A propósito de un dossier

Por: Harold Cárdenas Lema

Hace tres días Cuba Posible abrió su espacio a un dossier donde se califica a La Joven Cuba de “reformista” y “anti-democrática”. Como uno de los editores de este espacio, es mi responsabilidad escribir al respecto.[1] El origen del dossier quizás se remonta al 11 de Abril cuando tres de sus autores interpelaron en extenso una publicación[2] mía en Facebook, quizás los editores de Cuba Posible no están al tanto de ese precedente. Lo menciono porque en un debate no solo vale el contenido sino el origen del debate mismo y la forma en que se conduce.

La Joven Cuba no es reformista, no puede serlo un espacio cuyo mensaje de entrada es “Socialismo y Revolución”, la pregunta entonces sería si eso nos hace antidemocráticos. Idea absurda, dado que no es nuestra intención representar a todos los cubanos sino el espectro diverso de la izquierda cubana, somos entonces tan antidemocráticos como el New York Times o La Jornada (salvando inmensas distancias y en aras de ejemplificar el fenómeno) que también representan públicos específicos y no la totalidad poblacional de sus respectivos países. Ahora hagamos la pregunta concreta que responde a las preocupaciones del dossier: ¿es La Joven Cuba excluyente en sus posturas políticas?

Hace un año cuando comenzó la depuración de la esfera pública cubana por sectores que buscaban acumular méritos políticos, animados quizás por el inminente relevo de la generación histórica de la Revolución, ocurrió el debate sobre el centrismo. La Joven Cuba y quien escribe comenzaron a ser objeto de ataque cuando nos opusimos a ser parte del concierto que se preparaba a atacar a Cuba Posible y otros, nos acusaron de censura incluso por ello. En mi opinión, las diferencias ideológicas o tácticas se dirimen en el campo del pensamiento, atacar a otros para afianzar ideas propias siempre me ha parecido no solo innnecesario sino oportunista. Así de poco democráticos somos en La Joven Cuba, que por respetar opiniones con las que a menudo no compartimos, estamos dispuestos al escarnio. ¿Cuánto margen dan los autores del dossier a los que piensan distinto a ellos? A juzgar por los textos que acaban de publicar, muy poco.

Ahora el dossier acuña nuevos conceptos como reformismo antidemocrático y neoleninismo para calificar a La Joven Cuba y La Tizza. Esa construcción de términos con intención peyorativa, la descalificación como recurso en el debate, fueron los mismos métodos utilizados no hace mucho contra Cuba Posible. Yo imaginaba que serían particularmente sensibles ante la imposición de etiquetas. Si bien los textos publicados no deben ser necesariamente la opinión de los editores, no es correcto brindar su espacio a agendas personales y luego lavarse las manos. En el poco democrático blog La Joven Cuba hemos publicado opiniones con las que los editores no comulgamos o al menos no en su totalidad, pero no prestamos nuestra voz para descalificaciones a otros.

Sobre el contenido del dossier. Al parecer somos reformistas y poco democráticos por dos razones: reconocer la legitimidad del gobierno cubano e impulsar lo que califican como reformas. Para ser reformistas democráticos -dicen- deberíamos “transformar el carácter anti-democrático del modelo actual”, “redistruibuir el poder” y “crear un modelo más inclusivo”. La primera receta viene con sabor a cambio de régimen, la segunda aspira a posicionar a sectores políticos de oposición, y la inclusión es un tema pendiente que debe efectuarse pero no dando margen a la sopa del cambio de régimen que persigue la oposición y facilita el autor de dicho texto.

Ya le expresé anteriormente a los autores que sus ansias de pluralismo ignoran olímpicamente el contexto político del país. Coincido en la necesidad de una Cuba inclusiva que no puede esperar a que Estados Unidos lo permita, pero si no tienen en cuenta las variables externas pueden cegarse y favorecer la agenda opositora cubana, con la que que aún no me queda claro si su activismo comulga o no. La incapacidad de la oposición para lograr base social en el país, bajo presión gubernamental y apoyo foráneo, ahora quieren sustituirla por el otorgamiento de posiciones apelando a derechos políticos.

