US Vice President: Made In Cuba

Por: Mario Valdés Navia

Desde antes de la aparición de los Estados Unidos como país, las relaciones de las Trece Colonias con Cuba eran muy intensas y se hicieron mayores en 1788,  tras el triunfo en la Guerra de Independencia y el establecimiento definitivo de aquella república. Muy por encima del resto del país, esas relaciones se establecieron con los puertos de La Habana y Matanzas, los más importantes de la Isla en la exportación de azúcar y mieles hacia el Norte y la importación de harinas, herramientas y maquinarias fabricadas allá para la creciente industria cubana del azúcar y su complejo entramado de ingenios, ferrocarriles, almacenes y puertos.

El escenario principal de esa interrelación fue el mundo de la trata y la esclavitud que imperaba en Cuba y en los ricos estados plantacionistas del sur gobernados por el Partido Demócrata. Desde que se habilitó el puerto matancero para el tráfico de esclavos, en 1816, fue in crescendo la entrada de los negreros yanquis a Matanzas, provenientes sobre todo de los puertos de Boston, Filadelfia, Rhode Island y Salem, lo que hacía realidad el adagio: “La esclavitud es el negocio del sur y la trata el del norte”.

Por eso, ya en 1818 se abrió en Matanzas el consulado norteamericano, y un año después se estableció una línea regular de cabotaje hacia EUA mediante el vapor Mississippi, adquirido por el rico aristócrata cubano Juan O´Farrill. A partir de entonces, el consulado expidió numerosos pasaportes a embarcaciones y personas provenientes de EUA hacia Matanzas.

Por este puerto se importabaademás de bozales, harina y máquinas, pescado, tasajo, madera aserrada, arroz, velas, ladrillos, cebollas y muebles. A más de numerosos visitantes, se hizo estable un flujo de trabajadores inmigrantes provenientes del norte, integrado por: carpinteros, herreros, labradores, pintores, retratistas, comerciantes y médicos. En 1830, durante la construcción del primer muelle real, contribuyeron importantes casas comerciales norteamericanas como Murdoch, Grace y Cía.; Alfonso, Knight y Cía.; Howland y Cía. y Durege y Monet.

Pero un hito inesperado en la relación EUA-Matanzas ocurrió en 1853 y alcanzó una relevancia extraordinaria. Todo comenzó el 5 de febrero, cuando  llegara a Matanzas el senador de los Estados Unidos por el estado de Alabama William Rufus King, con el objetivo de restablecer su dañada salud, minada por la tuberculosis. Mientras se instalaba recibió la noticia de que había ganado las elecciones de noviembre, donde  fuera elegido vice-presidente de su país junto al futuro presidente Franklyn Pierce, líder de los esclavistas sureños.

En tierras yumurinas el distinguido visitante aspiraba a recomponer ostensiblemente su salud, para lo cual se trasladó a la residencia del hacendado Juan Chartrand, en la campiña matancera. No obstante, cuando llegó el momento de  tomar posesión de su cargo aún no estaba en condiciones de viajar, por lo que el Congreso aprobó que, de manera excepcional, el acto de toma de posesión se efectuara en su sitio de convalecencia, allende las fronteras de la Unión.

Así, el día 24 de marzo de 1853, el cónsul norteamericano en La Habana, William L. Sharkey, expresamente autorizado por el Congreso para presidir el acto, tomó juramento a William Rufus DeVane King como decimotercer vice-presidente de la Unión en el escenario criollo de la casa solariega de Chartrand, en las inmediaciones del pequeño poblado matancero de Limonar.

Tras ese hecho, el primer y único vicepresidente estadounidense que ha jurado tan alto cargo fuera de su país se sintió altamente comprometido y regresó inmediatamente a su patria para cumplir con sus funciones, pero su resentida salud empeoró bruscamente y falleció tras solo 45 días en el cargo. De esa forma, peculiar y azarosa, Limonar y Matanzas entraron definitivamente en la historia de los EUA.

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