Los seguidores de doctrinas

Por: Miguel Alejandro Hayes

Poco se conoce sobre la obra de Pitágoras. Apenas dejó pensamientos a la posteridad y se considera que posiblemente no escribió nada. Sin embargo, los pitagóricos se encargaron de en su nombre, enunciar doctrinas y pensamientos.

A las formulaciones de Aristóteles, los lógicos posteriores le pusieron numerosas coletillas, haciendo de su obra un dogma, donde solo aquellos que como Hegel la pensaron contextualizada en una época, pudieron trascenderla.

Descartes nunca dijo que su método era el que todos debían usar y sentenció: “Si, habiéndome gustado bastante mi obra, os enseño aquí el modelo, no significa esto que quiera yo aconsejar a nadie que me imite.” A pesar su declaración, andan por ahí muchos “racionalistas” copiando -conscientes o no- toda una doctrina de este filósofo.

Marx, anunció no tener una teoría del socialismo cuando dijo: “…yo nunca he construido un sistema socialista” pero hoy no son pocos los que repiten hasta el cansancio las supuestas ideas de la revolución socialista de este, y en su nombre han erigido procesos y sociedades totalitarias.

Trotsky por su parte, intentó inculcarle a sus seguidores la idea de no atacar la URSS y los trotskistas, durante mucho tiempo no hicieron más que dedicarse  a todo lo contrario. Como me comentaba una vez el mismo profesor de economía que conversaba con Iramís: el principal problema de los trotskistas es que no seguían los mejores aportes de su pensador guía.

Por último, está toda esa masa de militantes herederos de la ortodoxia del antiguo campo socialista, que repite consignas como la lucha de clases y ¡abajo el mercado! como evangelios de Marx, sin más fundamento que la confianza en aquellos manuales que decretaron la muerte al debate y condenaron al socialismo a un monolito “marxista”.

Pudiera seguir poniendo ejemplos, pero con estos se observa algo: tras grandes pensadores o ideas, han seguido otros que solo buscan una doctrina en la que creer, algo a lo que aferrarse y seguirlo como en acto de fe.

A lo largo de la historia este tipo de comportamiento ha predominado sobre el campo de la ciencia, la política y la sociedad. Han sido esos seguidores de doctrinas los que han venido deformando el pensamiento y el legado de los grandes. Ya le advertía Proudhon a Marx que sus ideas solo sustituirían a una religión para convertirse en tal.

Han sido bastante perjudiciales al pensamiento humano, tanto así que Descartes expresó su opinión sobre estos, los seguidores de doctrinas: “… son como la yedra, que no puede subir más alto que los árboles en que se enreda… me parece que también los que siguen una doctrina ajena… no contentos con saber todo lo que su autor explica inteligiblemente, quieren además encontrar en él la solución de varias dificultades, de las cuales no habla y en las cuales acaso no pensó nunca.”

Tras tantos años de marxismo en Cuba, en un contexto donde este es constitucional, sigue siendo un contexto fértil para que se continúe reproduciendo esa yedra que versa sobre el pensamiento de Marx; aún más peligrosa cuando esta encarna la figura de filósofos oficiales del estado y el partido, Lassalles contemporáneos, supuestamente sustentados en el estudio del Moro y sus corrientes subyacentes, que endulzan al pueblo con discurso y consignas “revolucionarias”. Esperemos que su presencia, en contra de toda lógica, no sea más perjudicial.