Rescatar el sandinismo

Foto: Reuters

Por: Miguel Alejandro Hayes

Lo usual es escribir sobre Cuba pero lo que ocurre en otras naciones también importa. Tal es el caso de Nicaragua, país del cual intenté mantenerme al margen, quizá por no concientizar la gravedad del asunto, quizá por valorar la reacción que desataría una postura al respecto.

Hace unas horas, una destacada revolucionaria y amiga latinoamericana me envió sus impresiones y las de otros compañeros. Me hizo comprender que Nicaragua es asunto de todos y que hoy para mí, hablar de Nicaragua tiene la misma importancia que hablar de Cuba.

Ya una parte de la intelectualidad de izquierda, revolucionaria y amiga de Cuba, se ha pronunciado al respecto. Entre ellos Atilio Borón, quien afirma: No se puede entender lo que está ocurriendo en Nicaragua sin tener en cuenta los síntomas de esta involución del sandinismo y el desgaste de su filo revolucionario.

Muchos todavía parten del supuesto de que Ortega es revolucionario, socialista, progresista y líder de izquierda. Eso se dice en Cuba, y muchos lo defienden a ultranza y culpan de todo al imperio. Si bien es cierto que este último considera legítimo inmiscuirse en política interna de sus vecinos, no quiere decir que todo el que se le enfrentó a él y aparentemente aún lo hace, sea bueno. Los malos también pelean entre sí.

No se puede pensar a Nicaragua con ninguna clase de fanatismo. Por eso, hago un llamado a la objetividad, a dejar de buscar la culpa siempre fuera, típica reacción, muy recurrente en las izquierdas, que solo sirve para exculpar los propios errores, ocultar fracasos propios y desplazar la responsabilidad a fuerzas externas. Búsquese qué ocurrió y ocurre en Nicaragua.

Lo primero sería reconocer -guste o pese- que la rebelión ya tiene un carácter significativo, por lo que no se puede tapar el descontento popular, por tanto, descontento con el gobierno. ¿Culpa del imperio?

No se puede hablar de la historia reciente de este país sin mencionar “la piñata”, proceso en el cual, muchos de sus cuadros y algunos comandantes, en nombre del bienestar y preservación de la “sacrosanta revolución” se hicieron de muchas propiedades. Hecho que decepcionó a la izquierda regional.

Entre esos beneficiados estaba Daniel Ortega, quien ha agregado negocios como petróleo y combustibles, canales de televisión y radioemisoras, negocios turísticos, empleando en la gestión a sus hijos.

Ocurrió el caso de Zoilamérica, hija política de Ortega que lo acusó de abuso sexual, proceso en el cual un juez “sandinista” hizo un artilugio y desapareció la causa. Saltaron a decir que era cosa de la CIA. ¿Cómo alguien va a creerse que si la hijastra lo acusa de abuso va a ser cosa de la CIA? Es como si se pudiera hacer todo mal y después echarle la culpa al imperio.

Algunos afirman la pureza del líder por su participación en gestas liberadoras, aunque después pudiese desertar, cambiar de parecer o simplemente haber atentado contra la integridad de la revolución. En Cuba también hemos tenido de esos héroes, que luego han se han comportado como canallas.

Entrando ya en lo ocurrido realmente: Ortega se alineó con el FMI. Este felicitó al presidente por su gestión y le auguró una buena racha económica al país. Ya que algunos les gusta a aplicar el dime con quién andas… ¿podemos pensar que un gobierno obrará en favor de los desposeídos de la mano del FMI? Respuestas positivas ofenderían a la Revolución cubana misma.

No podemos defender lo mal hecho solo porque es de los nuestros. Estamos denigrando la imagen de las izquierdas cuando apoyamos casos como el del gobierno de Nicaragua.

Recuerdo que en Venezuela Maduro siempre ha intentado dialogar con la oposición, intentando encauzar el descontento de ciertos sectores, siempre dispuesto a dar su brazo a torcer al pueblo; mientras Ortega gestiona a base de decretos, como el más puro caudillo.

Siempre estará la garra del Norte, ahora camuflada en USAID y NED. La Seguridad del Estado en Nicaragua ha calificado como  subversivos programas de la USAID encaminados al fortalecimiento de derechos ciudadanos, participación ciudadana, o la creación de una cultura de exigencia de transparencia a las instituciones de gobierno. Si bien todo eso es positivo, seguro lo apoyan porque beneficia a la desestabilización de la izquierda en la región.

Ahora, suponiendo que el apoyo exterior no viniera condicionado a objetivos políticos, ¿Ortega o su gobierno se sentirían amenazados con un aumento de la democracia, la transparencia y la participación?

Una cosa es ser conscientes del acecho y otra pensar que la gente molesta es cosa del imperio. Fue el gobierno, solito, el que apostó por subir impuestos y bajar ingresos de los ciudadanos. Eso lo hace el gobierno, ¿y el descontento tiene que inducirlo la CIA? Disturbios financiados de seguro hubo, pero la rebelión es resultado del descontento que se ha acumulado por el desgaste de un modelo económico y político.

Para los que sospechan, hoy las huelgas y demás se convocan en las redes. Estas, como muchos saben, encuentran un efecto viral si el mensaje tiene una base social, sin ningún organizador, con muchos centros a la vez. En todo caso, si la gente se siente mal, solo culpará al causante de la molestia.

Considero que un gobierno cuyos líderes se han enriquecido como clásicos burgueses de la región, que han sido partícipes de escándalos de abuso sexual, que han gobernado la crisis sin ceder -como si el pueblo se debiera a ellos-, y que entregaron su país a las políticas del FMI, no es para nada de izquierda, ni revolucionario ni progresista. Se ha convertido en otro caudillo.

No hay que aguantar a un traidor por no seguirle la rima al imperio. La izquierda debe combatir al primero, pero también a los segundos. La CTC no murió tras el período mujalista, fue rescatada por otros revolucionarios posteriormente. La revolución nicaragüense ha sido traicionada pero el sandinismo no ha muerto. Suéltela quien ya no la merece y dele paso a otros revolucionarios.

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