Cataluña, Cuba y los CDR

Foto: EFE

Por: Leonardo Martínez

Mucho me ha llamado la atención el título de cierto artículo que me encontré mientras revisaba la web de una revista que me gusta mucho. Me llamó la atención por la mención en el título a los “CDR”. Me causó curiosidad y me puse a leerlo. Mucho me extrañé cuando me doy cuenta que el artículo no hablaba de Cuba ni de nuestros Comités de Defensa de la Revolución. El artículo hablaba de Cataluña, del Referéndum del 1-O, y de los Comités de Defensa del Referéndum, aunque creo que ya cambiaron su nombre a Comités de Defensa de la República.

Pues resulta, no sé por qué influencias, que encontraron en los CDR cubanos el tipo de estructura que necesitaban para organizar su ciudadanía y movilizarla independientemente de las filiaciones políticas de los vecinos. Casi no puedo contener la carcajada cuando en el artículo se reconocía la influencia cubana. Tuve que críticamente replantearme mis propias consideraciones sobre nuestra organización, determinar qué vieron los catalanes en ella y cómo podemos revitalizar la nuestra.

Los catalanes necesitaban una estructura apartidista que aglutinara a los ciudadanos sin importar signos ideológicos, solo en función de su relación de vecindad para participar en el referéndum. El tipo de organización que surgió era profundamente democrática, no necesitaba niveles de organización más allá de las asambleas populares, determinadas por razón de los colegios electorales que pretendían defender. No responden más que al interés cívico de expresar la voluntad popular, su voluntad, incluso independientemente que votaran a favor de la independencia o en contra. Una organización sumamente flexible, cada célula es independiente, pero todas tienen el mismo objetivo.

Para nuestros CDR es útil y válida la experiencia europea. A un joven como a mí me da una idea de la espontaneidad con que debe haber corrido en los días de su origen la hoy mayor organización de masas de nuestro país. Además pone en evidencia los mejores valores de una organización como esta y me motiva, en lo particular, una serie de sugerencias que podríamos analizar, debatir y, si sirven, aplicar.

La misión fundamental en sus orígenes puede haber sido la vigilancia, en un contexto bastante beligerante, donde el consenso estaba claro; lo necesario era combatir a los enemigos internos de la Revolución naciente. En aquella época ni se pensaba en el Poder Popular; pero luego de varios años demostrando capacidad de movilización de la ciudadanía en función de las más altas tareas –desde donar sangre hasta construir viviendas– de la Revolución; cuando apenas surge la nueva forma de participación democrática parece que fue natural que los CDR tuvieran un papel muy activo en la vida electoral. Justo es aquí, ligado a la participación electoral, donde nace la experiencia catalana. Y es aquí donde más necesario se hace para nosotros hoy.

Los Comités de Defensa de la Revolución hoy –en su forma elemental que es la Asamblea de Vecinos– son los que proponen y eligen al Delegado: primer representante del pueblo, quien asume el mandato directo para gobernar, quien forma parte del gobierno del municipio y es piedra angular de todo el sistema del Poder Popular. Por lo tanto esta es hoy su tarea fundamental y para ella no necesita estructura a ningún otro nivel. Así cualquier otra convocatoria por parte de la más alta dirección del país, que requiera de la movilización general del pueblo y por tanto de los CDR, se puede organizar a nivel de barrio, desde cada uno de los barrios.

El presidente del CDR, puesto rotatorio que no requiere preparación especial, es más que suficiente para servir de nexo entre los vecinos y el Consejo Electoral Municipal o entre los vecinos y el delegado o delegada una vez electos. Queda abierto así un canal permanente entre el gobierno y sus ciudadanos. Los electores en sus Asambleas de Vecinos plantean sus inquietudes, el Delegado puede, como un vecino más, participar en ellas y ofrecer el punto de vista del gobierno; y a su vez en las Asambleas Municipales expresar de primera mano el sentir del pueblo al cual pertenece.

Nunca pensé que el inesperado artículo, sin tratarse de los CDR cubanos, me produjera tantos ánimos renovadores acerca de los mismos. Me provoca un poco de vergüenza que sea a través de una experiencia extranjera que me reencuentre con nuestra organización, aunque tal parece que ya no es solo nuestra. Quizá sin saberlo, una noche de septiembre de 1960, Fidel creó no una organización de alcance nacional y larga data, sino una institución universal.