El mensajero del miedo

Por: Harold Cárdenas Lema

Es un señor maduro, experto en denuncias que no necesita demostrar y con posibilidad de llegar a una audiencia mayor que sus víctimas. Se aprovecha de que, aunque el marco legal permite las denuncias por difamación, en la práctica resulta difícil hacerlas con éxito. Se alimenta de interpelar a otros y esparcir temor. Un vampiro de la inseguridad política actual, de los miedos ciudadanos, los cuales exacerba para poder crecer. Su influencia política es proporcional al escándalo que sea capaz de lograr, pero la peor consecuencia de sus actos, es que sus teorías de conspiración se mezclan con las amenazas reales, dificultando discernir unas de otras. Un personaje conocido por todos en la esfera pública, su nombre es Alex Jones y su plataforma mediática para darle notoriedad es el programa Infowars.

En su programa, a menudo Alex Jones se encoleriza con enemigos que ve por doquier

Infowars más que un programa se ha convertido en una organización dedicada a perpetuar mentiras y rumores. Un modelo de negocios basado en el miedo que logra transmitir a la opinión pública y capaz de movilizar el país a las mesas de votación. Por supuesto, el mensajero del miedo no es tan altruista como se presenta, ¼ del tiempo en su programa es dedicado a promocionar kits de supervivencia para el inminente Apocalipsis y “silbatos Bill Clinton anti-violación”, de ahí provienen la mayoría de sus ingresos.

Según el Southern Poverty Law Center, es “el más prolífico productor de teorías conspirativas de los Estados Unidos”. Sus ideas son de una rampante ignorancia de derecha, pero saben extenderse fácilmente a la izquierda. Parecería que dichas teorías quedan lejos de Cuba, pero algunos de sus documentales como Loose Change y The Obama Deception, han sido exhibidos en la televisión nacional. La reacción cubana ante la ilegal política estadounidense para cambio de régimen en la isla, en ocasiones se vale de las armas del conservadurismo republicano más rancio (por desconocimiento mayormente) pensando solo en términos bilaterales y no en las dinámicas domésticas del país norteño.

Jones es experto en denuncias que no necesita demostrar y con posibilidad de llegar a una audiencia mayor que sus víctimas

Según afirma, las élites internacionales están exterminando el 80% de la población mundial para vivir eternamente y los “globalistas” utilizan la eugenesia para su Nuevo Orden Mundial. Cree que el 11 de septiembre fue un “trabajo interno”, que las bombas de Oklahoma City y la Maratón de Boston son operaciones de bandera falsa, al igual que las masacres de Columbine, San Bernardino, Orlando, etc, a menudo los familiares de las víctimas de estas tragedias son acosadas por seguidores de Jones. Está obsesionado con Barack Obama, del cual afirma que es “la cabeza global de Al Qaeda”, porque él y Hillary Clinton son, literalmente, “demonios”.

Quizás su mejor teoría es que el Gobierno hace homosexuales a los niños utilizando cajas de jugo para revertir el crecimiento poblacional, estos químicos que también están en el agua incluso ya van “convirtiendo en gay a las malditas ranas”. No es de extrañar que Trump sea un fiel seguidor de un fanático así, en 2015 participó en uno de sus programas y le dijo: “tu reputación es increíble, no te defraudaré”.

El mensajero del miedo aspira a tener influencia en el presidente y para ello no escamotea en elogios

Jones se basa en la explotación de clases y actos egoístas de la élite liberal estadounidense para promover una reacción política que favorezca, irónicamente, a otros ricos y poderosos más conservadores. Pero sus actos tienen consecuencias muy reales en otras personas.

En Charlottesville durante una manifestación de supremacistas blancos, un neonazi atropelló a una contra-manifestante que protestaba el acto. Mientras Trump afirmaba que en ambos bandos habían “muy buenas personas”, Jones calificó el hecho como una tapadera: “había oficiales de la CIA y el Departamento de Estado en Charlottesville, primero tuiteando, luego en CNN y MSNBC (…) y el alcalde está involucrado”. Otro caso fue el de Marcel Fontaine, al que Infowars señaló como francotirador de la masacre en la secundaria de Parkland, basado en una camiseta que tenía con la imagen de Marx y Lenin. La acusación era falsa pero el sambenito público de ser asesino de niños no debió ser muy gracioso a este joven que casualmente pasaba por el lugar. El mensajero del miedo no necesitaba demostrar sus acusaciones, basta con sacarlas de contexto de una forma que convenga a su agenda.

