Riqueza y propiedad

Por: Mario Valdés Navia

Los debates en torno al tema de la concentración de la propiedad y la riqueza en el proyecto constitucional suelen verse por separado, pero si hurgamos un poquito nada más veremos que eso es imposible. De hecho, son dos conceptos casi del mismo orden y se dan en estrecha relación con otros que no se pueden ignorar al abordar estos temas, como son: pobreza, desigualdad y tipos de propiedad.

Ni en el ideal del socialismo, ni en sus manifestaciones prácticas, se le concibió para generalizar la pobreza, sino la riqueza. Cuando triunfó la Revolución, a los grandes propietarios y las clases medias les fueron expropiados los medios de producción que empleaban como capital para explotar a los desposeídos. En cambio, las grandes masas de la ciudad y el campo ampliaron su propiedad personal y familiar (casas, tierras, disfrute de servicios a precios módicos…), tuvieron acceso masivo al llamado capital simbólico (alfabetización, títulos, bienes culturales…) y al usufructo de bienes públicos (museos, teatros, bibliotecas, áreas recreativas…) que llenaron de riqueza cultural su creciente tiempo libre.

El ideal de socialismo no se concibió para generalizar la pobreza, sino la riqueza

En la medida en que esos mecanismos sociales de redistribución de la riqueza colectiva se deterioraron, o desaparecieron, y se incrementaron las ofertas de consumo material y espiritual a precios de mercado, los niveles de pobreza crecieron sustancialmente. Una mirada a la sociedad cubana actual nos muestra, no solo el retorno de los limosneros, vendedores ambulantes, buzos y buscavidas de todo tipo, sino otras manifestaciones del empobrecimiento que suelen estar más invisibilizadas.

Una de ellas es la desproporción existente entre los sexos en las universidades cubanas, donde hoy matriculan más de cien mil mujeres que hombres en el curso regular diurno. A no ser que ellas se hayan vuelto más inteligentes que ellos en las dos últimas décadas, es de presumir que muchos empiezan a trabajar más temprano para poder cumplir el papel de proveedor que la sociedad –a pesar de los avances del feminismo- le sigue exigiendo a los varones de manera especial.

En este entorno social cada vez más competitivo, la tendencia es que la concentración de la riqueza y de la propiedad vayan de la mano. Los estudios sobre la composición de propietarios y proletarios en el naciente sector privado muestran que el arquetipo del emprendedor actual es el del hombre joven blanco proveniente de familias de alto nivel intelectual y, casi siempre, con apoyo de familiares en el extranjero. Por este camino: mujeres, personas mayores, negros y mestizos y los de origen humilde, tendrán pocos problemas con el tema que nos ocupa porque no van a tener, ni propiedad, ni riqueza que concentrar.

En los debates parlamentarios se vertieron opiniones acerca de por qué no se puede medir la riqueza en Cuba, con argumentos infundados y contraproducentes para los intereses de la nación. En este campo hay que apelar más a la estadística seria y hacer públicas las declaraciones del patrimonio y los ingresos de todos los ciudadanos y ciudadanas. Solo así se podrá delimitar quién tiene ingresos ilegales e inmorales y sobre él caerá el peso de la ley. Afirmar que no se puede por las características especiales de la realidad cubana, sería darle banderín abierto constitucionalmente al blanqueo de dinero mal habido, proveniente de la economía sumergida y los manejos de la burocracia, en forma de capital de supuestos emprendedores.

Hacer público el patrimonio e ingresos de todos los cubanos para eliminar la corrupción

Por otra parte, es preciso que esta conexión riqueza-propiedad se establezca no solo en el sector emergente de la propiedad privada nativa, sino también en el del capitalismo de estado (empresas mixtas, asociaciones, etc), en las empresas de capital extranjero puro y en el mayoritario sector estatal. Es vox populique muchos burócratas empoderados han lucrado con bienes públicos y prebendas de sus altos cargos por años, convirtiéndolas en fuentes de patrimonio personal y familiar.

La no existencia de la obligación de hacer declaraciones juradas de ingresos y patrimonio hace que estos corruptos no tengan que rendir cuentas a nadie de donde salen sus ingresos y gastos; aunque es obvio que poco tiene que ver su alto nivel de vida con los salarios correspondientes a sus cargos. En una sociedad donde el trabajo ha de ser la fuente principal del enriquecimiento personal y familiar es una necesidad perentoria que la conexión entre riqueza y propiedad -concentrada, o no- sea transparente y precisa como deber y derecho de todos los que hemos de vivir al amparo de la nueva Constitución.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

Anuncios