Mañana en el firmamento

Por Jesús López Martínez

El pasado martes tuve la oportunidad de participar  en el acto realizado en el centro de entrenamiento de alto rendimiento Cerro Pelado, donde el profesor Raúl Trujillo, entrenador del equipo nacional de Lucha Greco, recibió la categoría especial de Profesor Invitado otorgada por la Universidad de Matanzas.

Dicha condición se le otorgó al profesor Trujillo por sus vínculos con esta universidad de la que fue estudiante de pregrado y de postgrado y ha mantenido una relación sistemática con el claustro de profesores que en algunos casos fueron sus alumnos cuando trabajaba en la EIDE matancera.

En dicho acto también fueron recordados los jóvenes que asaltaron el Palacio Presidencial y la emisora Radio Reloj el 13 de marzo de 1957 y donde muchos ofrendaron sus vidas por la Cuba que tenemos hoy, porque jóvenes como los que estudian en ese centro no tengan que enfrentar a tiranos y explotadores.

Actos de este tipo siempre son emocionantes, pues se reconocen a personas que han dedicado una vida a la educación de las nuevas generaciones. Muy emocionado el profesor Trujillo,  al dirigirse a los presentes dijo que “tenía más emoción que palabras”, también fue impactante que al recibir  el certificado que  lo acredita como Profesor Invitado, los atletas de los equipos de lucha en pleno acudieron a abrazarlo, así como otros compañeros presentes.

Pero el acto del Cerro Pelado tuvo una característica muy peculiar. Allí estaban muchas, muchas estrellas que nos han hecho saltar de alegría, que nos han hecho sentirnos orgullosos de ser cubanos en múltiples ocasiones. A Mijail, Driulis, Sibelis, Milián, Asley, Idalis, muchos otros y a los más jóvenes,  estamos acostumbrados a verlos por TV y que más allá de su méritos deportivos uno a veces se pregunta, cómo será una persona con tanta gloria  y con tanta fama.

Pero la respuesta es que son como el resto del pueblo cubano: humildes, sencillos, como diría cualquier joven, no se creen cosas ¡y eso los hace más grandes todavía!

Felicidades al profesor Trujillo y gracias a todos los atletas, profesores y trabajadores del Cerro Pelado por habernos permitido pasar una mañana en el firmamento, pero sintiendo a las estrellas tan cerca y tan nuestras.

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