¿Fines sin medios o medios sin fines?

Por: Alina B. López Hernández

El consejo de Nicolás Maquiavelo a su príncipe: “el fin justifica los medios”, asume el pragmatismo a ultranza por encima de cualquier principio, aún los éticos. No siempre el fin justifica los medios, pero sí debe existir correspondencia entre ellos. La coherencia en la política, es una virtud.

La decisión de eliminar de los artículos del proyecto de Constitución la aspiración de llegar al comunismo, debe ser analizada como un cambio trascendental en los principios del Partido Comunista de Cuba, que, no obstante, se mantiene en el aludido proyecto como “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado” (Art. 5).

Muy poco trascendió de los debates en la Asamblea Nacional sobre ese aspecto, sin embargo, lo observado fue suficiente. A continuación transcribo el intercambio televisado entre un diputado y su presidente Esteban Lazo:

Diputado (no identificado en el fragmento televisivo): “En la Constitución del 76, la anterior, el artículo 5 habla de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista, y hoy estamos detenidos, o nos detuvimos, en la construcción del socialismo”.

Esteban Lazo: “Hay un problema importante que explicaba ahora el compañero Andollo, hay muchas cosas que en el año 76… el país vivía una situación totalmente diferente, incluso el mundo vivía una situación totalmente diferente a la situación que actualmente tenemos. Después vino el derrumbe del campo socialista y todas aquellas cosas que nosotros conocemos, pero cuando nosotros estamos analizando la Constitución, que como bien se ha dicho aquí es un documento que tiene que plantear determinadas políticas que después se ampliarán en leyes, nosotros no podemos olvidar que nosotros tuvimos un 6to. Congreso del partido y un 7mo. Congreso del Partido, y que en ese congreso del Partido y en este parlamento, en la anterior legislatura, nosotros aprobamos la conceptualización de nuestro modelo, y en nuestra conceptualización precisamente no es por gusto que no planteamos la palabra comunista. Nosotros no perdemos la ideología nuestra Marxista-Leninista, pero tenemos que ver el problema también en épocas, por eso en la conceptualización, cuando se plantea la visión, se habla de lograr un país socialista”.

Reconocer la influencia de las “épocas” es correcto, aunque demorar 28 años para hacerlo es, cuando menos, irresponsable. Claro que recordamos “el derrumbe del campo socialista y todas aquellas cosas”; también recordamos la actitud intransigente del IV Congreso del PCC en 1991 y el hecho de que un cambio así no se incluyera en la reforma constitucional del 92. Pero apartando el contenido extemporáneo de la anterior explicación, el hecho cierto es que la eliminación del término comunismo es fundamentada solamente desde una perspectiva epocal, en consecuencia, ajena al PCC, y ello intenta pasar por alto el quid de la cuestión: que la aprobación de la propiedad privada en la nueva Constitución vacía de sentido la aspiración de llegar a una sociedad sin ella; por eso es al terreno de los principios y no al de las épocas donde hay que remitirse.

Me parece realista el cambio, estoy de acuerdo con él. Pero el giro que da al horizonte ideológico en Cuba debe ser dialéctico, es decir, en forma de sistema. Si no pretendemos arribar a una sociedad comunista, ¿por qué la fuerza dirigente superior mantiene ese término en su nombre?

No es la primera vez que los comunistas llegan a una encrucijada semejante. Cuando en 1944 entendieron que no podían “saltarse a la torera (…) una etapa que (…) será realizada bajo el sistema de la libre empresa”,[1] de manera inmediata decidieron cambiarle el nombre a su organización. La Asamblea Nacional del Partido fundamentó de este modo su decisión:

“Sería larga la lista de los partidos realmente marxistas que cambiaron el nombre frente a razones trascendentales (…) En nuestro caso, el nombre socialista es justo porque el socialismo es nuestro ideal y nuestro objetivo y es oportuno porque en la etapa en que vamos a entrar han de producirse, y a ello tenderemos y por ello pelearemos, notables avances de franco carácter socialista. Y somos fieles a nuestros principios porque, si queremos de veras la transformación social, llevada a su mayor justicia, debemos adecuar nuestra actividad, tanto en orientación como en el nombre, a lo que cada etapa posibilita y señala hacia el camino en el propósito más alto. Se traicionan los principios cuando no se ponen todos los cuidados en hacerlos avanzar en el curso de una realidad y no en la imaginación generosa y desbocada de unos cuantos”. (pp. 12-13)

La reacción de algunos antiguos militantes fue contraria a esa determinación, pero, como explicara Juan Marinello, presidente de los comunistas: “como son precisamente los principios los que empujan al cambio de nombre, es fácil deducir y esperar que estos viejos compañeros (…) aceptarán convencidos el cambio” (p. 12).

A los que piensan que luchar por el socialismo y crear un partido afín con esa lucha es una traición, debemos recordarle que un pensador auténtico como el marxista peruano J.C. Mariátegui defendía el criterio de que un Partido Socialista daba mayor posibilidad de abrirse a diversos actores sociales o políticos, clase media e intelectuales; de ahí sus polémicas con la dirección del Comintern que esgrimía una estrategia sectaria. Solo después de su muerte se le cambia el nombre por Partido Comunista de Perú.

Si tal como ocurriera en el pasado, ahora también el socialismo es “nuestro ideal y nuestro objetivo” —es decir nuestro fin—, entonces deberemos adecuar igualmente a esa meta los medios políticos. Es evidente que un Partido Socialista, que represente e incluya a los actores sociales que nacerán de los cambios constitucionales, personificará mejor los nuevos principios partidistas que el actual nombre. De no hacerlo, estará en juego la credibilidad ideológica del Partido y, lo que es peor aún, correremos el riesgo de llegar muy pronto a la situación que describe el título de este post.

[1]  Juan Marinello: “El Partido Socialista Popular”(folleto),  Imprenta Luyanó 13, p. 9. En Archivo del Instituto de Historia de Cuba: Fondo 1 (Primeros Partidos Comunistas, Mov. 26 de julio y otros).

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