Los millones de LJC

Por: Harold Cárdenas Lema

Ayer La Joven Cuba alcanzó los 4 millones de lectores. Lo hicimos sin entrar en los circuitos promocionales comunes en la política nacional, sin extremismos o la docilidad que premia tanto a cómplices de una política de cambio de régimen y quienes creen que una revolución se defiende silenciando sus problemas. Más orgullo aún, crecer en tiempos donde la crítica dejó de estar de moda, donde “hay que buscarse problemas” es una frase ausente del discurso nacional.

Hemos conocido buenos y malos tiempos. Hoy para criticarnos tienen poco por dónde agarrar en nuestros escritos así que apelan a nuestra participación en eventos y mis estudios de maestría en el extranjero, son razones falsas. Hace 5 años sin poner un pie en un avión e impartiendo clases en una universidad de provincia ya habían intentos de silenciarnos, de desaparecer LJC, de ahogar el bebé en la cuna porque un ejemplo de que se puede ser revolucionario sin necesidad de estar subordinado a una institución, era algo demasiado nuevo para ser tolerado.

Creamos LJC casi a escondidas y en los primeros meses algunos funcionarios del Partido en la universidad nos veían con recelo, mostrando poca o ninguna ayuda y sí esperando a que cometiéramos un error para mostrar que ellos siempre desconfiaron de nosotros. Y eso que los 3 fundadores de LJC éramos el secretariado de la UJC en ese momento. La administración fue mucho más consecuente porque nos conocía, la rectoría nos apoyó hasta donde le fue posible, hoy no sabemos si en algún momento pagaron un precio por ello.

Un día (creo que en el 2011) llegó a la universidad una camioneta del Comité Central, con funcionarios que se presentaron y pidieron vernos. Era la comisión de trabajo que en ese momento atendía a los emigrados y las relaciones con ellos, venían a conocer de nuestra experiencia y ver cómo podíamos aportar, conversamos con gusto. Fue una de esas reuniones en las que los críticos más recelosos de tu universidad, se convierten mágicamente en los mejores amigos y el mayor apoyo de LJC, tampoco los hicimos quedar mal.

También hubo buenos tiempos, participamos en eventos nacionales, hubo intercambio de experiencias con autoridades locales y nacionales, durante par de años hubo oficialmente una buena relación entre La Joven Cuba y las autoridades políticas del país, no con funcionarios e instituciones específicas como es ahora. Pero se demostró que era posible una relación de respeto y participación política con autonomía, porque en los momentos de mayor relación, también tuvimos total libertad editorial. El hecho de que el presidente animara a cambiar de mentalidad y promoviera el pensamiento crítico, sin dudas era una ayuda para que esto ocurriera.

En los días que cumplíamos 3 millones de lectores, esta relación fue saboteada por una alta funcionaria del país que ya nadie recuerda y prefiero no mencionar, durante 8 meses, del 2012 al 2013, lo tuvimos muy difícil para bloguear. Sin ninguno de los pretextos de hoy, el contenido de lo que decíamos era la razón para callarnos. Como una revolución no es tal si no tiene revolucionarios en ella, las fuerzas más progresistas dentro del Estado nos apoyaron y salimos adelante de esa crisis. Seguimos creciendo.

Cuando ocurrió el 14 de Diciembre de 2014 y se evidenció una nueva política de aproximación a Estados Unidos, en las que defenderíamos la soberanía no desde trincheras sino en el cuerpo a cuerpo político, a través de la interacción, interpretamos que ese método no era una prerrogativa de nuestros funcionarios sino que los ciudadanos también podríamos hacerlo. Empezaron entonces los eventos internacionales, donde defender el proceso de normalización de relaciones y la soberanía nacional fue un nuevo reto. No éramos ingenuos a las intenciones de quienes invitan, pero siempre creímos estratégico aprovechar nuevos espacios, evitar que los conquistaran otros, decíamos nuestra parte y apoyábamos la agenda nacional. No fue interpretado así por algunas autoridades.

En el 2018 todavía existen los que ven a la sociedad cubana como ente pasivo que se limita a apoyar políticas gubernamentales. Participar nosotros de forma autónoma, incluso apoyando las políticas de Raúl, se convirtió en el pretexto para descalificarnos luego. La realidad es que dentro del aparato gubernamental siempre han existido los que ven con recelo el proceso de cambios, y le han hecho resistencia pasiva al mismo Raúl, incluso a su nombre.

Ahora alcanzamos otro millón de lectores, sin que nos promuevan en la televisión o nos presenten en giras nacionales por universidades y centros de trabajo, sino escribiendo. Las campañas de descalificación no han hecho el efecto esperado, la intención de hacernos radioactivos para ahogar a LJC, ya no en la cuna pero sí nuestro ejemplo de ser autónomos, persiste. Frente a esa posición esquemática de algunas, oportunista de otros, e ignorante de nuestra historia por parte de otros, se enfrenta el sentido común de funcionarios del Estado y el Partido, intelectuales y amigos que nos siguen respaldando.

Ya regresarán Cuba y LJC a la normalidad, mientras tanto, celebremos no los números que alcanzamos sino el contenido de lo que hacemos, y el valor que esto tiene para el país.