No tergiversen al Presidente de Cuba

Por: Guillermo A. Lancero

Miguel Díaz-Canel lleva tres meses de Presidente y su liderazgo ya inspira confianza y seguridad. Recorre el país y conversa de tú a tú con el pueblo, pregunta por los problemas y se asoma directamente a los detalles de todo. Es el heredero de un gran legado político, ejemplo de la continuidad en una nueva generación de dirigentes.

En un reciente discurso, el Presidente hizo varias referencias a la prensa alternativa en Cuba, pero solo ha trascendido una relacionada con el ser o no ser. Algunos jocosamente ya la llaman con maldad la Doctrina Hamlet.

Es curioso que mientras el gremio periodístico celebraba y solo hablaba de la elección de Ricardo Ronquillo como Presidente de la UPEC, el ingeniero eléctrico y bloguero Iroel Sánchez, invitado especial en un congreso de periodistas y profesionales de la prensa, convocaba en las redes sociales a ver la transmisión en televisión de las palabras del Presidente.

Luego su espacio La Pupila Insomne, tituló su versión del discurso “Se es o no se es, desde los tiempos de Shakespeare“, reduciendo un extenso mensaje de respaldo a la prensa nacional, a meros postulados del principio aristotélico de no contradicción.

La Pupila es, antes que nada, un blog revolucionario. Si ha subrayado exageradamente un fragmento del discurso del Presidente para que coincida con sus puntos de vista, no puede haber sido para perjudicarlo o con la intención de arrastrarlo por la fuerza a su terreno. Repetimos: La Pupila es un sitio revolucionario. Las faltas de este blog no justifican los ataques contra el Jefe de Estado de todos los cubanos. Los revolucionarios también se equivocan y nuestro Presidente ha sido cuestionado por las pasiones ideológicas de otra persona.

No hablo para desaprobar lo que defiende La Pupila sino para comentar lo que sí sé. Nadie criticó la defensa del Presidente a la unidad entre el Partido y la prensa (viene de una misma raíz y crece en un mismo tronco), nadie mencionó que el Presidente invitó a modificar la política de comunicación solo a quienes se ganaron “con sacrificio y esfuerzos el derecho exclusivo a discutir cómo diseñar el futuro” o que en Cuba se “reconoce solo dos tipos de propiedad para los medios de comunicación masiva: la estatal y la social.”

Estos puntos discrepan con la prensa alternativa y sus apologistas, pero solo trasciende en la agenda pública el ser o no ser. ¿Por qué es esto? Por favor, no tergiversen al Presidente de Cuba.

Anuncios