El olor de mi mamá

Por: Isabel Cristina Lopez Hamze

Cuando yo era chiquita estuve mucho tiempo ingresada porque era una niña enfermiza. Mi papá se quedaba cuidándome en el hospital para que mi mamá fuera a descansar y me ponía dentro de la cuna el pañuelo que ella se enredaba en el cuello. Solo con el olor de mi mamá podía sentirme tranquila, protegida, segura, amada.

Después ella me hizo los trabajos prácticos de la escuela, me contó sobre su infancia en la Sierra Maestra, me decoloró el pelo con peróxido, me compró zapatos, me hizo tortillas de platanitos maduros fritos, me dio un pescozón, me besó, me llevó contra la tabla, me felicitó, me reprimió, me abrazó cuando yo tenía dolores de parto, me dijo mala hija, me dijo la mejor hija, me lavó la ropa, me googleó, me puso en el Plan Amigo, se puso contra el tráfico conmigo, se puso contenta, se puso triste, se puso celosa, se puso tóxica, se puso fanática a mí.

Y sigo necesitando su olor, el mismo de aquel pañuelo que me dejaba en la cuna cuando yo era chiquita.

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