Los hijos bastardos de la Revolución

Foto: Claudio Peláez Sordo

Por: Harold Cárdenas Lema

La heterodoxia es la posición más incómoda y digna que puede asumir un revolucionario en Cuba. Desde que Julio Antonio Mella fuera expulsado del partido comunista que fundó, han sido incontables los que han conocido el fuego amigo, la intolerancia de los suyos, parametración y etiquetas. Empujados al borde del abismo, no pocos han saltado a los brazos de la derecha, dando la razón a sus acusadores. Otros han dado lecciones éticas a sus verdugos, pero toma décadas quitarse un cartelito que cualquier funcionario puede atribuir a la ligera y por cualquier motivo. Son muchos los hijos de la Revolución cubana que han sido rechazados por lo que se consideraba la vanguardia en su momento, de hecho, los grandes héroes del pasado siglo en algún momento fueron excomulgados por el movimiento comunista o el Partido. Estar hoy en esa posición es casi una tradición.

El presidente acuñó el pasado domingo la nueva frase que delimitará la condición de revolucionario en el país: “se es o no se es”. Quizás nuestra experiencia con frases ambiguas no es suficiente, quizás no hemos aprendido lo que hacen funcionarios entusiasmados con ganas de acumular méritos, cuando le sugieren que tienen aprobación gubernamental para cualquier exceso. La alusión a Shakespeare no podía estar más equivocada, en su soliloquio del tercer acto Hamlet se refiere a la duda entre suicidarse o vivir, mientras ahora se utiliza para hablar de definiciones políticas. Me gustaría saber quién está ejerciendo esa influencia en el presidente, pasando imprecisiones y una visión deformada de los asuntos, pero ni siquiera sabemos quiénes componen el equipo de nuestros funcionarios públicos.

El socialismo en Cuba siempre ha tenido dos caminos: uno de excesos y dogmas, otro de herejía y liberación. El presidente llega al cargo heredando estructuras ideológicas deformadas en un país que vive a la defensiva desde hace medio siglo. Más aún, llega a la presidencia en un contexto de depuración y purga de la esfera pública nacional, encabezada por un sector fundamentalista afincado en estructuras de poder. No poco de lo que se decide en ideología, está permeado por relaciones personales entre funcionarios y aspirantes a cargos políticos, que compartiendo eventos nacionales y tertulias en casa tienen la capacidad de hacer lobby e influir en la toma de decisiones. Ninguno de los que por juventud o fatalismo geográfico estamos lejos de esos círculos, podemos competir con esa influencia diaria en el presidente.

La Revolución cubana no es la única que ha generado el rechazo a los suyos, esto es casi una regularidad histórica en modelos comunistas. Empezando por la URSS, donde Trotsky se exilió, pero continuó escribiendo. Como su sola existencia era peligrosa para la corriente estalinista que aspiraba a implantar un camino y modelo de revolucionario único, fue asesinado. Vale destacar que fueron varios intentos de atentado en su contra, desde Siqueiros hasta Mercader, los asesinos encontraron santuario siempre en Cuba, protegidos por representantes de una línea dura dentro del movimiento comunista cubano que hoy intenta sobrevivir.

Si hubiera que enumerar la herejía dentro del movimiento comunista cubano habría que empezar por la expulsión de Julio Antonio Mella. El sectarismo era tanto que llegaron a escribir al Partido Comunista mexicano afirmando que el recién llegado a sus tierras era “(…) un perfecto y descarado saboteador de los ideales comunistas, a quien le tenéis que negar toda relación (…) un líder extraviado que no descansa en sabotear, por infinitos medios, nuestra heroica labor (…)”. De más está decir que los aztecas no les hicieron caso pero el lenguaje de la misiva no puede parecerse más a los bodrios descalificadores con los que hoy se acusa a los desobedientes en Cuba y se les meten en el mismo saco ya sean contrarrevolucionarios, revolucionarios u otros que hasta hace poco sentían que podían tener un espacio dentro del proyecto político cubano.

Al triunfo de la Revolución, el desenlace de la discusión entre Alfredo Guevara y Blas Roca, fue una victoria contra el dogma en las filas comunistas. Esos años no estuvieron exentos de errores, pero todavía se aspiraba a la construcción de un socialismo cubano, Fidel mantenía a raya lo más fanático del Partido Socialista Popular y el Che se lanzaba contra el Realismo Socialista. Los jóvenes profesores del Departamento de Filosofía comenzaron a dar clases en las Escuelas de Instrucción Revolucionaria, bajo la asesoría de un hispano-soviético al que pronto dejaron atrás. La búsqueda de un nacionalismo marxista, ajeno a manuales y dogmas soviéticos, coincide con el conflicto entre Fidel y los soviéticos después de la Crisis de Octubre. El hecho de que Fidel hubiera sido proscrito también en su momento por el Partido Comunista debió darle perspectiva, desde entonces se aseguraría de rodearse no solo de cuadros políticos sino de herejes, algo que el presidente actual pudiera aprender.

Cuando comienza en 1971 la importación del modelo soviético después del fracaso azucarero, la ortodoxia inicia su pase de cuentas, adiós revolución autóctona. El cierre de Pensamiento Crítico y la demolición del Departamento de Filosofía fueron un mensaje claro para nuestros abuelos. Afortunadamente, José Miguel Miyar Barruecos (Chomi) en su condición de rector de la Universidad de la Habana, tuvo la lucidez de darle espacio a los proscritos en su centro. El hecho de que hoy eso sea imposible, incluso si tuviéramos un Chomi, habla de cuánto espacio ideológico se ha perdido en las instituciones. En los 80 otros factores como la Glasnost y la Perestroika trajeron nuevos problemas, luego hubo crisis con pintores y plásticos, no pocos terminaron en la emigración.