Primero debe haber un contexto de normalidad democrática, algo que Cuba nunca ha conocido, los sectores que buscan representación deberían tener eso también como objetivo en lugar de apoyar un bloqueo que deforma la vida democrática nacional y pone al país en constante estado de emergencia. Y los que no apoyan al bloqueo, deberían reconocer al menos dicho contexto de emergencia, pero ¿exigir democracia de paz al último país en Guerra Fría con Estados Unidos? ¿Desconocer la asimetría entre ambas naciones en conflicto y favorecer a la más fuerte? Quienes se sientan marginados merecen el espacio que se ganen sobre la base de agendas con respaldo social, que bien podrían complementar la mirada gubernamental. Pero, ¿capitalizar políticamente la frustración que provoca Estados Unidos a Cuba? No. Si eso me hace anti-democrático a los ojos de los autores, no me quitará el sueño.

La ironía del dossier es que quienes reclaman pluralismo se refieren a todo lo que no es socialismo o comunismo, su alternativa no es mucho más inclusiva que la actual. Tienen un criterio de selección estrecho cuando escogen las defensas que hacen, el derecho de un gobierno de izquierda a existir necesita poca defensa parece. Ya vimos estos activismos a finales del siglo XX, siempre que triunfa una política de cambio de régimen cesa toda discusión sobre pluralismo y como dice Frank Delgado: “ya nadie se acuerda de Milán Kundera…”

No me toca decirle a los editores de Cuba Posible cuál debe ser su política de publicación, o a quienes le dan espacio y en qué condiciones. Sí creo que abrir su plataforma a la descalificación y etiquetado de los que no piensan igual a sus autores, es una postura política con dimensiones éticas. Como me gusta creer que siempre hay ideas comunes que unen incluso a quienes difieren políticamente, traté de dialogar en buena fe con quienes hoy nos llaman reformistas antidemocráticos, les recomendé cautela porque el pluralismo descontextualizado en el caso cubano es el camino al Plattismo, y se fueron a hacer un dossier apuntando a “una transición democrática”.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com

[1]Escribo esto en aras de contextualizar el origen del dossier, desde el respeto y solo porque se menciona directamente a La Joven Cuba. No me gustan las “respuestas” contenciosas comunes en la esfera pública cubana, a menudo movidas por mala saña, ansias de protagonismo y búsqueda de reconocimiento de quienes comienzan revuelos digitales, teniendo el revuelo mismo como objetivo final.

[2]Mi texto del 11 de abril en Facebook con el que discreparon varios autores del dossier se refería a la participación de la Delegación cubana en la Cumbre de Perú y decía: “Una delegación cubana que convenza sobre la base del pensamiento y no las consignas. Que no se rebaje a la agitación y gritería que caracteriza a la derecha cubana, que no alimente clichés. Que aprenda las lecciones de Panamá en el 2015 y muestre la educación que nos caracteriza. Hoy están haciendo política regional, eso lleva astucia y entereza, porque con toda la dignidad del mundo se puede perder si no se sabe actuar. Que sus jóvenes aprendan la tensión de tener un adversario cerca, y ganarle con ideas mejores no a patadas o en exaltación, que se convierta en experiencia. Una delegación que represente a la Cuba del siglo XXI y no la del XX, porque el pasado es para aprender no para vivir en él. Que las provocaciones y exclusiones nos den más la razón, y no la perdamos con reacciones erróneas. La tragedia cubana ha sido tener la razón y no saber siempre cómo mostrarlo, ahora que mi delegación está en Perú es la oportunidad para ello. Esperamos que estén a la altura del país que representan, en lo personal les deseo éxitos”.