Transparencia

Por: Osmany Sánchez

Con total desparpajo una muchacha le cuenta a un grupo que a una amiga le van a comprar la plaza en el preuniversitario por cuarenta dólares. La escena no fue en la sala de la casa – lo que no cambiaría nada- sino rodeada de personas esperando un ómnibus. Lamentablemente no es un caso aislado. Se ven casos parecidos para hacer una cesárea o para una plaza en un círculo infantil.

No es el sistema, sino personas inescrupulosas que se aprovechan de él. Delinquiendo unos, permitiendo otros.

No podemos conformarnos a ver estas cosas con normalidad, porque no puede ser normal. Una nueva clase se va creando. Aunque duela admitirlo es una verdad tan grande como una casa y sus tentáculos corruptores se esparcen por la sociedad. A veces sus efectos son tan sutiles que cuesta darse cuenta, otras son más evidente.

¿Quiénes son los niños que se sientan en los mejores puestos en el aula? ¿A qué niño les toca siempre los personajes principales en las obras de la escuela? ¿A quiénes la maestra mima y le tolera todo? Ahí está la respuesta y lo peor de todo es cuando un niño de apenas 5 ó 6 años se percata de esas cosas y las dice.

No soy psicólogo, pero no dudo de que esas cosas influyan en su formación.

Una acotación. No hablo de las personas honestas que con su trabajo elevan su poder adquisitivo y su nivel de vida sino de los que roban al Estado y se aprovechan de las necesidades del pueblo para acaparar, subir precios y especular. Los que piensan que todo tiene un precio y se lanzan a comprarlo sin medir las consecuencias.

A veces los repasadores son los mismos maestros. Conozco el caso de una maestra que en medio de una reunión de padres se paró y dijo que ella estaba preocupada por la situación de los estudiantes porque: “hasta los que repasan conmigo salieron mal

No hay que ser muy inteligente para llegar a la conclusión que las clases en el aula son de a kilo y que para recibir las de a peso, hay que pagar. No me opongo a que los maestros sean repasadores, si sacan su licencia para esa actividad, pero una de las condiciones que le pondría sería que está prohibido repasar a sus propios alumnos.

El tema es repudiable desde todo punto de vista, pero yo quiero analizarlo como padre. En el afán de facilitarles la vida, a veces los perjudicamos. Los niños que se adaptan a pasar de grado por las “ayudas” de los padres a los maestros, al final fracasarán en la vida.

Los corruptos y los corruptibles aprovechan todos los espacios que les dan. Su gran enemigo es la transparencia. Aprovechemos que nos estamos convirtiendo en una sociedad informatizada y permitamos que el pueblo se convierta en un fiscalizador de los recursos destinados a él.

¿Cuántas plazas tiene el Preuniversitario? ¿Cuántas plazas tiene cada escuela? ¿Quiénes son los estudiantes que adquirieron las plazas? Mientras más transparencia, menos espacio para los corruptos.

Para contactar con el autor: jimmy@umcc.cu