La Patria también es humanidad

Por: Mario Valdés Navia

Sin dudas Martí es el más universal de los políticos cubanos, como bien afirmara Fidel. El carácter internacionalista de la revolución que preparaba la hacía “para bien de América y del mundo”, pues intentaba fundar a tiempo unas Antillas libres y fuertes que pudieran detener el expansionismo norteamericano hacia el Sur. Con esto no solo se salvaría la independencia de la Madre América sino que se garantizaría el equilibrio del mundo al evitarse una conflagración entre las potencias mundiales en este entorno nuestro.

No obstante la visión cosmopolita de Martí ha hecho creer a algunos que se puede aplicar/utilizar/manipular su pensamiento con fines propagandísticos a partir de frases aisladas y esto lleva casi siempre a grandes equívocos como el que ocurre con el apotegma “Patria es humanidad”, el cual, por obra y gracia del corte y pega, se usa muchas veces para decir lo contrario de lo que el Apóstol expresó.

Sucedía que en el contexto de aguda lucha de ideas que se vivía en vísperas del estallido revolucionario del 24 de febrero, una de las armas favoritas de los colonialistas era contraponer la ideología mambisa con otras corrientes del pensamiento revolucionario de la época, como las anarquistas y socialistas, quienes encontraban obsoleto el desgastarse en guerras por la independencia de una nación cuando parecía que ya había llegado la hora de lanzarse a la revolución mundial para liberar a toda la humanidad oprimida, lucha que tendría como escenario principal a Europa y los Estados Unidos. Es a esta idea antinacional a la que Martí se contrapone cuando afirma:

Cada cual se ha de poner, en la obra del mundo, a lo que tiene más cerca, no porque lo suyo sea, por ser suyo, superior a lo ajeno, y más fino o virtuoso, sino porque el influjo del hombre se ejerce mejor, y más naturalmente, en aquello que conoce, y de dónde le viene inmediata pena o gusto: y ese repartimiento de la labor humana, y no más, es el verdadero e inexpugnable concepto de la patria. Levantando a la vez las partes todas, mejor, y al fin, quedará en alto todo: y no es manera de alzar el conjunto el negarse a ir alzando una de las partes. Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca, y en que nos tocó nacer;‑y ni se ha de permitir que con el engaño del santo nombre se defienda a monarquías inútiles, religiones ventrudas o políticas descaradas y hambronas, ni porque a estos pecados se dé a menudo el nombre de patria, ha de negarse el hombre a cumplir su deber de humanidad, en la porción de ella que tiene más cerca. Esto es luz, y del sol no se sale. Patria es eso.[1]

He copiado aquí el párrafo in extenso para que pueda apreciarse el razonamiento del apóstol en su totalidad. Incluso algunos han tratado de mostrar la citada expresión aislada como el concepto de patria más acabado de Martí; como si este no se considerara un ciudadano de América y del mundo desde su temprana juventud dada sus reconocidas militancias masónica y bolivariana.

La prédica martiana pudo más que las doctrinas europeas y muchos anarquistas (Enrique Roig, acuerdos del Congreso Obrero de 1892) y socialistas (Carlos Baliño, Diego Tejera, Fermín Valdés) se incorporaron a la Guerra Necesaria entre los primeros, pues asumieron que de lo que se trata no es de diluir la patria en toda la humanidad, sino de comprender y asumir que lo que hagamos por el bien de la patria es una contribución al avance de toda la humanidad en la porción de ella donde nos ha tocado vivir.

[1] Sección “En Casa”, “La Revista Literaria Dominicense”, Patria, 26 de enero de 1895. OC, T5, p.468.