Amigos sin barreras

© SPUTNIK / OLEG VYAZMITINOV

Por: Alina B. López Hernández

Hace pocos días recibí una llamada de la revista rusa Sputnik para entrevistarme sobre la participación de Cuba en la Segunda Guerra Mundial. Accedí de inmediato, no solo por lo interesante del tema, sino porque saldaba de ese modo una antigua deuda.

Al graduarme, en 1988, permanecí como profesora en el instituto Superior Pedagógico de Matanzas, y para mi desconsuelo –pues siempre fui alumna ayudante de Historia de Cuba–, me tocó impartir Historia Contemporánea de Europa. El momento no podía ser peor, era una etapa en que el campo socialista desaparecía tragado por sus enormes errores y ello tornó obsoletos en brevísimo tiempo a los libros de texto que únicamente se hacían eco de los grandes logros del sistema y vaticinaban su eternidad.

Estaba obligada a localizar otras fuentes de información si pretendía ser creíble. Nuestra prensa, tan escueta entonces como ahora, poco dejaba entrever de lo que realmente sucedía. Buscando explicaciones perseguí -muchos lo hicimos– las revistas soviéticas Novedades de Moscú, Tiempos Nuevos y Sputnik, que se encontraban fácilmente en los estanquillos… hasta entonces, pero que pronto comenzaron a escasear hasta desaparecer del panorama mediático.

Sputnik en particular era una revista de pequeño formato, vivos colores y cubiertas creativas, sin pretensiones teóricas sino más bien de divulgación popular. Sus variadas secciones (Viajes por la URSS; Gente. Época. Sucesos; Cultura. Artes. Literatura; Ciencia. Técnica. Medicina; Sección de libros; Modas; Ajedrez; Nuestra cocina; Humor; Crucigramas, entre otras que podían cambiar de acuerdo a los números) atraían a un público amplio y diverso.

Siempre incluía artículos de carácter histórico en algunas de esas secciones, firmados por académicos reconocidos. Pero al iniciar la Perestroika comenzaron a emerger visiones polémicas sobre la historia de la URSS que permitían comprender mejor el evidente desenlace del proceso. Particularmente fue contundente la denuncia del estalinismo, sus víctimas y secuelas. También deconstruían la historia de las relaciones entre los países que conformaron aquel campo geopolítico.

© Sputnik / Oleg Vyazmitinov

Conservo aún una pequeña muestra de aquellas revistas. Una de mis favoritas es la de febrero de 1989. En la cubierta, el primer plano de un enorme sillón en cuyo respaldo estaban prendidas cinco medallas y donde se lee: “Brezhnev, un líder cómodo”. Estuvo dedicada al inmovilismo y tiene análisis que nos pueden resultar muy familiares veintinueve años después:

“A veces decimos que nada cambiará hasta que no llegue gente nueva, que piense y actúe de un modo nuevo. Pero, primero, para que llegue, hay que prepararla de un modo nuevo y, segundo, se repite la vieja melodía de una esperanza pasiva en un futuro luminoso”. (p. 7)

“¿Debe la dirección del Partido convertirse en un órgano especial del poder, que estará por encima de los restantes órganos? ¿Si el Comité Central es un órgano especial de poder, cómo controlarlo? ¿Se puede protestar su resolución por inconstitucional? ¿Quién responde en caso de fracasar una medida decretada? Si este órgano superior de hecho dirige al país, ¿no debe entonces todo el pueblo elegirlo?” (p. 44)

“Es preciso revisar las caducas costumbres de mandar allí donde no hace falta. En vez del secular principio «pedir el permiso a los jefes» la época exige otra cosa: «si no está prohibido, entonces está permitido». Ya hoy todo lo que la gente puede hacer por su cuenta, debe hacerlo independientemente, sin la injerencia de las autoridades”. (p. 46)

Ignoro qué perfil tiene la revista en la actualidad, tras tantos años de capitalismo, pero tengo la esperanza de que quizás pronto circule de nuevo en Cuba. En los últimos tiempos ha ocurrido un acercamiento con Rusia, que se hace más fuerte ante la hostil política común del gobierno norteamericano. Ayer veía en el noticiero nacional la visita del ministro de economía cubano a ese país y las declaraciones de fuerte apoyo bilateral en la esfera económica y política. Las relaciones fueron calificadas de excelentes. Así que me preparo para dar la bienvenida, de nuevo, a Sputnik.

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