Una Constituyente digital

Por: Mario Valdés Navia

La aparición del Proyecto de Constitución 2018 ha creado un alto nivel de expectativas en la población y abundan los lectores que, tanto en la tranquilidad del hogar como en la vorágine de los parques convertidos en zonas wifi, la analizan y comentan con sus allegados en franca competencia con la reciente participación cubana en los Juegos Centroamericanos.

Ya la transmisión pública de amplios resúmenes de los debates del anteproyecto en la Asamblea Nacional (ANPP) nos permitió conocer por donde vienen los cambios, aquilatar la complejidad y profundidad de varios temas y la seriedad con la que fueron analizados por los diputados/constituyentes. Además, se constató el trabajo concienzudo de la comisión encargada del proyecto y los fundamentos que sostienen aquella parte del articulado cuyo análisis se socializó.

Ahora vendrá un proceso de mucha mayor trascendencia popular donde la participación directa de los ciudadanos/ciudadanas tendrá el rol primordial. Sin olvidar el fenómeno de masas que significaron las deliberaciones radiadas de la Constituyente de 1940, las experiencias más inmediatas de discusión popular para la aprobación primero (1976) y modificación después (1992 y 2002)[1] de la primera constitución socialista son precedentes honrosos e inolvidables que estamos llamados a superar.

En 1975, al someterse a consideración el anteproyecto, elaborado por una Comisión Redactora encabezada por el Dr. Honoris Causa en Ciencias Jurídicas de la UH Blas Roca Calderío –uno de los más importantes constituyentes del 40- el pueblo debatió y opinó con creces. Participaron más de 6 millones de personas y sus 12,883 propuestas de enmiendas y 2,343 adiciones al proyecto originalmente presentado llevaron a modificar 60 de los artículos iniciales, lo que demuestra la activa deliberación popular en la génesis de aquella ley fundamental que hoy cambiamos por obsoleta.

En 1990, cuando el “Llamamiento al IV Congreso del PCC” convocó a un amplio debate popular sobre las necesarias reformas al modelo cubano, en pocos meses se realizaron más de 70,000 asambleas, donde se vertieron casi un millón de opiniones. De aquí partieron los criterios que se plasmaron en la amplia y profunda reforma constitucional de 1992. En los debates parlamentarios efectuados entre el 10 y 12 de julio se produjeron 296 intervenciones de diputados, que dieron lugar a la supresión de 16 artículos, la transformación de 64 y la introducción de 13 nuevos en el texto finalmente aprobado.

Una década después, entre los días 15 y 18 del mes de junio del 2002, la mayoría del pueblo (más de 8 millones de firmas) expresó su apoyo al proyecto de reforma constitucional mediante el cual se propuso la inserción en la constitución de dos cláusulas de intangibilidad que declararan el carácter irrevocable del socialismo y la prohibición de negociar bajo coerción de un gobierno extranjero. Era la categórica respuesta a las exigencias y amenazas contra la Revolución lanzadas por el pequeño Bush en su discurso por el centenario del 20 de mayo de 1902. La ANPP aprobó esta reforma en sesión extraordinaria de la V Legislatura, celebrada los días 24, 25 y 26 de ese mismo mes.

Ahora la situación es diferente y la magnitud de la propuesta es mucho mayor, pues se trata de un nuevo texto constitucional que deroga el anterior. En este 2018  hay condiciones creadas para que el debate del proyecto pueda escapar de los estrechos límites de las reuniones de los CDR y los colectivos laborales y llegue a ser mucho más participativo y directo. Para algo estamos en la era de internet y existe un grado de conectividad en todo el país como nunca antes.

Sin dudas, este entorno propiciará que millones de cubanos y cubanas pueden dar sus criterios digitalmente –espero que con menos seudónimos, ya que la seriedad del tema amerita la participación ciudadana sin mascarillas electrónicas-. Avizoro que la mayor parte de nuestro ya numeroso y diversificado ciberespacio contribuirá al debate y enriquecimiento del documento desde sus miles de sitios web, blogs y foros.

Por mi parte, después de hacer una inesperada cola que engrosaba sin cesar, pude comprar el tabloide del proyecto y ya lo leí detenidamente. Esta primera lectura me permitió constatar su superioridad respecto al anterior, sobre todo en la actualización de cuestiones medulares como los fundamentos económicos, derechos individuales y el empoderamiento de los municipios. Ya tengo una lista de dudas, observaciones y añadidos de los que prometo escribir varios post en función de contribuir a esta constituyente digital que se nos avecina.

[1]En 1982 se le introdujo una primera modificación al cambiarse el nombre de Isla de Pinos por Isla de la Juventud pero esto no trajo consigo ningún debate trascendente.

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