SOS demográfico

Por: Alina B. López Hernández

Durante mucho tiempo, los políticos y medios de difusión en Cuba presumieron ante la constante disminución de la tasa de natalidad, éramos únicos en América Latina y parecíamos más cercanos en ese campo a las naciones desarrolladas, nos decían.

Por suerte, desde hace varios años comenzaron a escuchar a los académicos y especialistas en demografía que mostraban las luces rojas de la alarma: no teníamos nada de que enorgullecernos, todo lo contrario, para el 2025 Cuba será el país más envejecido de América Latina. Su población refleja un irreversible proceso de envejecimiento, causado fundamentalmente por el acentuado y prolongado descenso de la fecundidad, lo que se vincula con el desarrollo económico y social del país.

El interesante trabajo “Las tendencias de la población cubana y la situación económica y social actual”, de un colectivo de autores encabezado por Aida Rodríguez Cabrera, muestra gran preocupación por el tema de la migración, pues, como bien explican, esa variable demográfica es poco considerada en el sector de la salud, que prioriza los análisis demográficos enfocándose en las variables mortalidad y fecundidad.

El proceso migratorio en Cuba ha desempeñado un rol determinante en el crecimiento demográfico, pero  hace varias décadas tal proceso evidencia una tasa negativa, con un valor cercano a 3,3 por mil habitantes, es decir hay más emigración que inmigración. En los años noventa del pasado siglo aumentaron peligrosamente los niveles migratorios, con nuevas características según explican los autores del citado trabajo:

La migración es fundamentalmente joven, con una tendencia a la feminización en todas sus formas de migración, con excepción de los abandonos durante misiones de trabajo en el extranjero en las cuales hay predominio del sexo masculino. Son más frecuentes los blancos, aunque en algunos destinos (fuera de los Estados Unidos) los mestizos y negros se han incrementado. En lo relativo al nivel de escolaridad, predominan los niveles medio y medio superior. En el caso de las salidas ilegales, los niveles de escolaridad son inferiores en comparación con aquellos que participan en las otras formas y vías de emigración.

De acuerdo a los especialistas “El país nunca llegará a 12 millones de habitantes, por lo que existe la posibilidad de haber alcanzado ya el tamaño máximo de población”.

Dada la disminución de la población cubana, ¿es correcto hablar de presión demográfica en Cuba? La respuesta debiera ser negativa, pues la presión demográfica relaciona el número de habitantes con los recursos y el territorio disponibles para la vida, y la lógica más elemental presupone que siendo cada vez menos deberíamos disponer de mayor cantidad de recursos.  Sin embargo, antes de apresurarnos a negar, sería prudente atender a las tesis del materialismo cultural, una estrategia de investigación que sostiene que la tarea principal de la antropología es dar explicaciones causales a las diferencias y semejanzas entre los grupos humanos en el pensamiento y la conducta. Para los defensores del materialismo cultural, las causas más probables de la variación, en los aspectos mentales o espirituales de la vida humana, son las variaciones de los imperativos materiales, que afectan la manera en que la gente se enfrenta a los problemas de satisfacer necesidades básicas en un hábitat concreto.

Según esa concepción, la presión demográfica no depende solo del tamaño demográfico, ni estrictamente del territorio que se ocupa, sino de la relación entre el tamaño y los recursos disponibles en un territorio. De acuerdo a esto, no solo pueden sufrir presión demográfica las poblaciones que crecen en tamaño (caso de China), sino aquellas que no crecen, incluso pueden decrecer, pero que ven disminuir sostenidamente sus recursos o su nivel de vida, como es el caso de Cuba.

Lo preocupante es que las estrategias asumidas en la Isla intentan influir sobre la variable natalidad (atención a la infertilidad, pues una de cada cinco parejas no logra concebir sin ayuda; restricciones al aborto, sin que ello implique su prohibición);  pero no parece haber demasiado éxito en la declarada intención de mejorar los niveles de vida de la población, y el proceso de reformas conocido como “actualización de la economía cubana” padece una insoportable lentitud.

El despegue económico de China permitió que las medidas de control de la reproducción que aplicaran por décadas -prohibición legal de un segundo hijo-, fueran eliminadas, así su población crece nuevamente en proporción directa al crecimiento de su economía.

Nuestros decisores, tan preocupados por el aumento de la natalidad, deberían tomar nota de ello, pues la constante sangría que significa la migración de jóvenes en edad fértil, mujeres en muchos casos, tornará crítica la ya preocupante situación demográfica. Y pueden estar seguros de que mientras los cubanos no mejoren sus depreciados niveles de vida, empezando por un salario que permita el sustento de las familias, no deben esperar una disminución de la migración –que aun sin Ley de ajuste sigue in crescendo y se dirige a otros muchos países- y tampoco un aumento de la natalidad.

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