En 1996 hubo otra purga con el cierre del Centro de Estudios de América. El CEA era demasiado lúcido y hereje en un momento en que la expectativa del IV Congreso del Partido ya menguaba y ser políticamente incorrecto dejaba de parecerle sexy a las autoridades. No pudieron hacerles mucho más porque su constelación de intelectuales consagrados tenía formas de sobrevivir, pero acusados de quinta columna del imperialismo y estar al servicio de la CIA, estaban varios de nuestros mayores pensadores actuales. Hoy existen contradicciones entre jóvenes cineastas y las instituciones, la lucha por una ley de cine que no llega y la ausencia de una figura como Fidel que tenga la autoridad y voluntad de darles la cara y buscar una solución en conjunto. La noción actual de que toda discrepancia se debe al coqueteo o influencia del enemigo, no es más que un facilismo para rehuir el debate. Da vergüenza mirar atrás y ver cómo en años de invasiones y crisis nucleares, había mayor capacidad de diálogo interno.

Los sectores más conservadores del aparato ideológico nunca fueron citados por Raúl. Desde que el presidente actual asumió su cargo estos buscaban ese respaldo para utilizar su capital simbólico, ya lo consiguieron. Que Díaz Canel confíe en los funcionarios y estructuras que tiene a su alrededor era de esperar, de hecho, sus recientes palabras seguro tranquilizan a la línea dura que temía fuera demasiado aventurado. Lamentablemente sus palabras hoy significan luz verde para nuevas purgas y repetir viejos errores. Reducir el espectro político cubano a una dicotomía de “ser o no ser”, que usa como modelo positivo a lo más ortodoxo en las filas gubernamentales, no solo es un cambio radical de la línea fidelista que daba espacio dentro de la Revolución a todo el que no fuera militante contrarrevolucionario, es un grave error teórico y político.

El texto que cita el presidente, mezcla fenómenos reales con cruzadas y rencillas personales mal disimuladas. Según Lagarde, los asalariados del pensamiento oficial cubano no existen, la alusión le es tan incómoda que actúa como si el Che no se hubiera referido a nuestra burocracia e intenta desviar la atención hacia otras fronteras. Acostumbrado a las asignaciones verticales, habla de “aceptar” una beca de estudios como si fuera un regalo del jefe, no tiene idea de cuántos jóvenes cubanos estudian fuera ni los sacrificios que implica una beca condicionada a la excelencia académica. Habla de unión, pero convoca a purgas y depuraciones. Omite el apoyo y vinculación a movimientos internacionales de izquierda porque necesita sugerir doble moral en su acusación. Su exposición totalitaria necesita aniquilar a quien difiera, no sabe que Cuba lo necesita tanto a él como a los nuevos revolucionarios que quiere denunciar, que sin uno solo de ellos le faltaría un pedazo.

Los fundamentalistas de la ideología criolla son expertos en dañar, marginar, excluir y etiquetar a otros sugiriendo subordinación a Estados Unidos. Hacer daño no solo a uno sino también a tu familia, tus amigos, para dejarte solo. Todo en nombre de la Revolución. La apuesta de la ortodoxia cubana es convertirlo a uno en lo que no es, radicalizar a través de la marginación para demostrar que tenían razón en su acusación. Hoy disfrutan del acceso y las primicias que dan el respaldo institucional. Quieren una esfera pública con disciplina de trinchera y no de parlamento. Cuando no pueden imponer su posición, apelan a legitimarla a través del presidente o los medios masivos a que tienen acceso. Quieren una blogosfera vertical a imagen y semejanza de La Pupila Insomne, con control y hegemonía de las fuerzas de izquierda. Coqueteando con el poder político para garantizar su influencia.

Martí habló de una República con todos y para el bien de todos, principio que se mantiene en el anteproyecto de la nueva Constitución. En una reunión en el Comité Central, alguien escuchó al presidente sugerir que entre todos debemos hacer lo que Fidel hacía solo. La Joven Cuba quiere incluirse en ese “todos” pero hoy se nos acusa precisamente por ser cada uno nuestro propio Comandante en Jefe. En los últimos meses Miguel Díaz-Canel Bermúdez ha estado en las calles, enfrentando la corrupción, promoviendo transparencia en la gestión de los funcionarios públicos y ahora anuncia que se hará una cuenta de Twitter. Su discurso de clausura es en un congreso donde los periodistas votan presidente de la UPEC al hombre que desde hace años en La Joven Cuba estamos proponiendo sea promovido a más.

Que el presidente se haga eco del fundamentalismo cubano porque crea o le hagan creer que eso logrará unir algo en Cuba, puedo vivir con eso. Leyendo su referencia al texto de Lagarde, recuerdo a un joven Abel Prieto corrigiendo a Fidel: “usted no sabe el peso, que tienen sus chistes”. Como no sea una broma, tengo suficiente perspectiva y convicción para seguir apoyando al dirigente que conocí de niño en Santa Clara. Si me lo siguen haciendo más difícil: tengo 32 años, soy la tercera generación de revolucionarios en mi familia y el sentido político de mi vida es demostrar que el socialismo cubano no tiene que ser ortodoxo. Hagan lo que quieran.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com

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