La mala memoria

Por: Osmany Sánchez

Hace un tiempo atrás la prensa corporativa nos saturaba con las supuestas violaciones de los Derechos Humanos en la Argentina de Cristina o en el Brasil de Dilma. Hoy nada dicen de lo que ocurre en esos países y de las decisiones impopulares de los malmirados presidentes que hoy los gobiernan. Temer es el presidente más impopular de la democracia brasileña y los tarifazos de Macri le pasan factura.

Lo de Nicaragua se veía venir. Los mismos métodos aplicados en Venezuela durante las guarimbas son aplicados hoy en ese país. Los mismos “estudiantes” disfrazados sembrando el terror en las calles mientras la prensa los presenta como víctimas cuando la policía actúa para evitar que asesinen a personas inocentes. El llamado al diálogo no resolverá el problema porque a la derecha en ese país y a sus padrinos externos no les interesa dialogar sino sacar al gobierno del poder tal y como trataron de hacer con Maduro.

¿Quién habla de los asesinatos de líderes sociales en Colombia o de los periodistas en México? ¿Qué gran cadena de televisión relaciona la violencia en México con el gobierno o con el capitalismo? Solo desde la llegada a la presidencia de Enrique Peña Nieto en México han sido asesinados 42 periodistas.

Se hablará de México y Colombia si triunfan López Obrador y Gustavo Petro. Por supuesto para que salgan vencedores tendrían que vencer a la maquinaria de corrupción y compra de votos que ya echó a andar.

Al finalizar las elecciones en Ecuador, el periódico El País, dejaba caer perlas como “La sospecha de un posible fraude electoral ha estado en el ambiente desde el día de los comicios” o El país afronta el reto de superar la polarización tras unas elecciones que dividieron a la sociedad en dos”. De más está decir que luego de la traición de Moreno, ese y los otros medios, tienen una actitud más condescendiente con Ecuador y su gobierno.

Cuba tiene muchos retos por delante, pero en ningún caso la solución estará en convertirse en un país “normal” o lo que es lo mismo, caer en la politiquería. Porque si un día llegamos a esa “normalidad”, a partir de ese momento no se volverá a hablar de derechos humanos pero seguro se violarán como nunca antes.