formal y poco fiable. No habrá democracia completa si los gobiernos provinciales y el gobierno central siguen controlando completamente la vida de los municipios. Se necesitan cambios en las leyes y también mucha educación popular, porque de nada servirá que se le de herramientas de poder al pueblo si el pueblo no extiende la mano para tomarlas.

Queda mucho camino por recorrer, pero todavía el municipio puede llegar a ser el ágora de nuestro socialismo caribeño.

Para contactar al autor: yasselpadron1@riseup.net

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