Dos miembros de Infowars ya han acusado a Jones de acoso sexual, discriminación religiosa y de género

¿Sabe Alex Jones que su información es mentira o solo es irresponsable al perpetuar falsedades? Recientemente, tres padres de niños que murieron en Parkland presentaron una demanda por difamación y conspiración. Jones había alegado que la tragedia fue una operación de bandera falsa perpetrada por el gobierno para justificar la derogación de la Segunda Enmienda (que permite a los estadounidenses portar armas). Si bien es difícil demostrar legalmente malicia en el acusado en un sistema penal que lo considera inocente hasta que han pruebas en su contra, los familiares de las víctimas en la tragedia hicieron bien en apelar a la ley.

Las demandas contra el mensajero del miedo son valiosas porque envían un mensaje claro de que sus acciones no son aceptables ni se justifican apelando a la libertad de expresión

Hay un entramado de medios fanáticos de derecha en Estados Unidos, dedicados al negocio de extender rumores y perversidades. Si nos referimos a esto, quizás sea imprescindible mencionar la mentira original de la actual administración, la alegación que hizo Donald Trump de que Barack Obama había nacido en Kenia. Trump repitió una y otra vez esta información que se demostró falsa, sin que hubiera ninguna repercusión, mucho menos hubo un efecto electoral después de mentir sistemáticamente a la opinión pública, de hecho, se convirtió en presidente.

A los políticos estadounidenses les resulta complicado acusar a quienes difaman de ellos porque esto puede confundirse fácilmente con el derecho a tener un discurso político libre. En 1964 hubo un caso llamado New York Times vs. Sullivan que quizás sea el mayor caso referente a la Primera Enmienda (que protege la libertad de expresión, reunión, prensa y religión) de todos los tiempos. Se convirtió en precedente y llegó a una conclusión: los funcionarios públicos que demanden alguien por difamación, deben demostrar que el acusado mintió intencionalmente u omitió la verdad. En la práctica, la mayoría de los políticos estadounidenses no demandan por difamación porque pueden utilizar el púlpito para hacer llegar su versión a la opinión pública.

Ahora, ¿qué hacer cuando el difamador tiene un mayor acceso a los medios masivos o cuenta con respaldo de fuerzas gubernamentales? O mejor aún ¿qué hacer cuando se carece de recursos legales o materiales para llevar adelante acusaciones de difamación? ¿Qué hacen los que están demasiado dañados emocionalmente para emprender esa lucha?

La política del miedo es una buena apuesta

En la carrera presidencial del 2016 todas las encuestas vaticinaban el fracaso de Donald Trump, pero hubo quienes vieron venir la sorpresa de noviembre. Michael Moore escribió su profético “Trump ganará” y un texto en The Atlantic vaticinó cómo “el miedo, como demuestra la historia, tiene el poder de sacar a los votantes de su comportamiento normal”. En 1973 el psicólogo británico G. D. Wilson escribió en su libro La Psicología del Conservadurismo: “la base común que compone el síndrome de actitud conservadora es la susceptibilidad generalizada a experimentar ansiedad o temor ante la incertidumbre”. No saber lo que depara el futuro en momentos de cambio, es la definición de incertidumbre.

Donald Trump llegó a la presidencia apelando al temor en la sociedad estadounidense

Si usted ha llegado al final de este texto sin encontrar algunas similitudes (salvando obvias diferencias) entre el contexto político estadounidense y el cubano, lea nuevamente. Un futuro incierto, la existencia de sectores fanáticos dispuestos a capitalizar el momento, la utilización del temor como herramienta política para ganar adeptos, la difamación impune que goza de algún tipo de protección, el transformar la esfera pública en un espacio beligerante y poco propicio al diálogo, etc.

Por supuesto, después de alertar diariamente que se acerca el lobo, llega un momento en que la alerta pierde efectividad y entonces el lobo puede entrar con tranquilidad. El mayor problema no es ese ni un individuo en particular, sino que en la Cuba del 2018, después de experiencias trágicas en otros modelos socialistas, los tropezones nuestros, una campaña por el cambio de mentalidad y años convocando a un pensamiento crítico, nada más aparecen los nubarrones haya oídos gubernamentales que prefieran escuchar a los mensajeros del miedo. Eso es lo más preocupante.

Para contactar con el autor: haroldcardenaslema@gmail.com