Una Revolución con todos sus colores

Aunque el nombre suene raro, este post nada tiene que ver con las llamadas “revoluciones” de colores ocurridas en los países del Este Europeo hace ya más de una década. Me ocupa un tema mucho más cercano y que realmente tiene mayor impacto en la vida actual de la nación, la cual recorre el largo camino de abrir espacios y superar viejos prejuicios contra un sector poblacional con cada vez mayor peso en el día a día cubano: la comunidad LGBTI (Lesbianas- Gais- Bisexuales- Transexuales e Intersexuales).

Atrás quedan -se trata de dejar- ya los días de la invisibilización, los acosos y las discriminaciones. Sin embargo, muchos no olvidan el difícil camino que ha tenido que transitar esta comunidad en Cuba desde los difíciles años 60 hasta la actualidad.

En los inicios de la revolución la incipiente comunidad no se encontró un camino de rosas. Se unió contra ellos el machismo de una sociedad patriarcal -como la nuestra-, con dos fuertes intolerancias: la religiosa por un lado y la política por el otro. Período complejo fue este que en múltiples ocasiones ha sido investigado en varios estudios tanto dentro como fuera de la isla, pero como todo con respecto a esta etapa, cuentan con una alta dosis de politización (a favor o en contra del proceso revolucionario). Eso ha traído que en muchas ocasiones se distorsione la validez de sus resultados.

Lo que si queda claro es que en esa época se cometieron excesos innecesarios, en gran medida a causa de una mentalidad que ni siquiera fue creada por la revolución, sino que se heredó de los años precedentes  y que encontró cabida en la actuación de algunos sectores en el nuevo gobierno revolucionario. Aclaro que sería injusto decir que todo el gobierno apoyó prácticas discriminatorias, pues no fue así, pero si es un hecho que se escribieron en nombre de la revolución tristes páginas de nuestra historia como las relacionadas con las UMAP (Unidades Militares de Apoyo a la Producción), en donde fueron a para muchos jóvenes para ser “reeducados de sus tendencias indecorosas”.

La influencia notable en Cuba de la política soviética tuvo también un papel que jugar en este tema, pues para nadie es un secreto la postura oficial de las autoridades soviéticas con respecto la homosexualidad y otras manifestaciones que para ellos eran consideradas, eran residuos del capitalismo que había que extirpar. Suerte que en Cuba esta idea, -aunque seguida por algunos-, nunca fue de consenso nacional.

El inicio de los años 70s no fue mejor para la comunidad LGBT, que siguió en gran medida siendo marginada de muchos ambientes políticos, laborales y culturales dentro de la isla. Siendo condenadas sus formas y tendencias, sobre todo para aquellos que mostraban más abiertamente su inclinación sexual en ambiente públicos.

La llegada al cargo de Ministro de Cultura de Armando Hart -y otros cambios ocurridos en el país en los años del proceso de institucionalización-, conllevaron al inicio de una apertura y liberalización en las posturas respectos a la comunidad. Para finales de los años 70s e inicio de los 80s comenzó a sentirse de una manera más visible esta apertura, ya no solo en la práctica cotidiana, sino de manera institucional con la derogación de leyes y reglamentos que podía prestarse para abalar conductas discriminantes hacia la comunidad LGBTI.

A finales de los años 80s, con la creación del Centro Nacional de Educación Sexual(CENESEX), se le da un nuevo impulso a la lucha contra las diferentes formas de discriminación por orientación sexual que aún quedaban en nuestra sociedad. El camino en ese momento se vislumbraba complejo, sobre todo por lo difícil que sería la vida para sociedad cubana el período de los años 90s. A pesar de eso se realizaron muchos avances encaminados a lograr mayor comprensión por parte de la ciudadanía y las instituciones, entre los que se encontraron la filmación y estreno de la película Fresa y Chocolate.

Desde inicios del siglo XXI y hasta la actualidad mucho se ha avanzado, y desde hace algunos años comenzó a celebrase con mayor fuerza el “Día Internacional contra la homofobia, la transfobia y la bifobia” impulsado en gran medida por el CENESEX y personificado en la figura de su directora Mariela Castro, logrando incluso que se incluyeran en el nuevo Código del Trabajo artículos que condenan la discriminación por orientación sexual. También se nota en la población cubana una disminución de las manifestaciones de homofobia y un rechazo de las mismas, sobretodo de parte de las generaciones más jóvenes.

Para nadie es un secreto que queda mucho por caminar todavía, que queda muchas mentes que abrir, leyes que hacer o que cambiar (la aceptación legal del matrimonio entre personas del mismo género y los derechos de adopción conjunta por ejemplo), pero nadie puede negar lo mucho que se ha avanzado. De ser uno de los países más intolerantes de la región, a estar considerados uno de los que más lucha por materia de inclusión y contra la homofobia. En gran medida eso ha sido obra de muchas personas nacidas bajo los principios de la revolución y que más que sacar los errores del pasado, se esfuerzan por superarlos.

Eso es muestra de un país que avanza y que trata de dejar atrás los viejos errores, haciendo lo mejor que se puede para ello: corregirlos. Algunos dicen que aun falta una disculpa oficial por los exceso de antaño, -es posible-, pero realmente no creo que unas palabras sean lo fundamental aquí, lo fundamental es todo lo que se está trabajando y todo lo que puede quedar por hacer, por hacer desaparecer un moralismo de índole sexual que se heredó del capitalismo y que sin dudas, ha sido dañino para el socialismo.

Tomado de: La Trinchera