Ser o no ser

Por: Osmany Sánchez

Hay río revuelto por estos días y muchos han salido a pescar. El discurso de Miguel Díaz Canel, específicamente la cita al artículo de Lagarde ha calentado las redes sociales. Desde mucho antes de ser presidente Díaz Canel era blanco de una campaña de desprestigio a través de videos filtrados, personas que criticaban su gestión como secretario del Partido entre otras cosas. La cita que hizo en el discurso lejos de molestar, le supo a gloria a algunas personas.

Las revoluciones no se hacen con los que no lo son. No lo digo yo, lo dijo Martí, y con esto aclaro que estoy plenamente de acuerdo con el criticado “se es o no se es” expresado por Díaz Canel en el discurso. El problema no es ese sino el grupo de personas que se han tomado -o se la dieron- la tarea de decidir quién es y quién no.

No olviden que uno de esos entusiastas afirmó que en LJC la palabra Revolución estaba prohibida y ese comentario fue respaldado por los mismos de siempre.

Uno de los comentaristas en LJC escribía: “Le llegó la hora. Tatu, lo pusieron a escoger de qué lado esta lo cual no es muy difícil saberlo ya que por el blog de Iroel les pusieron nombre a algunos de los nuevos revolucionarios e incluye profesores de la Universidad. Te sumas o te vas de la Universidad ya que es solo para revolucionarios.”

Reproduzco el comentario porque desde ayer veo a personas mostrando su descontento por las palabras citadas por Díaz Canel. Algunos mostraron su desacuerdo con no tener la posibilidad o el derecho de opinar o criticar, pero yo no me siento en lo más mínimo aludido.

¿Es cierto o no que el gobierno de los Estados Unidos y algunos europeos dedican dinero a subvertir el orden interno en Cuba?   Para saber eso no hay que esperar que lo diga WikiLeaks porque es récord público, es más ni siquiera se preocupan por ocultarlo.

¿Es cierto o no que algunas personas escriben para esos medios, cobrando por escribir? También es cierto. Cada cuál lo justificará a su manera, pero es una verdad innegable. Respeto la opinión de todos, pero no se puede hacer revolución, desde un medio que tiene como objetivo destruirla.

Las palabras de Diaz Canel no iban dirigidas a aquellos que piensan diferente y lo dicen públicamente sino contra los que forman parte de esos medios dedicados exclusivamente a manipular la realidad cubana. Ya dije antes que no soy cool, digo las cosas como las pienso y no para que sean políticamente correctas.

En política los errores siempre cuestan y cuestan caro. Si hay pruebas pues a mostrarlas, con nombres y apellidos, pero cuando se generaliza entonces solo se crean las condiciones para que de manera muy hábil los que nada bueno quieren para Cuba, traten de aprovecharse para sembrar la duda. En este caso contra Díaz Canel.

Finalmente. Mucho se ha debatido si el texto de Lagarde aludía o no a Harold Cárdenas. Quizás yo no sea la persona ideal para opinar porque he dicho antes que Harold primero fue mi alumno, luego con el tiempo se convirtió en mi amigo y ahora lo considero un hermano, pero me atrevería a asegurar de que sí Harold fuera un cuarto de lo que dicen que es, ya hace rato -para satisfacción de muchos en Cuba- se hubiese pasado a la contrarrevolución.

Bastante lo han intentado con bajezas de todo tipo, incluyendo cosas que él por discreción no ha querido hacer público pero que han afectado a sus seres queridos. Yo no me preocuparía por Harold que dice lo que piensa y lo dice de frente sino por los que no tienen el valor de escribir con sus nombres y utilizan seudónimos para supuestamente defender la revolución. Flaco favor que le hacen.

Para contactar con el autor: jimmy@umcc.cu