El peso cubano cumple 104 años

Por: Mario Valdés Navia

Aunque mustio y rebajado a la condición de bala de salva frente a su pariente el peso cubano convertible (CUC) –considerado una poderosa bala trazadora– la verdadera y única moneda nacional cubana sigue siendo el querido y popular peso que este año llegará a su cumpleaños 104. Surgido de la sapiencia reconocida del espirituano Leopoldo Cancio Luna –quien fuera uno de los economistas más brillantes de su tiempo, catedrático de Economía Política y Hacienda Pública de la Universidad de la Habana, secretario de hacienda en el primer gobierno interventor (1900-1902) y luego en el de Mario García Menocal (1913-1920) –, el peso cubano llegó a valer tanto o más que el dólar en varios momentos de su ya larga vida.

Fue el 17 de septiembre de 1914 cuando el senador conservador por Oriente, Francisco Coronado, presentó un proyecto de ley, elaborado por Cancio, para autorizar la acuñación de la moneda nacional (MN), que habría de ser de igual valor a la de los EEUU. En un período no mayor de tres años se recogería la moneda extranjera de la circulación interna. El 29 de octubre fue aprobada la Ley de la Moneda Cubana, sobre la base del patrón oro y teniendo por unidad al peso. Inicialmente, el Banco Nacional, única entidad autorizada, acuñó $33,649,450.80 pesos en oro, plata y níquel. Comenzaría a regir oficialmente como moneda única el 1ro. de diciembre de 1915.

Abril de 1915 fue un mes cargado de emociones y expectativas para los cubanos, pues el día 8 llegó la primera remesa, ascendiente a 461,000.00 pesos; 300,000 de ellos en monedas de oro. El día 10, un flamante Dr. Cancio, padre del proyecto, firmó la autorización para su circulación universal, con una explicación para el público y fotos de las monedas. El 22 se declaró como delito rechazar la MN y se advirtió oficialmente a las entidades que podían ser procesadas por no admitirla como medio de pago. El proceso de puesta en práctica del peso concluyó en septiembre, con el decreto presidencial que prohibía la circulación de la moneda extranjera en todo el territorio nacional.

El peso se mantuvo como una moneda fuerte por mucho tiempo. Incluso tras la devaluación del dólar en los años 70 el peso cubano, liberado de la dependencia a los EEUU por la Revolución, mantuvo su alto valor histórico, por lo que las libretas de abastecimiento de alimentos y artículos industriales eran escondidas al llegar a los EEUU donde era increíble el alto poder adquisitivo que conservaba el peso. Su debacle llegó con la espiral inflacionaria del Período Especial en que cayó hasta límites de 130 por dólar y fue empezado a mirar con desprecio por sus tenedores, acostumbrados a verlo como un poderoso medio de pago.

Tras la autorización de la circulación del dólar en 1994 y el crecimiento de la oferta mercantil en divisas, quedó relegado al mercado normado, el pago de salarios y las obligaciones con el Estado, pero ya dejó de ser un medio de pago universal por lo que perdió su función básica. No obstante, aguantó a pie firme el mal tiempo y empezó a despuntar hasta llegar a ponerse a 21 por dólar en el 2002, una tasa similar a la de su primo cercano, el peso mexicano.

En el 2004, con la desdolarización, contempló estupefacto cómo su pariente raro, el CUC, antes ignorado por el mercado, adquiría categoría de única divisa autorizada, si bien como una ficha representativa del dólar más que como una moneda cubana, pues el peso nunca perdió su condición original. Un año después sería devaluado a 25 respecto a 1 CUC, y ya no se repondría más hasta hoy.

Lo que pensaría Leopoldo Cancio de la doble moneda que nos acompaña desde casi tres lustros es mejor ni imaginarlo. Que en todo este tiempo las empresas cubanas hayan fijado el valor de sus producciones en un devaluado peso y, peor aún, que los cubanos hayan cobrado sus salarios en pesos depreciados para comprar la mayor parte de su canasta básica en el sobreevaluado CUC; es un fenómeno que no cabría en la mente del recio espirituano que tanto hizo por dotar a Cuba de una MN fuerte y universalmente respetada.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

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