Otra vez nosotros: los comunistas

Por: Frank García Hernández

Acabo de leer un artículo necesario en LJC: Ser comunista en Cuba. Me nacieron otros apuntes y me parecen urgentes. Por ello decido escribir, otra vez, acerca de nosotros: los comunistas.

Primero hay que apuntar que los comunistas queremos una sociedad sin clases y sin Estado, es decir, una sociedad libre en plenitud, donde no haya ni reyes, ni burgueses, ni burócratas, sino productores -es decir, trabajadores- libres; a la cual se llegará a través de la lucha de clases.

 Se ha olvidado que la meta principal por la cual luchamos es la libertad. La dictadura del proletariado, es decir, la supresión de los derechos a los burgueses, es una etapa y no se perpetúa –que fue innecesaria en Cuba, ya que la burguesía desapareció emigrando y auto-marginándose al optar por la vía armada y no constitucional-, de lo contrario nace el riesgo, ya vivido y profetizado por Rosa Luxemburgo, de la dictadura del partido, es decir, de los burócratas.

El haber olvidado la importancia de la libertad -dentro de la justicia social-, produjo que se creyera en Moscú que se podía constituir la sociedad sin clases existiendo el Estado, algo por completo imposible, ya que el Estado siempre será la representación de una clase dominante, o como decía Lenin, la dominación de una clase sobre otra.

No son pocos quienes creen que nuestro planteo de la extinción del Estado es privativo de los anarquistas. Ellos quieren abolir el Estado, desaparecerlo de golpe y prescindir de su empleo en la revolución. Nosotros creemos que el Estado no puede desaparecer de pronto, sino que junto a las clases, a raíz de la lucha de estas, se extinguirá.

Es lógico que exista esta duda: hace años que no se ve en los programas políticos de los comunistas la convocatoria a luchar por la futura extinción del Estado. Ello no le haría gracia a ciertos personajes. Como tampoco les hace gracia que se recuerde la lucha de clases.

Pero he aquí que urge poner los puntos sobre las íes. ¿Qué produjo que se olvidara la libertad como meta en la construcción del socialismo? Fue el estalinismo y no el marxismo. Pero, ¿hay diferencia entre el estalinismo y el marxismo? Aquí hay que dejar clara la diferencia. Stalin, secretario general del partido bolchevique desde 1922 -un cargo que antes no existía, jamás Lenin fue secretario general- nunca entendió a Marx.

La prueba más fehaciente de ello lo muestra con el error de marzo de 1917. Durante la Revolución de Febrero, un mes antes de la llegada de Lenin a Rusia, Stalin convocaba no solo a apoyar al Gobierno Provisional, sino a continuar la guerra con Alemania, es decir, por qué la crítica tan aguda de Lenin a los socialdemócratas alemanes que votaron en el parlamento a favor de los créditos de la guerra, y por qué en consecuencia, los bolcheviques rusos habían dejado de ser socialdemócratas y pasado a ser comunistas.

Stalin nunca entendió que el marxismo es en esencia internacionalista o no es marxismo. De ahí, el otro gran error de Stalin y que esta vez no habrá un Lenin que escriba las Tesis de Abril: después de asumir el poder traerá consigo la teoría de la construcción del socialismo en un solo país y en consecuencia, el gran chovinismo ruso. El no entender el marxismo, provocó no entender a Lenin. Así nació el errado concepto de marxismo-leninismo, al que Fernando Martínez Heredia consideraba como reformista y que nunca fue un instrumento de emancipación de la clase obrera sino de legitimación del Estado soviético.

El fracaso del Estado soviético y las burocracias de Europa del Este está, precisamente, en hacer ver al marxismo como un instrumento de dominación política y no de emancipación. Fracasaron en ello porque el marxismo no se acondiciona, nunca se acondicionó a sus intereses y para ello construyeron una entelequia que, por desgracia, pretendieron hacer ver como “el marxismo,” como si existiera un solo marxismo.

Aquel modelo de socialismo debía fallecer –y desapareció- para poder ser superado. Pura dialéctica materialista. Y no hay de qué extrañarse, eran hombres y mujeres de un pensamiento no liberado, muy acondicionado por su tiempo y más reproductor de los paradigmas burgueses que creador de nuevos y revolucionarios modelos.

Lo absurdo es que algunos comunistas aun hoy, incluso ciertos cubanos, quieran seguir creyendo que la crítica al estalinismo, incluso el empleo de este término, daña la imagen del socialismo cuando el daño fue causado por Stalin y sus continuadores. No existe hoy un motivo por el cual vindicarlo, ni a él, ni a Pol Pot, ni a Joaquín Ordoqui.

Nosotros, los comunistas que hemos nacido con esa historia detrás de nosotros, antes de lamentarnos por ella, avergonzarnos u ocultarla debemos mostrarla, estudiarla, explicar por qué estos no fueron comunistas, que no entendieron ni a Marx ni a Lenin, que solo querían detentar el poder, o en el mejor de los casos, construir el socialismo, pero con las muy melladas armas del capitalismo.

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