El ojo de Sauron

Por: Alina B. López Hernández

Me encanta Tolkien. Releo El señor de los anillos cuando necesito descansar, tras editar o escribir durante horas. Se dice que el texto contiene una serie de símbolos que hacen reconocible la Europa de la época del fascismo. Pero una obra es universal si trasciende su contexto. Debe ser cierto, pues en los últimos días una imagen ha venido a mi mente de forma recurrente al ver cómo se ha tratado de manipular y estimular la diferencia de criterios ideológicos entre Cuba Posible y el blog La Joven Cuba.

En una torre muy alta, un ojo sin párpado, con la pupila en llamas, mira a lo lejos. Se siente amenazado y no sabe dónde está el peligro, así que desconfía de todos y a todos amenaza. No logro apartar esa descripción cuando percibo cuán vivas están las antiguas costumbres que fijan posiciones inmutables, cercados de ideas, en el campo ideológico.

Esas posturas desconocen el apotegma filosófico que afirma que cualquier principio, cuando es llevado a su máxima expresión, se convierte en su contrario. Olvidan además que los posicionamientos ideológicos que les exigen fijar a otros para ser considerados confiables, han sido muchas veces relegados por ellos cuando ha convenido.

¿Dónde estaba fijada la línea cuando aceptamos el  alineamiento con la URSS luego de que ese país negociara con el gobierno norteamericano la retirada de los misiles sin incluir a  Cuba en la mesa de conversaciones?, ¿dónde cuando hace medio siglo hicimos a un lado el principio de soberanía y no injerencia en los asuntos de otras naciones y no condenamos la intervención soviética en Checoslovaquia? Historiadora al fin, no puedo dejar de recurrir a un interesante intercambio epistolar, de diciembre de 1935, entre Pablo de la Torriente Brau y Raúl Roa, ambos simpatizantes de la línea del Partido Comunista, aunque sin ser miembros.

Sus cartas permiten ilustrar uno de aquellos momentos en que la línea se borraba. A Pablo le preocupaban algunos acercamientos recientes del Partido hacia sectores políticos no revolucionarios y los argumentos débiles que manejaba para hacerlo. “Porque yo creo que la dialéctica también tiene moral”, escribió. “Para nosotros la dialéctica debe ser una espada flexible: flexible, pero de acero. Y siempre una espada”.[1] No se dijo en qué consistían los “acercamientos” del Partido, ni cuáles eran los “sectores políticos no revolucionarios” con los que se producían; a pesar de ello, las alianzas posteriores con Batista permiten llenar estos vacíos.

La cruzada ideológica de la que se ocupan cada día los habitantes de la torre en permanente vigilia, los torna más dogmáticos e incapaces de ejercer la crítica con objetividad. Se muestran de ese modo insensibles a las necesidades inmediatas del pueblo al que dicen representar. Esto explica que no dediquen el menor espacio a nuestros problemas internos. Tampoco se atreven a analizar los de sus aliados ideológicos, por graves que estos sean.

La respuesta a su cruzada no se ha hecho esperar, y se aprecia entre otros hechos en la disminución de la cantidad de visitas que tienen. Si la gente va a pagar muy caro el acceso a internet, ¿qué sitios visitará?, ¿aquellos donde percibe que se dirimen sus preocupaciones y se analiza el complejo panorama de Cuba; o los que, provistos de un catalejo, solo pueden ver las dificultades de otros?

Y hablando de cadáveres políticos. ¿La respuesta de sus lectores no los alerta de que ha ocurrido un agotamiento de su estrategia?, de que no convencen con los deslucidos expedientes de almacenar correos y fotos para intentar desacreditar a los que indudablemente van ganando en credibilidad, porque quien no es capaz de cambiar de opinión no puede cambiar nada. Sí, es una frase de Churchill pero muy atinada.

Consideraron al 2017 como “el año que vivimos en peligro”, pues el cambio perceptible del enemigo exterior hacia nosotros debilitó la noción de plaza sitiada de la que tanto gustan por puro sentido utilitario; y dieron así la espalda a Martí que entendía que “Ni la política ha de ser arte de escarceos, retazos y tráficos, ni es digno de la confianza de su país el que mira más a parecer bien a sus adversarios, -por su seguridad y gloria de hombre hábil,- que a intentar y realizar todas las mejoras que crea beneficiosas a su pueblo”.

En un lúcido discurso pronunciado el año 2005 en la Universidad de La Habana, Fidel reconocía la posibilidad de que el proceso revolucionario pudiera ser derrotado desde dentro.[2] Hacia ello tienden aptitudes como las de los eternos guardianes de la fe que intentan echar leña al fuego ideológico de los medios digitales y no distinguen la punta de su meñique.

Adoro a Tolkien ¿Recuerdan el final de El señor de los anillos? La pupila llameante del ojo sin párpado que escrutaba la lejanía, mirando a lo lejos, cada vez más lejos, sintiéndose superior a todos; sin percatarse de que la destrucción estaba muy cerca, detrás de él, en la mano de un pequeñito de pies peludos que portaba el anillo único.

[1]Citada por Fernando Martínez Heredia en “El héroe romántico de la revolución proletaria”, La Revolución Cubana  del 30 Ensayos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, pp.183-184.

[2]Discurso pronunciado en la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, con motivo del aniversario de su matricula al alto centro de estudios.

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