¿Y el peso cubano?

Por: Mario Valdés Navia

El hecho de que el 17 de este mes de septiembre se cumplan 104 años de la presentación de la propuesta de ley que instauraba el peso cubano como nuestra primera y única moneda nacional (MN) y que él no aparezca ni mencionado en la propuesta de constitución que estamos analizando me obliga a volver sobre el tema.

(Artículo relacionado: El peso cubano cumple 104 años)

Vale recordar que, apenas un mes después, en abril de 1915, se declaró como delito rechazar el peso y se advirtió oficialmente a las entidades que podían ser procesadas por no admitirlo como medio de pago. Su puesta en práctica concluyó en septiembre de ese mismo año, con el decreto presidencial que prohibía la circulación de la moneda extranjera en todo el territorio nacional.

Hace catorce años, cuando se tomó la decisión de sustituir el dólar, que circulaba libremente en el mercado cubano desde la aprobación de la dualidad monetaria en 1993, por un billete cubano que lo representara (BCC: Resolución 80, 2004) empezó a hablarse, de manera festinada, de la existencia de dos monedas cubanas.

Realmente el CUC nunca ha sido una MN, sino una representación del dólar al interior de las fronteras cubanas que debía sustituir, uno por uno, a los $ que entraran al país. En otras palabras, una ficha para el consumo interno que sustituyera al $ real –el cual quedaría a disposición del BCC, CADECA mediante- y que no tiene valor alguno como divisa internacional. Una especie de nueva dolarización a lo cubano.

El CUC nos permitiría blindarnos ante las maquinaciones a que nos exponíamos con el uso de la moneda imperial en transacciones internas y externas. Desde entonces, aunque no se penalizaría la tenencia de divisas foráneas, ni se prohibirían las cuentas de ahorro en esa moneda, sí se obligaría al cambio de las divisas para su uso en la circulación monetaria interna. Realmente, hoy ya nadie puede saber si los CUC que hay en la calle, y los que se siguen imprimiendo, representan realmente la cantidad correspondiente de dólares.

Aquella fue una respuesta política, soberana y soberbia, al incremento de las presiones estadounidenses, quienes habían multado exageradamente a un banco suizo que prestaba servicios a Cuba de cambio de los dólares en efectivo recaudados en la red de ventas en divisas. Adicionalmente, se desestimularía la entrada de remesas y otros flujos nominados en dólares estadounidenses, a favor de los euros y otras divisas, al imponerle al $ un gravamen del 10% para su cambio en CUC.

Con la extensión en el tiempo de esta anómala situación, vinieron los problemas archiconocidos que han creado un desbarajuste mayúsculo en la economía cubana y motivaron que, en el 2013, el Consejo de Ministros adoptara el acuerdo de comenzar a trabajar en el proceso de reunificación monetaria. Cinco años después estamos esperando aún el famoso Día 0, en que diríamos adiós al advenedizo CUC y volvería a reinar el legítimo soberano de la circulación mercantil cubana: el peso.

Más allá de disquisiciones monetarias, mi preocupación actual es que en el proyecto de Constitución que discutimos no aparece por ningún lado la reafirmación del peso cubano como nuestra MN. Por eso insisto en que debe haber un artículo que lo proclame a los cuatro vientos y que demuestre la intención real del gobierno de volvernos a la normalidad cambiaria y monetaria.

Yo no sé qué cálculos se hacen y para cuándo será el Día 0, pero dudo mucho que al país le vaya peor con una moneda única que con las dos, tres o cuatro que funcionan hoy, a lo que se suman las varias tasas de cambios diferentes entre CUC y CUP (1×1, 1×2, 1×10, 1×23, 1×24, 1×25) y la inevitable desconfianza internacional y nacional respecto a cualquier dato de la economía insular. Lo cierto es que nadie puede saber a ciencia cierta cuál es el valor real de lo que producimos e intercambiamos en medio de este huracán en que se ha convertido el cálculo de la actividad económica cubana por haber renunciado durante tanto tiempo a nuestro añejo y querido peso cubano.