¿Qué nos dejó la URSS: estalinismo o brezhnevismo?

Bandera soviética ondea en restaurante Nazdarovie en la Habana. © AFP 2018/ YAMIL LAGE

Por: Mario Valdés Navia

Aunque Stalin ha pasado a la historia como una especie de Señor Oscuro del Socialismo, no todos los males del modelo soviético pueden achacársele. Lo cierto es que durante su largo mandato (1924-1953) la URSS vivió el milagro económico más grande que se haya visto jamás, al convertirse de país atrasado y secundario a nivel europeo, en la segunda potencia económica mundial, con independencia de la falta de legitimidad -y humanidad- de muchos de los métodos empleados para lograrlo. Ningún otro gobernante soviético tuvo tales éxitos y, en cambio, ni superaron radicalmente los errores del estalinismo, ni dejaron de añadirle otros nuevos al devenir del llamado Socialismo Real.

Al triunfar la Revolución Cubana, el sucesor de Stalin, Nikita Kruschov, ejecutaba la etapa conocida por El Deshielo (1955-1964), un proceso tímido y parcial de desestalinización de la sociedad soviética y del campo socialista, iniciado con su famoso Informe Especial –realmente nunca fue secreto- al XX Congreso del PCUS (25-2-1956). Su mandato estuvo salpicado por los arranques y timonazos del líder en política interna y externa, que condujeron a su sustitución tras un golpe de estado palaciego mientras se encontraba de vacaciones. De este modo se le abrieron las puertas al poder máximo a Leonid Brezhnev, quien condujo a la URSS durante casi veinte años (1964-1982), época en que se fortaleció la relación cubano-soviética, sobre todo a partir de 1971.

Eduard Pesov/RIA Novosti

Si los males del estalinismo se asocian a la muerte de millones de personas por asesinatos, hambrunas y trabajos forzados, es imposible identificar a la experiencia de la Revolución Cubana con tales desmanes. Sin embargo, de la era Brehznev es bastante lo que se ha heredado y mantenido hasta los días de hoy. Uno de estos elementos es el de priorizar el desarrollo por métodos extensivos (extensionismo), en detrimento de los intensivos.

Prueba de ello fueron, en los años 70, las campañas masivas de desmonte  para extender las tierras de labranza y pastoreo más allá de las posibilidades reales de las granjas estatales, que trajeron consigo la proliferación del marabú y el aroma en los campos desatendidos. Aún puede apreciarse el afán extensionista en las costosas e interminables inversiones por hacer un trasvase este-oeste en Holguín a fin de hacer fértiles tierras áridas, mientras las mejores del país siguen improductivas o poco explotadas.

En este aspecto quizás lo peor haya sido la adopción extensiva de maquinarias altamente derrochadoras de combustible, pues este llegaba a raudales y barato de la URSS en momentos en que el mundo pasaba a aplicar tecnologías ahorradoras para superar la crisis mundial del petróleo de los 70 que apenas conocimos en Cuba.

Otro aspecto del brezhnevismo que se aplatanó fue el del triunfalismo, que allá alcanzara el cenit con la nueva Constitución de la URSS (1977) donde se decretaba la llegada a la “sociedad socialista desarrollada [como] paso natural, lógico en el camino hacia el comunismo”. Esto se hacía cuando ya era evidente, dentro y fuera del país, el creciente estancamiento de la economía y la sociedad soviéticas. En Cuba, las declaraciones triunfalistas en lo económico se sucedían sin cesar con el expediente de tomar hechos aislados para fundamentar supuestos éxitos que no lo eran.

De la era Brehznev es bastante lo que se ha heredado y mantenido hasta los días de hoy

Así, el esfuerzo por alcanzar una Zafra de Diez Millones de toneladas (1969-1970) se presentaba como la puerta al desarrollo industrial del país; el vuelo de un cosmonauta cubano (1980) en una nave soviética ponía a Cuba como pionera de la investigación espacial en Latinoamérica, mientras que el record Guinness de la vaca Ubre Blanca en la producción de leche (1982) nos hacía ver como una potencia mundial en la ganadería. Todas eran quimeras sin fundamento real.

Pero lo más terrible de la influencia brezhneviana fue la creciente burocratización del país, inspirada en la copia de los sistemas de organización estatal y partidista de la época en la URSS, que llenaron las plantillas de cargos y responsabilidades similares en ambas instituciones, mientras descendían los niveles de personas ocupadas en la esfera productiva, sobre todo en la agricultura. Aún se sienten esas influencias perniciosas que es imprescindible atajar y transformar en pos de un socialismo más moderno y cubano.

Stalin pudo ser el Voldemort del Socialismo en el siglo XX pero no influyó tanto en Cuba como su homólogo Brezhnev. Al final el triunfalismo, la economía extensiva y la burocratización, han perdurado en el tiempo más que la ayuda soviética.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com